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Carne y arena, que exhibe en Cannes, es su primer trabajo hecho en ese formato

La realidad virtual es todo lo que el cine no es: González Iñárritu

Es una experiencia sensorial más que narrativa; en seis minutos y medio dice más que una película de dos horas, asegura el director mexicano

Introduce al espectador en la situación de los migrantes nacionales

Foto
Dustin Hoffman durante la presentación de la película The Meyerowitz Stories (New and Selected), en el encuentro de la costa azul francesaFoto Afp
Especial
Periódico La Jornada
Lunes 22 de mayo de 2017, p. a13

Cannes.

A 20 kilómetros del Palais des Festivals, lejos de la algarabía de los paparazzi y de los cazadores de autógrafos que circulan por la Croisette, el director mexicano Alejandro González Iñárritu da voz y vida a quienes no la tienen, sólo en los noticiarios y en las estadísticas, en su primer trabajo de realidad virtual, de seis minutos y medio, que exhibe en Cannes.

Con el título Carne y arena, el infierno virtual, muestra las dramáticas condiciones del migrante de su país. Junto a un enorme muro de metal, un pedazo del real, que se alza en la frontera entre México y Estados Unidos, hay una puerta de hierro que conduce a un cuarto frío. En el suelo hay montones de zapatos destrozados. Son los de los migrantes, especialmente de mujeres y niños muertos en el desierto, explica el realizador.

En la presentación, el espectador fue conminado a descalzarse en la antesala. La experiencia, catártica y conmovedora, duró seis minutos y medio, fue filmada por Emmanuel Lubezki.

En el gran estudio-set, se camina solo y descalzo sobre arena, con una mochila en la espalda y un casco virtual. De pronto, se está en el desierto mexicano; en el cielo irrumpe un helicóptero atronador, con el faro apuntando sin piedad. Al lado: una señora gime de dolor y se desmaya, una pareja con un niño, gente desesperada corriendo. Tiene terror y se abraza. Llegan dos todoterrenos, descienden los policías y apuntan con un fusil. Un joven, con esposas, está sobre la arena y un arma le apunta a la cabeza, cuenta obligado su historia, como todos los otros. No es como verlos en la pantalla grande, se está allí, de pie, literalmente sufriendo con ellos.

La película está auspiciada por la Fundación Prada, que la expondrá en Milán desde el próximo junio. Si se llega a recuperar dinero de esto, será para una fundación de migrantes, señala el cineasta.

–¿Por qué ha recurrido a la realidad virtual para plasmar una realidad tan dura?

–La realidad ha dejado de ser relevante. Es muy complejo recurrir a la tecnología para hablar de algo tan horrible. Creo que estamos insensibilizados ante la cantidad de noticias y estadísticas que se pierden dentro de tanta información... este viaje nació hace cinco años, pero la tecnología aún no estaba lista para hacerlo. Así que empujamos para llegar hasta lo que tenemos. No es perfecta, pero suficiente para explorar esta posibilidad. Me gustó la idea de que el espectador camine en la arena y entre las plantas y los cactos para brindar esa experiencia tan sensorial. Aunque haya explorado el tema de la migración en otras películas, esto es muy diferente porque no es cine. Es una experiencia, más que una narrativa. Este fragmento dice más que una película de dos horas.

–¿Lo ve como el futuro del cine?

–Para nada. El cine seguirá siendo lo que es. La realidad virtual es todo lo que el cine no es. No es una extensión suya ni una herramienta de promoción. Es el nacimiento de un medio absolutamente distinto. Quizás el octavo arte, pero tiene sus propias reglas. El lenguaje cinematográfico no aplica aquí. La definición de cine para mí es el encuadre, la longitud de una escena y la yuxtaposición de tiempo y espacio a través de la edición. Nada de eso es este nuevo medio, cuyas posibilidades son infinitas, pero te demanda. A mí como director me llevó a comenzar desde cero. Tuve que aprender todo. Fue un proceso muy liberador, sin preconcepciones ni prejuicios.

Documentado en algo real

–¿Las historias de estos migrantes que vemos son reales?

–Son basadas en entrevistas que hice con estas personas y en sus experiencias. Las invité a hacer un taller teatral y ensayamos. Luego filmamos en el desierto de California para que encontraran contextos físicos parecidos. Está documentado en algo real.

El realizador comenta que hay ideas para un nuevo proyecto. “Ya estamos desarrollando algunas ideas. Me va a ser muy difícil volver a la pantalla normal. La gente va a ser menos inocente. Para las nuevas generaciones, con esto ya no hay vuelta atrás.

Sobre el tema de los migrantes, considera: “No son una amenaza, son una oportunidad. Son muy subversivos, porque revelan lo que esta fracturado del sistema capitalista. Creo que estas personas se han perdido, se han diluido literalmente en el agua y en la arena. Por eso el subtítulo Visualmente presentes, físicamente invisibles, porque nadie las ve.

Sobre la reacción del público, el realizador señala: Nadie ha reaccionado igual. Me sorprende la diferencia entre los hombres y las mujeres. Ellas son mucho más receptivas y protectoras hacia el migrante. Ellos son más objetivos y distantes... hay gente que ha salido emocionalmente destrozada. Esto dice mucho de quién eres tú en una situación extrema.