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La banda Tex Tex y la sinfónica Amadeus armaron un ensamble para tocar las clásicas rolas

Iztapalapa se rindió al recuerdo de Lalo Tex en un emotivo homenaje

En una atmósfera de sonrisas, silencios y nervios, también subieron al escenario Interpuesto y Nina Galindo

En enero próximo se cumplirá un año de la muerte de El Muñeco Mayor

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La calle 309, el domingo pasado, antes del tributo al Muñecote
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Los asistentes demostraron cariño y admiración por Lalo TexFoto Chelico
 
Periódico La Jornada
Martes 6 de diciembre de 2016, p. a10

Era una mañana dominical. La calle 309 estaba sola y el sol alumbraba apenas la acera poniente, donde se ubica la Casa Tex. El zaguán permanecía abierto para facilitar la salida de estuches con guitarras, cajones con amplificadores y maletas con cables. Era el equipo que la banda Tex Tex llevó al Centro Cultural Iztapalapa, donde se rindió homenaje a Lalo Tex, El Muñeco Mayor, quien falleció la madrugada del 18 de enero de este año.

Llegar al espacio del concierto fue sencillo. El conductor sabía la ruta, pues un día antes, Muñecos y compañía asistieron al ensayo general con la Orquesta Sinfónica Amadeus.

El domingo pasado, el ambiente no fue el de una tocada más. Había algo difícil de describir; era una mezcla de silencios, sonrisas, nervios y armonía. Bajo esta atmósfera se realizó la prueba de sonido de las bandas participantes. Todo quedó listo para empezar el concierto bautizado como Homenaje OFICIAL al Muñeco.

En el camerino asignado para los creadores de Dulce soledad, esperaban pacientes Chucho, Lalito, Donovan, Ricardo Ochoa, Felipe Rojo, David Santillán, Juan Hernández, Arturo Labastida, el Gato Rockabilly y Rodolfo León. También estaban la señora Concepción Sánchez y el señor Norberto Mújica, padres de Everardo, el extrañado Lalo Tex. Su esposa Fanny y Mario, el menor de sus hijos, también se encontraban ahí.

Alrededor de las 13 horas, Interpuesto lanzó los primeros acordes con dedicatoria, por supuesto, al autor de El toque mágico. Al terminar la actuación del ahora sexteto de Cuautitlán Izcalli, Nina Galindo subió al escenario y de entrada dedicó unas palabras a Lalo; luego, en la lista de canciones incluyó Algo de suerte, de Rockdrigo González: Entonces pienso que he corrido con algo de suerte/ en estas páginas dibujadas por la muerte. La audiencia guardó silencio, pero al terminar la rola los aplausos fueron ensordecedores.

Atriles e instrumentos listos

La orquesta sinfónica acomodó atriles e instrumentos en el escenario, igual hicieron los Tex. Chucho y Lalito al frente, acompañados, al principio por la alineación usual, León en la primera guitarra y Donovan en la batería. Abrieron con Última vez; la segunda rola fue Boogie de la frontera, cantada por Lalito.

Cuerdas, alientos, percusiones, partituras acompañaron tres rolas más: Niebla, Ahora que no vives conmigo y Te vas a acordar de mí. Al terminar esta canción, alguien organizó espontáneamente el cántico: Olé, olé, olé, Lalo, Lalo. También se escuchó por ahí: Hoy Lalo no va a cantar ni a tocar su Stratocaster. Sólo vino a disfrutar.

Al terminar el ensamble con la sinfónica continuó el rock texcocano. Desfiló una quincena de canciones más y, uno a uno subieron los músicos invitados, mientras entre los asistentes siguieron las muestras de admiración y cariño, y hasta de amor, por Lalo Tex, quien dejó para sus seguidores su principal capital: humildad y talento.