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La muestra

Fuocoammare: fuego en el mar

Foto
Fotograma de la cinta que por medio de su protagonista, Samuele Pucillo, muestra la devastadora crisis que se vive en la pequeña isla italiana de Lapedusa, ante el arribo de miles de migrantes africanos
L

os ojos vendados de Occidente. En Fuocoammare: fuego en el mar, quinto trabajo del documentalista italiano Gianfranco Rosi (recuérdese su estupendo trabajo en El sicario, habitación 214, sobre un capo de la droga en México que relata en 2010 frente a la cámara sus faenas sangrientas), sorprende la estrategia narrativa del realizador que elige contraponer la experiencia devastadora de los cientos de migrantes que cada día llegan desde África a las costas de la pequeña isla de Lampedusa, al sur de Italia, y la apacible vida cotidiana de los habitantes del lugar, centrándose en las peripecias y desventuras de Samuele (Samuele Pucillo, formidable), niño de 12 años que padece una debilidad visual temporal que le dificulta su trabajo escolar y su rutinaria cacería de pájaros con resortera. 

El trabajo del documentalista Rosi se encuentra, sin embargo, muy bien calibrado. Pocas películas recientes han descrito con precisión y dramatismo semejante la penosa odisea de los migrantes africanos, narrada en voz propia, que parten de Nigeria, huyendo de la miseria y las guerras tribales, para atravesar el desierto, para llegar a Libia, donde son encarcelados y maltratados, y finalmente aventurarse al mar y llegar hasta la cercana isla de Lampedusa, con sólo 20 kilómetros cuadrados de superficie, para desde ahí alcanzar los otros países del norte europeo, sinónimo de liberación y prosperidad utópica. El realizador consigna minuciosamente el horror del rescate: cuerpos deshidratados y hambrientos, casi inconscientes; muchos de ellos con quemaduras graves por su larga exposición a una mezcla de agua y combustible en el sótano de las embarcaciones. Los que sobreviven enfrentan un futuro incierto y la temible posibilidad de ser repatriados al infierno de origen. Un total de 400 mil personas en los últimos 20 años. Según el director, la peor tragedia europea desde el Holocausto.

Y frente a ese desastre, prevalece el pesado silencio de Occidente, donde se confunden la indiferencia y la mala conciencia, y que el realizador ilustra de modo simbólico con la imagen del ojo perezoso del pequeño Samuele que prosigue su vida diaria ignorando que a unos pasos de su hogar y de su escuela muchos cadáveres de refugiados se amontonan en las playas. Combinando el registro de las imperturbables faenas domésticas de los pocos habitantes de Lampedusa, y el esfuerzo de médicos y rescatistas por aportar toda la ayuda posible, Gianfranco Rosi toma, de modo muy directo, el pulso de la vida en esa isla, microcosmos de una enorme crisis humana. Haber sabido insertar, con tal acierto, en toda esa complejidad social la sencilla y emotiva historia de Samuele es una de las virtudes mayores de la fina observación moral del cineasta. Fuocoammare: fuego en el mar conquistó este año el Oso de Oro en el Festival Internacional de Cine de Berlín.

Se exhibe en la sala 2 de la Cineteca Nacional. Funciones: 12 y 17:30 horas. 

Twitter: @Carlos.Bonfil1