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41 Festival Internacional de Cine de Toronto
Premios y conclusiones
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Zhang Ziyi, actriz e integrante del jurado del encuentro fílmico, en la alfombra roja de la película The Edge of SeventeenFoto Ap
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oronto. Como es costumbre, uno pasó de largo ante el grueso contingente de películas canadienses y no vio la ganadora del Goose Award como mejor largometraje del país anfitrión: Ceux qui font les révolutions à moitié n’ont fait que se creuser un tombeau (Aquellos que hacen la revolución a medias no hacen más que cavar su propia tumba), de los quebequenses Mathieu Denis y Simon Lavoie. El premio viene acompañado de 30 mil dólares canadienses.

Dentro de la categoría de opera prima, el City of Toronto Award fue para Old Stone (Piedra antigua), de Johnny Ma, filmada en China. En este caso, el premio en efectivo es de 15 mil dólares canadienses.

Ya en su segundo año, la sección competitiva Platform dio su premio a la popular Jackie, producción británica dirigida por el chileno Pablo Larraín (que en Venecia ya había ganado el reconocimiento a mejor guión). El jurado, conformado por los realizadores Brian De Palma y Mahamat-Saleh Haroun y la actriz Zhang Ziyi, explicó su veredicto: Nuestra decisión fue unánime. Encontramos una película que combinaba un guión extraordinario con una dirección precisa y una actuación inolvidable. Le dimos el premio por su exploración del mito del Camelot estadunidense y la actuación prominente de Natalie Portman. El ganador se lleva además veinticinco mil dólares canadienses.

Y como se predijo hace un par de días, la ganadora al premio del público Grolsch fue La La Land, del estadunidense Damien Chazelle. Para quien no alcanzó a ver el excelente musical en sus múltiples proyecciones, el festival ofreció hoy una función gratuita en el Roy Thomson Hall. En la sección Midnight Madness, el premio Grolsch fue para Free Fire (Fuego libre), del británico Ben Wheatley, que podría describirse como hora y media de balazos. Y en la categoría documental, el favorito del público fue I Am Not Your Negro, de Raoul Peck.

Esos son algunos de los premios otorgados por diferentes instancias en un festival que cada año debería ganar el premio a la mejor organización. Aunque la programación hace a veces combinaciones sádicas por las cuales las películas deseadas pasan a la misma hora, uno finalmente consigue ver el mayor porcentaje de lo planeado. Mucho mérito le pertenece al ejército de voluntarios que, con la proverbial amabilidad canadiense, pastorean a las multitudes de espectadores a fin de que entren a las atiborradas funciones en ordenadas filas, sin necesidad de hacer tumultos o dar empujones. (Cannes, por lo visto, nunca ha aprendido esa lección).

Como resumen de lo más sobresaliente del año, el TIFF es inmejorable. No faltó uno solo de los premios principales de los respectivos festivales de Berlín, Cannes, Locarno y Venecia. A eso se suman varios títulos que uno calcula estarán compitiendo por el Óscar a principios del año próximo, entre ellos La La Land y Jackie, precisamente.

El mercado cumplió su cometido y si bien las compras fueron cautelosas, sobre todo al principio del festival, aseguraron la importancia del TIFF al cimentar lo que será la exhibición mundial en los meses venideros.

Hasta el clima se portó bien y sólo un día cayó una ligera llovizna. De hecho, ya he expresado de sobra mi única queja del festival: las malditas escaleras eléctricas del complejo Scotiabank, que casi nunca funcionaron en ambas direcciones al mismo tiempo.

Twitter: @walyder