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Agradeció a quienes lo salvaron de la locura, dejándome hacer aquellas que les construí

Con sucinta cátedra, el arquitecto Manuel Larrosa recibió la Medalla Bellas Artes

Tenemos la honrosa tarea de sembrar, cultivar y cosechar la hermosa planta de la casa habitáculo; actualmente se produce hojarasca, lamentó en su discurso de aceptación

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La arquitectura es la compañera solidaria de nuestra vida, desde nuestra primera habitación hasta la tumba, puerta al infinito, expresó el galardonado en la ceremonia que se realizó ayer en la sala Adamo Boari del Palacio de Bellas ArtesFoto Guillermo Sologuren
 
Periódico La Jornada
Sábado 3 de septiembre de 2016, p. 9

Apenas 10 minutos bastaron al arquitecto Manuel Larrosa para ofrecer una cátedra sobre arquitectura. Ese fue el tiempo que empleó para su discurso de aceptación de la Medalla Bellas Artes que se le entregó ayer en una ceremonia realizada en la sala Adamo Boari del Palacio de Bellas Artes. Palabras que sirvieron también para agradecer a su esposa, Cristina Picazo, y a todos aquellos que lo salvaron de la locura, dejándome hacer aquellas (locuras) que les construí.

Larrosa (Ciudad Juárez, 1929) dijo que los arquitectos reciben la honrosa tarea de sembrar, cultivar y cosechar la hermosa planta de la casa habitáculo que tiene su raíz en los cimientos, su tallo en los muros, sus flores en las ventanas y su fruto en la luz. En vez de arquitectura actualmente se produce hojarasca por los usurpadores de esa actividad que dominan la producción de espacios para la convivencia. Estamos reunidos en torno a ese tema; es pertinente decir que no sólo la arquitectura, la vida en todas sus expresiones, están amenazadas seriamente.

La arquitectura es la compañera solidaria de nuestra vida, desde nuestra primera habitación hasta la tumba, puerta al infinito, dijo el arquitecto, autor de numerosos ensayos y artículos periodísticos sobre arquitectura, muchos de ellos en La Jornada y en el periódico unomásuno, que fueron publicados en el libro Periodismo arquitectónico, en 2007.

La escultura elimina aquello que sobra del bloque pétreo. La arquitectura esculpe y hace habitable la piedra; el arquitecto, quizá más que el médico, tiene la responsabilidad de atender y auxiliar al otro, a los otros, en todas las acciones y situaciones de la vida, no para salvarlo de una enfermedad, sino para ofrecerle la gratificación de estar siendo.

Calificó al Palacio de Bellas Artes como el mejor edificio de nuestro país, gracias al talento del arquitecto italiano Adamo Boari y del mexicano Federico Mariscal. Nació como palacio y hoy es un condominio al servicio de las artes y de la comunidad. Gracias a su magnificencia, buen proyecto y ejecución podemos disfrutar todas las manifestaciones del arte escénico; sólo la música que construye palacios suspendidos en el aire puede competir en hacer bello lo intangible, la pesada mole de este palacio tiene el vuelo de la arquitectura cuando acaricia el territorio del arte.

Don Manuel también reconoció el trabajo de la mano de obra sin la cual no hay pensamiento arquitectónico realizado. La obra de la mano del albañil, el carpintero, del herrero, es la mano que ha dado forma al mundo construido.

Recordó las palabras del poeta chileno Vicente Huidobro, quien decía: Si por lo menos no cometo una locura al año me vuelvo loco, las cuales le sirvieron para agradecer a los gobernantes, empresarios y personas generosas haberme preservado de la locura dejándome hacer aquellas que les construí; compartió la medalla con sus maestros y con la hermosa gente que al encomendarme durante 60 años tareas de arquitecto se arriesgaron con ello a la aventura por lo desconocido.

La titular del INBA, María Cristina García Cepeda, señaló que la medalla “es un reconocimiento al talento, la trayectoria y el legado a la cultura de nuestro país de un humanista comprometido con la creación, el estudio, la valoración y difusión del patrimonio artístico: nuestro homenajeado el arquitecto Manuel Larrosa.

“Sus reflexiones acerca de las problemáticas y alcances del arte han sido una constante en las variadas facetas de su ejercicio profesional, en sus proyectos arquitectónicos y urbanísticos, en su vasta literatura periodística –recordemos que él tuvo una presencia muy importante en los periódicos–, y en su actividad editorial y docente”. 

Antes de la entrega de la medalla y del discurso del homenajeado se realizó una mesa de análisis de su obra, en la que participaron los arquitectos Juan Ignacio del Cueto y Carlos González Lobo, con la moderación de la directora de Arquitectura y Conservación del Patrimonio Artístico Inmueble del INBA, Dolores Martínez. Ahí se destacó el trabajo de don Manuel en la construcción de edificios, condominios, la Capilla Abierta en Morelos, entre otros, pero sobre todo, recordaron su iniciativa del museo dinámico, que permitió a artistas de la época exponer su trabajo plástico o realizar obras de teatro en casas que el arquitecto acababa de construir y antes de ser ocupadas pedía permiso a sus dueños para convertirlos en espacios de celebración de la cultura.