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Penultimátum

Grandes crímenes

E

s uno de los episodios más vergonzosos del expansionismo colonial japonés en Asia desde inicios del siglo pasado hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial. Enfrió sus relaciones con Corea del Sur durante décadas. Unas 200 mil mujeres (muchas de ellas menores y en su mayoría coreanas) fueron convertidas en esclavas sexuales en los burdeles establecidos por el ejército japonés.

Recientemente ambos países llegaron al fin a un acuerdo para cerrar lo más posible ese lamentable hecho. Japón pagará como compensación a las 46 supervivientes que todavía quedan de esos abusos, 9 millones de dólares que gestionará el gobierno coreano. Una de las esclavas sexuales fue Kimiko Kaneda, quien murió en 2005 a la edad de 83 años. Su terrible historia se puede ver en un video en el museo digital del Fondo de Mujeres Asiáticas.

Este asunto ha herido profundamente el honor y la dignidad de muchas mujeres (...), nuestro gobierno se siente sumamente responsable de ello y expresa disculpas y arrepentimiento, dijo el primer ministro japonés, Shinzo Abe.

En cambio Japón todavía no ofrece disculpa por el brutal programa de experimentación científica que realizó en China entre 1937 y 1945. Lo llevó a cabo el Escuadrón 731 dirigido por un personaje siniestro: Shiro Ishii. El ejército japonés utilizó a la población civil para probar armas biológicas superdesarrolladas y diversas pruebas médicas. Murieron unas 200 mil personas. Es uno de los más terribles crímenes de guerra en la historia de Japón.

El escuadrón y sus instalaciones estaban camufladas y ocultas en las regiones norteñas de China. Los civiles eran encerrados en numerosas fosas comunes infectadas de cólera, parásitos, peste bubónica, tuberculosis y fiebre tifoidea, entre otros males, para observar cómo evolucionaban en el cuerpo humano. Los distintos patógenos también se liberaban en las ciudades con las mismas finalidades.

Algunas de las víctimas eran obligadas a experimentar temperaturas mínimas para determinar así cuál era el mejor método de congelamiento; se probaron distintos tipos de gases venenosos; se colocaba a los prisioneros en cámaras de presión hasta que sus ojos salieran volando. Otros eran disecados en vida. Aunque Japón reconoció en parte los experimientos, para tenerlo como aliado durante la guerra fría el gobierno de Estados Unidos ayudó a esconder la información existente.

El domingo próximo se cumplen 101 años del inicio del genocidio armenio cometido por Turquía. Ésta sigue negándolo. Murieron más de un millón de personas y miles tuvieron que dejar su tierra natal. Si no prevalecen los intereses político-económicos, el parlamento alemán se apresta a reconocer ese genocidio como uno de los grandes crímenes del siglo XX.