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Del Vaticano a la Moctezuma

Desde hace 15 años, Miguel Macías copia la magna obra en un templo de la Venustiano Carranza

Incansable, reproduce la bóveda de la Capilla Sixtina en su colonia

Sin apoyo, sólo con la bendición y palmaditas de Norberto Rivera, la pintura, que tiene las mismas proporciones que la famosa obra del renacentista, lleva un avance de 80%

Me conformo con saber que quedará en mi iglesia, que la verán generaciones futuras, expresa el tenaz artista

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Miguel Ángel se tardó cuatro años en pintar la suya en el Vaticano, pero tuvo muchos ayudantes, reconoce don Miguel Macías, quien trabaja con dos jóvenes que acuden por amor al arteFoto Mónica Mateos-Vega
 
Periódico La Jornada
Viernes 22 de enero de 2016, p. 2

Sin apoyos ni recursos económicos oficiales, apenas con la bendición de la Iglesia católica y un par de ocasionales palmaditas en el hombro del arzobispo primado Norberto Rivera Carrera, don Miguel Francisco Macías ha trabajado durante casi 15 años en reproducir en la bóveda del templo de su colonia, en la ciudad de México, la famosa pintura de Miguel Ángel que decora la Capilla Sixtina del Vaticano.

La obra lleva un avance de 80 por ciento e impresiona a quienes acuden a la parroquia del Perpetuo Socorro, pues está a una altura de 10 metros, a diferencia de la original, que está a 20 metros, aquí se ve más cerquita y se aprecian mejor los detalles, explica con orgullo Macías, jubilado del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS).

Una serie de eventos fortuitos llevó al ahora pintor a realizar la que será, no lo duda, la gran obra de su vida.

En entrevista con La Jornada, don Miguel, de 71 años, cuenta que en 2000 un compañero de trabajo, de profesión arquitecto, le pidió que lo acompañara a un viaje a Europa para celebrar la jubilación de ambos, pero Macías no contaba con el dinero necesario. El hijo del amigo lo animó al proponerle pagar la mitad de sus gastos con tal de que acompañara a su padre. Además, al contratar los paseos, la agencia de viajes hizo una rifa y ellos fueron los afortunados en ganar días extras en el viejo continente, con todo pagado.

Así fue como la suerte, o los designios del Señor, llevaron a don Miguel a Italia. Todavía se le pone la piel chinita cuando narra el momento en el que, luego de una tumultuosa fila de varios minutos, pudo por fin ingresar a la Capilla Sixtina, levantar la vista y mirar el esplendor de una de las obras más importantes del arte universal.

Ahí mismo notó que la cúpula era similar a la de la iglesia de su barrio; caminó unos pasos de aquí para allá, abriéndose paso entre los turistas, y comprobó que las medidas eran casi las mismas. Nadie pudo apartarlo ya de la idea de reproducir las pinturas de Miguel Ángel en su parroquia de la colonia Moctezuma.

¡No sabía en la que me metía!, confiesa ahora Macías, quien estudió la carrera de diseño gráfico, pero jamás ha tomado un curso o taller de pintura. Convenció al párroco de permitirle realizar su proyecto y un par de amigos arquitectos se sumaron a su entusiasmo; fueron quienes le ayudaron a sacar las proporciones de la bóveda.

Don Miguel decidió pintar con acrílico en lienzos de 15 por tres metros, y luego irlos pegando en el techo, pues pintar todo el tiempo directamente, acostado, subido en andamios, era imposible.

El dinero necesario lo ha juntado con la cooperación de los vecinos y fieles de la iglesia, y por supuesto con recursos de su bolsillo, lo cual le ha acarreado no pocos problemas con su esposa, quien a veces le reclama esa devoción a su pintura.

Dice que no lleva cuenta de cuánto ha invertido, ni cuántos lienzos, litros de pintura, pinceles, libros y pegamento ha comprado, pues de lo contrario me más daría coraje tener conciencia de que nadie me ha apoyado.

Lo que sí recuerda es que cuando empezó a colocar las pinturas necesitó un andamio-elevador, cuya renta era de 3 mil 500 pesos diarios. El uso de esa plataforma fue lo más costoso; el dinero nunca lo tuve, pero Dios provee. Ahora ya no la ocupo porque el área donde trabajaré tiene escaleras; lo que necesito son andamios, estoy tratando de conseguirlos.

Con la noticia de la próxima visita del papa Francisco al país, y de que al jefe de Gobierno de la ciudad de México, Miguel Ángel Mancera, se le ocurrió instalar una millonaria reproducción de la Capilla Sixtina en la plancha del Zócalo, muchas personas le han dicho a Macías que es hora de atraer los reflectores y apoyos a su obra.

A él no le disgusta la idea. Su Capilla Sixtina está inconclusa, aún le faltan como tres años de trabajo; aun si contara con ayudantes y dinero, me falta dibujar y pintar cuatro lienzos, además de los muros de los costados del altar, donde realizaré las escenas del Apocalipsis. Cada vez que subo a colocar un lienzo también tengo que tapar los hoyos de la bóveda, impermeabilizar, quitar la tierra. Tuve que aprender a hacerlo, porque contratar a alguien para pegar las telas me salía carísimo.

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Macías dice que no le hará sombra a su pintura la reproducción que se exhibirá en la Plaza de la Constitución, pues ésta es una obra hecha a manoFoto Mónica Mateos-Vega

Macías dice que no le hará sombra a su pintura la reproducción que se exhibirá en la Plaza de la Constitución, pues la suya es una obra hecha a mano, no fotografías como las que se pondrán allá. Es más, en todo el país no existe una Capilla Sixtina tan parecida a la original, acaso algunos fragmentos pintados ¡en una cantina!, y en alguna iglesia por ahí, pero ninguna con las medidas originales, explica.

Me decían que era una locura

Más sonriente que agobiado, don Miguel insiste en que querer reproducir la Capilla Sixtina en su parroquia fue meterse “en un lío tremendo. Miguel Ángel se tardó cuatro años en pintar la suya en el Vaticano, pero tuvo muchos ayudantes, a los mejores pintores al fresco de toda Italia, y el papa entonces le dio una buena cantidad de ducados de oro para alimento y casa de sus pintores. En cambio, los primeros tres años lo hice yo solo, sin saber nada de proporciones. Mi primer lienzo fue el de La creación de Adán. Iba a venir Norberto Rivera a echar la bendición, y el lienzo se despegaba y se despegaba. Me decían que era una locura, pero yo siempre les contesté ‘¡sí puedo!’, y mire, ahí va”.

El párroco de la iglesia le ofreció un espacio del patio de su casa para que instalara el taller donde trabaja. Al principio lo hacía a la intemperie y se le ha inundado con la lluvia, pero también gracias a la ayuda de los vecinos ahora es un espacio cerrado, donde guarda los lienzos y demás materiales, y adonde acude religiosamente cuatro días a la semana, de 11 a 17 horas, a dibujar primero las siluetas de los personajes y luego a ponerles color, siempre guiándose con una imagen tomada de algún libro de arte, mirando con lupa los detalles para no dejar fuera nada y ser fiel a todo lo que plasmó Miguel Ángel.

“Me he caído ocho veces de las escaleras a las que me subo a dibujar, gracias a Dios ninguna me he fracturado, sólo me sumí dos costillas. Pero estoy contento, me sobra la energía.

Desde que comencé a pintar han venido a hacerme reportajes muchas televisoras y periodistas del extranjero. También han venido cada cierto tiempo las autoridades de la delegación Venustiano Carraza, como buenos políticos, sólo a prometer, y ya escarmenté, no les creo nada.

Por supuesto, a don Miguel le encantaría que el papa Francisco conociera su obra, o al menos que pasara rápidamente a echarle la bendición. Incluso, ya checó que el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (adonde llegará la comitiva papal) está a un minuto de la parroquia del Perpetuo Socorro, pero sé que hay mucha logística atrás, no es fácil conseguir esa visita.

Quien ha ido varias veces a ver cómo va la capilla es Norberto Rivera, que siempre da palmaditas en la espalda a don Miguel y le dice Échale ganas. Nada más.

Actualmente dos lienzos acabados esperan a ser colocados. Macías trabaja con dos ayudantes que, por amor al arte, acuden sólo un par de días como voluntarios: una chica que se traslada desde Ecatepec, a veces con muchas dificultades, pues en ocasiones no tiene dinero para los pasajes, y un señor que viene de Cuernavaca sólo los viernes; “no tengo con qué pagarles, pero ellos le echan muchas ganas, son unos apasionados del dibujo, la pintura y de la obra de Miguel Ángel.

Nunca me sentiré pintor. Por eso no me interesa si un crítico me dice que esto no es una obra de arte. Es una copia, y es muy difícil copiar. No le quito nada a lo que hizo Miguel Ángel. Me conformo con saber que esta pintura quedará en mi iglesia, que la verán generaciones futuras. Desde hace muchos años tengo en mi mente planeada la inauguración, y falta poco, con eso me conformo. No soy artista, sólo soy un instrumento de Dios, concluye el pintor de la Capilla Sixtina de la colonia Moctezuma.