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Muere líder de la cultura musical

Compositor y director

El adiós de Pierre Boulez

Su último logro fue la construcción de la Philharmonie, en París

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Desde el principio de su carrera, el francés Pierre Boulez (1925-2016) adoptó una postura de renovación radical a partir de las teorías dodecafónicas de Schoenberg, se afirma en el libro Bolulez, de Martine Cadieu, que incluye esta imagen del artistaFoto Jacqueline Bossard
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Pierre Boulez y su peculiar manera de dirigir sin batuta, pues sus manos aéreas transmiten a la orquesta un mensaje preciso, se consigna el libro Boulez, 1985, publicado por la editorial Espasa Calpe, del que se toman estas imágenesFoto Jacqueline Bossard
 
Periódico La Jornada
Jueves 7 de enero de 2016, p. 2

En pleno uso del poder, el compositor francés Pierre Boulez murió la noche del martes en su exilio alemán de Baden Baden, rodeado de su familia.

Fue durante 70 años el líder mundial de los destinos de la música. Ninguno otro como él de poderoso.

Pocos conocen sus partituras, sin embargo el mundo occidental sabe de sus prodigios como director de orquesta.

Concretó grandes proyectos, entre ellos la creación de instituciones musicales influyentes. Su último logro fue la construcción de la Philharmonie, flamante sala de conciertos parisina diseñada por Jean Nouvel y hoy nuevo epicentro de la vida concertística de privilegio.

En 1966 protagonizó uno de los más candentes episodios de su polémica existencia: el “affaire Boulez” consistió en un reacomodo de fuerzas en Francia, donde el filósofo André Malraux, ministro de Cultura de ese país, nombró una comisión que gobernara la música. El choque de trenes terminó con la salida de Boulez del país.

Habría de regresar 11 años después, para culminar un reinado que dirigía desde el exilio. La creación del IRCAM (Institute de Recherche et Cordination Acoustique/Musique) fue su ancla definitiva. Desde ahí formó a varias generaciones de compositores, entre quienes se encuentran autores de la relevancia de Karlheinz Stockhausen, y dictó los lineamientos que siguieron las principales instituciones musicales en Occidente.

El león desollado vivo

Pierre Boulez nació en un pueblo de 7 mil habitantes ubicado en el valle de Loire: Montbrison, el 25 de marzo de 1925.

Ahí estudió la primaria, comenzó a tocar el piano y formó parte del coro de la iglesia, lo cual, diría más tarde, le ayudó a comenzar a construir un repertorio sólido.

Convirtió la música en el verdadero centro de mi existencia; nunca tuve la menor vacilación.

Estudió ciencias exactas. Fue un matemático notable, lo cual abonaría algunas de las muchas críticas en su contra. Nunca le faltaron enemigos. Aducían que sus obras pecaban de exceso de números, a lo cual respondía con frases preñadas de ironía.

Fue también el líder intelectual de la cultura musical de la segunda mitad del siglo XX, honor que compartió con otro gran pensador, Nikolaus Harnoncourt, quien por cierto acaba de decidir su retiro de la dirección orquestal, sabedor de la merma de su cuerpo.

Luego de estudiar matemáticas superiores en Lyon, Boulez se mudó a París para matricularse en el Conservatorio, como alumno de Olivier Messiaen, quien lo bautizó como el león desollado vivo luego de escuchar la fiereza de la primera composición que inmortalizó a su alumno: Le mar-teau sans maitre.

Boulez trabajó muy de cerca con el poeta René Char, quien escribió textos para sus partituras. También amó la poesía de Stéphane Mallarmé, amor manifiesto en la obra Pli selon pli.

Otras de sus composiciones más celebradas son: Rituel in Memoriam Bruno Maderna, quien fue su alumno y colaborador y con quien integró, además del italiano Luigi Nono, el así llamado grupo de la Escuela de Darmstadt.

Tuvo grandes maestros, de quienes una vez que había logrado superarlos, según él, los desechaba de manera violenta. Cuando murió Arnold Schoenberg, por ejemplo, habló de un anciano decrépito. Algo similar hizo con su gran maestro René Leibowitz. En el caso de Messiaen simplemente descalificó sus métodos una vez que él creía haber conseguido los propios. Lo justificó así: Messiaen sigue ritmos de otras culturas. La música de la India y Asia son admirables porque han llegado a un punto de perfección. Es ese punto de perfección lo que me interesa. Después muere. Lo importante para mí es lo que continúa.

Lo suyo era el riesgo, la aventura, la osadía, la transgresión. La belleza de la aventura y de sus riesgos.

Manos, cuerpo, rostro y mirada

En su libro The rest is noise, Alex Rose, crítico de The New Yorker, lo define así: Era una especie de bombón intelectual, elegante en sus maneras y en su vestimenta. Era como un gato joven, completó el actor Jean-Louis Barrault, para quien Boulez trabajó de director musical durante 10 años.

Hay un periodo creativo en el que cunde la violencia, hace notar Rose, como en la Segunda Sonata para piano, donde crea intensificaciones graduales de expresión: cada vez más inconexo y brutal, aún más violento, hasta llegar a un pasaje, subraya el crítico, en el que se pide al pianista pulverizar el sonido.

Cita Alex Rose: Michel Foucalt, el gran teórico del poder y la sexualidad, parecía excitarse casi con la música de Boulez, y durante un tiempo fue amante de Barranqué, el compañero serialista de Boulez. Foucault dijo de los serialistas en cierta ocasión: “Para mí representaron la primera ‘lágrima’ en el universo dialéctico en el que había vivido”.

Remata: Boulez era un político brillante, igualmente diestro en la persuasión que en el ataque.

La popularidad de Pierre Boulez se debe a su trabajo de director de orquesta y su estilo único de dirigir sin batuta, con una capacidad expresiva asombrosa con las manos, cuerpo, rostro y mirada.

Sus autores favoritos en el podio: Mahler, Debussy (a quien guardó devoción de por vida), Stravinsky, Bach, Bartok y Mozart. Uno de sus discos más preciados se titula Boulez plays Zappa, donde dirige a su orquesta, el Ensemble Intercontemporaine, con las partituras que Frank Zappa escribió para las salas de conciertos.

Salas de conciertos que hoy se enlutan por la partida de su jefe máximo.