Directora General: Carmen Lira Saade
Director Fundador: Carlos Payán Velver
Suplemento Cultural de La Jornada
Domingo 16 de agosto de 2015 Num: 1067

Portada

Presentación

Bazar de asombros
Hugo Gutiérrez Vega

Elogio de lo inútil
Fabrizio Andreella

La mujer en la ciudad
Leonardo Cazes entrevista
con Antonio Risério

Trans-lúcido:
tres estaciones

Ingrid Suckaer

Teilhard de Chardin y el
sentido de la evolución

Sergio A. López Rivera

Vigencia de Teilhard
de Chardin

Hugo Gutiérrez Vega

Cartas de viaje
Teilhard de Chardin

Dos poemas

“Las ideas cristianas
se han vuelto locas”
De Teilhard a Francisco

José Steinsleger

ARTE y PENSAMIENTO:
Bitácora bifronte
Jair Cortés
Poema
Stelios Yeranis
Mentiras Transparentes
Felipe Garrido
Al Vuelo
Rogelio Guedea
La Otra Escena
Miguel Ángel Quemain
Bemol Sostenido
Alonso Arreola
Las Rayas de la Cebra
Verónica Murguía
Cabezalcubo
Jorge Moch
La Casa Sosegada
Javier Sicilia
Cinexcusas
Luis Tovar


Directorio
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La Jornada Semanal

 

Alonso Arreola
Twitter: @LabAlonso

En esta puta ciudad

Fito Páez, notable de la música argentina, está sentado al piano en la cabina de W Radio del Distrito Federal. Es 4 de agosto de 2015. A su lado, visiblemente excitado y frente a un micrófono, el músico y escritor mexicano Fernando Rivera Calderón revisa una hoja de papel magullado. Han pasado cien horas desde la masacre en la colonia Narvarte cuando ambos se lanzan sobre una canción clásica en el repertorio de Páez, “Ciudad de pobres corazones”, que originalmente comienza así: “En esta puta ciudad, todo se incendia y se va.” Sin embargo, para el encuentro entre ellos los versos se han transformado: “En esta puta ciudad, te matan, luego se van.” Un cambio que no tomará por sorpresa a quienes conozcan la juglaría política de Fernando en el programa radiofónico El Weso, pero que sí sorprenderá a quienes no imaginaban a un Fito tan solidario.

Avanzando en la reescritura coyuntural y sardónica de la nueva letra, cabalgando su bien conocida melodía, Rivera Calderón respeta la frase que sigue, “matan a pobres corazones” (aunque su sentido ya es otro) y luego recompone: “En esta sucia ciudad, te mancha la impunidad, y ya sabemos las razones”, mientras la original dice:  “En esta sucia ciudad, no hay que seguir ni parar, ciudad de locos corazones.” Después, ambas versiones dejan el “no quiero salir a fumar”, pero donde la argentina decía: “No quiero salir a la calle con vos. No quiero empezar a pensar quién puso la yerba en el viejo cajón”, la mexicana señala:  “No quiero leer la noticia atroz. No quiero empezar a pensar quién hizo callar nuevamente una voz.” Llegando al momento más ácido, allí donde Fito sondeaba inestabilidades mentales al son de “buen día al Lexotanil, buen día señora, buen día doctor. Maldito sea tu amor, tu inmenso reino y tu ansiado dolor”, Fernando se lanza a fondo:  “Buen día señor presidente, buen día Javier Duarte, buen día procurador. Maldito sea el horror, tu inmenso reino y tu ansiado dolor.”

Para este momento, lectora, lector, esperamos se note lo apreciable de la situación: un compositor sudamericano ha permitido que uno mexicano, en acto fraternal, transforme una de sus canciones más conocidas (búsquela en Youtube). No sólo confía sino que además comparte un sentimiento elemental en quienes han sufrido injusticias y desapariciones; en quienes no desean regímenes que cobijan la muerte de pobres corazones. Así que donde Fito protestaba: “¿Qué es lo que quieres de mí? ¿Qué es lo que quieres saber? No me verás arrodillado”. Fernando prefirió: “¿Qué es lo que quieren aquí? ¿Qué es lo que nos ha hecho el pri? No nos verán arrodillados.” Donde uno clamaba: “Dicen que ya no soy yo, que estoy más loco que ayer”, el otro terminó: “Dicen que ya no soy yo, cada que muere alguien más. Me estoy cayendo a pedazos. Voy a salir a marchar y voy a exigir levantando la voz. No quiero empezar a pensar que estamos acostumbrándonos.”

Pionero de la sátira musical y autor de miles –literalmente– de piezas que se alimentan de noticias relevantes, Fernando no es el único que ha intentado la comedia desde la canción hecha al vapor o que, siendo famosa, se ve líricamente tergiversada. También se puede buscar en las redes lo hecho por Susana San José y Mauricio Díaz el Hueso para el noticiero de Cadena Tres (La canción del momento), así como los ligeros devaneos de Los Tres Tristes Tigres. Dicho eso, empero, el caso de Rivera Calderón acompañado por Fito Páez nos parece insoslayable, difícil de repetirse con autores –extranjeros o no– que prefieren mantenerse al margen de la historia para no arriesgar sus canonjías y prebendas.

Finalmente diremos que Fito estaba en México promocionando un disco próximo a salir, De locura total, escrito junto al cantautor brasileño Paulinho Moska. Con uno al piano y el otro en la guitarra, acompañados por músicos de la talla de Marco Susano (percusiones) y Néstor Marconi (bandoneón), el trabajo fue grabado en Buenos Aires, Río de Janeiro y Miami. Según dijeron en distintas entrevistas, es el primer álbum popular folclórico hecho tanto en español como en portugués (edición para Brasil) que ve en el portuñol –la “debilidad” de uno cantando en la lengua del otro– un abrazo entre países que deberían compartir más historias y coincidencias. Estamos de acuerdo. Aquí parte de su letra, tan pertinente: “Cuando en la vida te perdés y te despiertas al revés, cuando comienza a oscurecer por la mañana, vos tenés que sobrevivir. Afuera, la calle a resistir, vamos a caminar, mi amor, sé que lo necesitas.”  Ya escucharemos el resto de los temas. Mientras tanto, aplauso a Fito Páez por acercarse al dolor de ésta, nuestra puta ciudad. #JusticiaParaLxs5. Buen domingo. Buena semana. Buenos sonidos.