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Irá en aumento debido a los precios del petróleo y las sanciones de EU, señala funcionaria

Asciende a casi 23 millones la cifra de pobres en Rusia, según reporte oficial

Jubilados, los más golpeados por la crisis; la mayoría debe comprar medicamentos importados

Corresponsal
Periódico La Jornada
Viernes 24 de julio de 2015, p. 20

Moscú.

En el transcurso de un año, el número de rusos cuyos ingresos son inferiores al nivel oficial de indigencia –determinado por el costo de una canasta básica de alimentos que aquí se utiliza para medir la pobreza– se incrementó en 3 millones 100 mil personas, de acuerdo con el Servicio Federal de Estadísticas de Rusia.

De tal modo, de abril del año pasado a abril de 2015, la cifra de rusos considerados por las autoridades como pobres ascendió a casi 23 millones de personas o, si se prefiere, a 16 por ciento de la población, cantidad que la viceprimer ministra encargada de la política social, Olga Golodiets, calificó de crítica en fecha reciente.

Es poco comparado con un país como México, donde uno de cada dos habitantes es pobre; mucho, en relación con los tiempos de bonanza de los petrodólares en Rusia, cuando apenas en 2012 –a modo de ejemplo– había 8 millones de pobres menos.

Lo peor, en opinión de Tatiana Malieva, directora del instituto de análisis social y pronosticación de Moscú, es que –a consecuencia de la caída de los precios internacionales de los hidrocarburos y de la crisis económica, agravada con las sanciones impuestas por Estados Unidos y sus aliados europeos– continuará creciendo el número de familias rusas en condición de precariedad.

Creo que en septiembre, cuando termine el periodo estival y haya que mandar a los niños a la escuela, lo que supone un fuerte gasto cada año, la mayoría de los rusos notarán el descenso de sus ingresos, y temo que ello se traducirá en descontento entre la población ya este otoño, vaticina Malieva.

El economista Mijail Deliaguin estima que la devaluación del rublo, uno de los efectos de la actual crisis, afecta sobre todo a los estratos sociales que, ante la falta de suficiente producción nacional, tanto en cantidad como en calidad, todavía se ven obligados a comprar artículos importados, mucho más caros ahora. Menciona, por poner un caso, las familias con más de dos hijos pequeños, que tienen que adquirir alimentos para bebé y ropa infantil de origen foráneo.

Pero quizá los más golpeados por la subida de precios sean los jubilados que dependen sólo de su pensión, pues requieren comprar medicamentos extranjeros, ante la imposibilidad de obtener de forma gratuita análogos nacionales, beneficio de ley que casi nunca se cumple por la escasez de existencias en las policlínicas de distrito, aunque figuren en la relación de medicamentos de vital importancia elaborada por el ministerio de Sanidad.

El aumento de la población que vive por debajo del nivel de indigencia no trajo consigo un incremento de la pobreza extrema, como parece demostrar que el índice de desempleo se mantenga en cifras más o menos aceptables, sostiene Deliaguin.

Sin embargo, en los próximos meses, las llamadas jornadas laborales a tiempo parcial y las vacaciones forzadas sin goce de sueldo, muy difundidas de unos meses para acá, serán remplazadas con despidos, la solución definitiva que muchas empresas postergan en espera de que terminen las dificultades pasajeras, como prefieren llamar las autoridades a la actual crisis económica.

La retórica del Kremlin, repetida hasta el cansancio por la televisión pública y otros medios bajo su control, ha podido contener o retrasar el comienzo de protestas en la calle por motivos económicos.

En todo caso, el descontento debe expresarse en las urnas como una suerte de voto de castigo el año siguiente, cuando están previstas elecciones para renovar la Duma, aunque no se excluye que, para mantener la mayoría que ahora tiene el oficialismo en la cámara baja del Parlamento, Rusia Unida sea sacrificada en favor de otro partido impulsado desde la oficina de la presidencia, por ejemplo el Frente Popular.