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El jueves 21 abrirá la muestra Los ardientes, en el Museo Nacional de Bellas Artes

Sergio Hernández lleva 11 óleos y 10 obras gráficas a La Habana

La exhibición se inscribe en las actividades paralelas a la edición 12 de la bienal en esa ciudad

Marcará un antes y un después en las exposiciones de pintura mexicana en la capital de Cuba, afirma Javier Villaseñor, agregado cultural de la embajada de nuestro país en la isla

Foto
Sin título, 2014, uno de los 11 óleos de Sergio Hernández (Huajuapan de León, 1957) incluidos en la exposición del artista mexicano montada en la capital cubanaFoto cortesía del artista
 
Periódico La Jornada
Sábado 16 de mayo de 2015, p. 2

Once óleos y 10 obras gráficas del pintor mexicano Sergio Hernández (Huajuapan de León, 1957) se exhibirán en el Museo Nacional de Bellas Artes de La Habana.

Los ardientes se titula la exposición del artista, la cual se abrirá al público el jueves 21 de mayo, misma que se inscribe en las actividades paralelas a la edición 12 de la Bienal de La Habana que se se iniciará un día después.

En conferencia de prensa en la capital cubana, Javier Villaseñor, agregado cultural de la embajada de México, expresó que la exhibición de Hernández marcará un antes y un después en las exposiciones de pintura mexicana en esa ciudad.

Según el escritor Jaime Moreno Villarreal, autor de un texto alusivo a la muestra, aunque las fuentes de la iconografía de Sergio Hernández son muy diversas, a través de los años su sostenida referencia al libro del Popol-Vuh del pueblo maya y a la imaginería medieval de los Apocalipsis iluminados se ha hecho característica.

Como rasgos de ambas narrativas, afirma Moreno Villarreal, “son reconocibles en Los ardientes, serie en la que compone usando como eje la mención explícita a una de las imágenes más pasmosas del fin de la Edad Media: el Cristo en la cruz del pintor Matthias Grünewald (1470-1528), que constituye la pieza central del célebre Retablo de Issenheim que se halla en la localidad francesa de Comar”.

El rojo profundo del cinabrio

No obstante ser agnóstico, desde su mediana juventud Sergio Hernández ha mantenido una fuerte relación con esa imagen pintada originalmente para el convento de los Antonios de Issenheim, donde se atendía a enfermos de ergotismo, un mal causado por el cornezuelo, hongo del centeno que produce necrosis de los tejidos, como se presenta al Cristo del retablo, con la carne en proceso de gangrenación, explica Moreno Villarreal.

El título Los ardientes alude al antiguo nombre francés de este padecimiento, mal des ardents, también conocido como fuego de San Antonio o mal del fuego infernal.

El escritor señala que el color rojo profundo obtenido por Hernández mediante el empleo del cinabrio (sulfuro de mercurio) como pigmento, constituye por lo demás un verdadero motivo pictórico, pues en México el cinabrio tuvo extendido uso funerario en la época prehispánica.

Sergio Hernández lo aplica a gotas y con arenas añadidas sobre una tela de lino humedecida para que, al deslizarse, la mancha roja sugiera el doble efecto de un sangrado y una ardiente quemadura.

Luego, el artista superpone una capa de cera o repetidos barnices, y dependiendo de éstos, la tonalidad bermellón vira hacia el amarillo o el rojo ladrillo.

En contraste, en su obra creada en papel, los rojos ardientes provienen del pigmento obtenido de la grana cochinilla, insecto parásito de la planta del nopal, usado en América para teñir textiles desde el siglo II aC.

La exposición Los ardientes, de Sergio Hernández, concluirá el 6 de septiembre en el Museo de Bellas Artes de La Habana.