Opinión
Ver día anteriorSábado 11 de abril de 2015Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Esto fue Mozart
E

n días recientes, esta ciudad se llenó de muy benéficas músicas, cortesía del festival Esto es Mozart, que tuvo su origen y sede principal en el Centro Nacional de las Artes (Cenart), con extensiones a Bellas Artes y el Conservatorio. A una programación abundante, rica y variada, se añadió el modus operandi de combinar conjuntos y solistas extranjeros con intérpretes locales, y los resultados fueron de muy buen nivel. Por coincidencia, las tres funciones de Esto es Mozart a las que pude asistir en el auditorio Blas Galindo del Cenart incluyeron sendos conciertos para piano, que resultaron en buena medida una confirmación de que el Amadeus salzburgués es el compositor supremo en este género.

Con la Orquesta Sinfónica Nacional dirigida por Hansjörg Schellenberger, el pianista Lars Vogt tocó el Concierto No. 20, en mi opinión el mejor y más acabado de todos los conciertos de Mozart. Dramática tonalidad menor, expresividad de corte casi romántico, exquisito equilibrio entre la pasión y la contemplación; todo esto y mucho más fue perfilado con claridad, precisión y fuerza por el pianista alemán, poseedor de una técnica robusta que nunca es un fin en sí misma, intérprete igualmente generoso con la filigrana virtuosa que con los episodios más delicados y diáfanos. Antes, la flautista Julieta Cedillo y la arpista Margit-Anna Süss (con arpa de época) habían tocado el Concierto para flauta y arpa, dándole una buena y apreciable dosis de estilo rococó, y mostrando un sólido trabajo de conjunto.

Otro día, el holandés Ronald Brautigam se unió al Cuarteto Latinoamericano para interpretar la versión mínima (más que autorizada por el propio Mozart) del Concierto No. 13. Novedad magnífica: Brautigam tocó la obra en un fortepiano, y la combinación de este instrumento transicional con la sonoridad de las cuerdas individuales resultó todo un descubrimiento. Mérito principal (entre muchos) de Brautigam, su sabiduría para fundirse orgánicamente con el cuarteto en los tutti, cual fortepiano obbligato, y hacer resaltar la delicada proyección de su instrumento en los pasajes cabalmente solistas. Acompañamiento impecable del Cuarteto Latinoamericano, fusionado sin costuras ni arrebatos con el trabajo de Brautigam. Además, el Latinoamericano ofreció ejecuciones depuradas de dos cuartetos (el 17 y el 18) que a pesar de su cercanía parecieran ser distantes. En el primero, los músicos sacaron a relucir con igual dosis de discreción y claridad cierta predominancia del primer violín, elemento proveniente de la prehistoria cercana del cuarteto de cuerdas; en el segundo, abordaron con gran convicción estilística una escritura que pareciera mirar ya al romanticismo, con su expresión más enérgica y sus sutiles aventuras armónicas que tienden fugazmente al cromatismo.

La noche de clausura de Esto es Mozart fue un delicioso concierto de la Camerata de Salzburgo, dirigida por Louis Langrée y con Till Fellner en el piano; su ejecución del Concierto No. 23 fue una pulida joya de facetas brillantes y luminosos destellos. Fellner complementó su transparente articulación de los movimientos exteriores con un canto casi sotto voce en el hermoso Adagio central. El acompañamiento de los salzburgueses, alternativamente potente y delicado, con el atractivo sonoro (ciertamente híbrido) de una orquesta con trompetas naturales y timbales barrocos, pero con alientos modernos en el resto de los atriles. Además, un lujo especial, altamente disfrutable: entre el programa y los encores, Langrée y sus músicos ofrecieron lúdicas y potentes versiones de las tres oberturas de las óperas mozartianas con libreto de Lorenzo Da Ponte, cosa que en sí misma es una delicia. Muy apreciado, también, el juguetón gesto de Langrée de interpretar los pocos compases que existen del Menuetto de la Sinfonía No. 34, para beneplácito de los completistas de Mozart.

Además de la buena programación y los buenos resultados musicales, Esto es Mozart provocó en esos días una atractiva efervescencia de público en el Cenart, algo que siempre se agradece, en el entendido de que los espacios de divulgación artística requieren día a día de la gente para permanecer vivos y vigentes.