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Desarrollan plan estratégico para restaurar y rescatar áreas degradadas por la incuria

Convertirán el centro de Roma en símbolo arqueológico del mundo

Será un lugar de contemplación, comprensión y emoción, rico en valores culturales que favorezcan la socialización, señala el proyecto

Foto
Aspectos del Coliseo de la capital italiana, en imágenes tomadas el 14 de octubre de 2010 (arriba) y de una elaboración gráfica (sobre estas líneas), que muestra cómo sería si se recreara la arena transitable por encima de los subterráneos (2 de noviembre de 2014)Foto Ettore Ferrari
Especial para La Jornada
Periódico La Jornada
Miércoles 25 de marzo de 2015, p. 3

Roma.

Convertir el centro de Roma en el sitio arqueológico urbano más grande del mundo es un sueño que se encamina a su realización.

Se trata de uno de los objetivos primordiales en la agenda del ministro de Cultura, Dario Franceschini, y del alcalde de Roma, Ignazio Marino, quien así lo prometió a sus electores.

Con esa finalidad se integró una comisión científica de ocho expertos que elaboraron un voluminoso Plan estratégico para el arreglo y desarrollo del área arqueológica central de Roma (AACR), entregado el último día del pasado diciembre.

La idea es que el corazón de la capital italiana se articule como un espacio unitario, el llamado cuadrilátero arqueológico, formado por Plaza Venecia, Foros Imperiales, Coliseo, Monte Oppio, Colina Capitolina-Teatro de Marcelo, Palatino y Circo Máximo.

Ese tema, que motiva el interés desde la Unidad de Italia en el siglo XIX, ha cobrado fuerza en los recientes 30 años al causar encendidos debates entre expertos.

Cambio de paradigma

El proyecto actual se basa en la perspectiva de crear una ciudad histórica, distinta al viejo concepto de centro histórico (Carta de Gubbio, 1990), entendido como zona aislada, delimitada o pieza de museo que se observa, pero no se vive.

La ciudad histórica, se afirma, rompe con las jerarquías: lo antiguo se contamina con el tejido urbano en sus distintas estratificaciones temporales –incluida la contemporánea–, se activa mediante su uso y promueve un diálogo fluido y vital con el entorno.

El AACR no propone erigir un parque arqueológico, concepto obsoleto, sino un sitio regenerativo y accesible de quien lo vive, capaz de contribuir a la mejora en la calidad de la vida urbana. Un lugar no sólo de contemplación, sino de comprensión y emoción, un espacio rico de valores culturales que favorezcan la socialización.

Responde a un cambio de paradigma, donde la idea de tutela se sustituye por la de responsabilidad colectiva, según se lee en el reporte descargable en línea.

¿Cómo lograr algo tan ambicioso? Para agrupar esta enorme área se tomarán medidas radicales, como la peatonalización, la eliminación de barreras arquitectónicas que limiten la accesibilidad y la integración a la vida cotidiana.

El punto clave del proyecto es la importancia del individuo y su relación con el entorno, pues todo está pensado para hacerlo sentir cómodo en una urbe atractiva.

Es un enfoque que promueve una arqueología al alcance de todos, que supera la idea elitista de cultura, pero encuentra la mayor perplejidad entre los que por el contrario temen la banalización.

Oposición al montaje de espectáculos

Alejandra Ortiz Castañares, especial para La Jornada

Roma.

En el enfoque de ajuste del área arqueológica central de Roma (AACR), la fruición de monumentos adquirirá un papel activo con funciones culturales específicas: habrá exposiciones, conciertos y actos de alto perfil cultural.

Las obras de recuperación no serán, por tanto, concebidas como hasta ahora en función de excavaciones arqueológicas, sino de restauración y rescate de áreas degradadas por la incuria, así como el restablecimiento de una lógica urbana perdida por la construcción de calles y avenidas modernas que podrían ser eliminadas, como la gran arteria Foros Imperiales.

Los proyectos que se desarrollan en tan amplia zona responden a esa lógica, como la restauración de la imponente Domus Aurea, de Nerón, iniciada el pasado octubre ante un deterioro, enterrada por siglos, castigada por la humedad y el peso del parque del Monte Oppio, que la cubre, el cual es sustituido por uno más ligero, donde flores y plantas pequeñas con poca tierra y un sistema de drenaje, remplazarán los grandes árboles, se saneará el edificio y permitirá iniciar los trabajos de restauración dentro del palacio.

Cubrir con arena al Coliseo

Uno de los puntos más críticos del AACR ha sido la aprobación para cubrir de arena el Coliseo –alentada por Dario Franceschini, ministro de Cultura– que haría factible restablecer el aspecto original que conservó hasta el siglo XIX, cuando se hicieron las excavaciones de los subterráneos dejándola al descubierto como se ve hoy.

De realizarse, la arena se apreciaría en su aspecto original y podría visitarse el vientre del edificio, conservado intacto gracias a que estuvo cubierto de tierra durante siglos. Sin embargo, y en eso consiste la polémica, se considera el montaje de espectáculos como sucede en las arenas de Verona o de Nimes, en Francia, donde incluso hay corridas de toros y conciertos de rock (que no sería aquí el caso).

Personajes de la cultura, que enarbolan la defensa del patrimonio histórico, como Salvatore Settis, se oponen a este uso. Otros, como el arqueólogo Andrea Carandini, muestran entusiasmo.

La primera fase de la restauración del Coliseo, patrocinada por Diego della Valle –monumento símbolo de Roma y el más concurrido de Italia que batió récord de visitantes en el 2014 al superar 6 millones–, concluyó el pasado enero y despertando inconformidad por los resultados, debido a la limpieza de la superficie externa que luce desigual y en lugar de blanca parece amarillenta y con manchas, según opinan restauradores, debido a que se asignó a contratistas no especializados.

Detractores de Franceschini consideran que éste maneja el patrimonio nacional como un recurso económico, transfigurándolo en industria de entretenimiento cultural.