Opinión
Ver día anteriorJueves 5 de marzo de 2015Ver día siguienteEdiciones anteriores
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El abuso contra los derechos de los trabajadores en México
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erminó la visita de Estado del presidente Enrique Peña Nieto a Gran Bretaña y, a pesar de todos los esfuerzos del gobierno de México para evadir la discusión de los temas sociales de enorme importancia y que aún están pendientes de resolver, no fue posible para la delegación nacional evitar que las fuertes críticas de los medios locales de comunicación, de algunos políticos y miembros del Parlamento, así como de sindicalistas y académicos, se expresaran con toda su fuerza y claridad.

Las reuniones se efectuaron entre las autoridades de ambos países, en un momento de gran interés para promover el comercio bilateral e incrementar el número de visitantes del Reino Unido a México, hasta alcanzar los 500 mil por año. Las negociaciones se efectuaron seguramente sobre los planes, programas y medidas que es necesario establecer para lograr esos objetivos. Esto, sin escatimar las facilidades, el buen trato y las condiciones que se requieren para despertar y promover la inversión empresarial, además de explicar el contenido y el alcance de las reformas que se han aprobado en México.

No obstante lo anterior, la forma lamentable en que el gobierno mexicano se ha conducido para no reconocer y respetar los derechos de los trabajadores se hizo evidente, pero también se destacó durante este viaje la promoción de una imagen que no siempre se apega a la realidad. En México, desafortunadamente, todavía prevalece en muchos círculos políticos la hipocresía, la falsedad, la corrupción y el doble lenguaje entre lo que se dice y lo que se hace.

Esas prácticas nefastas las vemos todos los días, como cuando por un lado se declara el respeto a la autonomía sindical y el derecho a la libertad de asociación y, al mismo tiempo, se promueven y registran los contratos de protección, que esclavizan más a los trabajadores, y se crean y reconocen sindicatos de empresa que violan la libertad e incrementan descaradamente las formas de explotación de la mano de obra y de los recursos naturales de nuestro país.

Precisamente eso es lo que denuncié en mi último artículo publicado en La Jornada com el título El cinismo como forma de gobierno, en el cual expresé con toda claridad mi rechazo, y seguramente también el de muchos líderes sindicales democráticos que se oponen tajantemente a esa aberrante práctica de corrupción e ignorancia de parte de funcionarios de gobierno, como el subsecretario de la Secretaría del Trabajo, Rafael Avante Juárez, y el director de Actualización del Registro de Asociaciones, Lucio Galileo Lastra González, y probablemente otros burócratas de esa y otras dependencias, escondidos todos tras las máscaras de una transparencia y un respeto falsos, que tanto daño hacen al gobierno y a los esfuerzos que se realizan, con un costo muy elevado, para promover una imagen del país que no se apega ni con mucho a la realidad.

Mi estancia en Londres coincidió con la visita de la delegación de México, pero también con el tema simultáneo de algunas protestas importantes en solidaridad contra masacres de estudiantes y maestros, así como por la cobarde e indigna persecución política que hemos enfrentado los mineros, y yo en lo personal como su presidente y líder nacional, junto con nuestras familias.

Bien lo definió el secretario general de Unite, Len McCluskey, y lo cito textual: “Los mineros han sido el blanco de ataques constantes por parte del gobierno mexicano, en una forma muy desagradable y perversa; algunos dirigentes del sindicato han sido arrestados arbitraria e ilegalmente y cuatro miembros fueron asesinados desde 2006.

El caso de los mineros y de su líder, Napoleón Gómez, es ampliamente conocido. Los mineros han organizado y afiliado a miles de nuevos trabajadores en la minería y en la industria manufacturera, cuestionando el sistema de corrupción de México en un mercado dominado por las empresas mediante los contratos de protección. Estas acciones, a su vez, han amenazado el modelo de explotación mexicano con base en salarios bajos, y por eso el gobierno puso en la mira a los mineros en una campaña masiva de persecución, incluyendo el rechazo a reconocer las elecciones libres de los trabajadores y el derecho a la libertad de asociación, dijo.

Len McCluskey, el secretario general de Unite de Inglaterra e Irlanda, el sindicato más grande de Gran Bretaña, con 1.4 millones de miembros que laboran en los sectores más importantes de la economía, declaró también: Los mineros mexicanos han construido fuertes lazos de solidaridad con los sindicatos más importantes de todo el mundo. En 2005 firmaron una Alianza Estratégica internacional con los United SteelWorkers, USW, que a su vez se integraron con Unite en 2008 para formar Workers Uniting (Trabajadores Unificados). Durante los últimos 10 años, los mineros de México han obtenido incrementos en los salarios en promedio de 8 por ciento más 4 por ciento en prestaciones, frente a un promedio nacional de 4 por ciento, y de ahí el interés y la obsesión del gobierno por perseguirlos.

Finalmente, el secretario general Len McCluskey declaró: Unite se pone de pie en solidaridad con nuestros colegas mexicanos y hace un llamado al gobierno británico para poner la presión necesaria al presidente Peña Nieto para limpiar esos actos de su gobierno y comenzar a respetar los derechos laborales de sus propios ciudadanos.

Eso, que se ve muy claro en Gran Bretaña, es evidente que no es así en México.