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Lucha por el náhuatl en Morelos

Ya llevo mil palabras para entender el mundo, celebra el profesor Lucio Cuevas

Enviado
Periódico La Jornada
Sábado 21 de febrero de 2015, p. 36

San Juan Tlacotenco, Cuernavaca.

En una libreta del tamaño de la palma de su mano, el profesor Lucio Cuevas Espinosa guarda la clave para entender el mundo. Su mundo, al menos. El de las palabras que escuchó pronunciar a su madre y a su abuela en náhuatl cuando era niño y que hoy quiere ordenar en un libro para impedir que se las trague el olvido.

Ya llevo mil palabras, dice con un entusiasmo que no trata de disimular. Ahí, en las hojas que guardan esas tapas de cartón blanco, están los sonidos que nombran gran parte de lo que le rodea: las frutas, los animales. Todo.

La idea de crear este diccionario de la variante lingüística que se habla en su natal San Juan Tlacotenco (que en español quiere decir a la orilla de las varas) viene de la mano de un proyecto de recuperación del náhuatl en el estado de Morelos, que surgió hace año y medio para salvar este idioma de la extinción.

Proyecto independiente

En el verano de 2013, el cineasta Francesco Taboada echó a andar un plan piloto cuyo objetivo era hacer que los nahuahablantes de Morelos se reapropiaran de su lengua, y así revertir el proceso de desaparición iniciado siglos atrás con la Conquista, y continuado por décadas de educación integradora.

Luego de cabildear con diputados locales para convencerlos de dar recursos para el proyecto, el documentalista y un grupo de colaboradores lograron abrir un curso de náhuatl para todo público, en el palacio de gobierno de Cuernavaca, al cual se inscribieron 60 personas.

Para sorpresa de los propios organizadores, el proyecto tuvo eco y empezó a recibir solicitudes de todo el estado. Hoy, con un fondo de sólo 200 mil pesos, ha logrado establecerse en 25 localidades de 14 municipios, donde un total de mil 600 alumnos de todas las edades y niveles toman clase.

El programa, que no cuenta con presupuesto oficial, opera bajo el esquema de cursos abiertos para todos los interesados, pero también como una materia adicional en prescolar, primaria, secundaria y bachillerato, que los estudiantes pueden tomar de forma voluntaria dos horas a la semana, sin la presión de recibir una calificación.

De igual forma, muchos alumnos de estos dos últimos niveles han comenzado a asistir los sábados a clases de náhuatl, como una forma de cumplir con el trabajo comunitario que se les pide a cambio de recibir un apoyo económico del gobierno estatal incluido en el programa social Beca Salario.

Aprender como un juego

Parados frente al pizarrón, Lucio Cuevas y Magdalena Palma Valencia, ambos de más de 60 años, piden a sus alumnos de la primaria Josefa Ortiz de Domínguez, en San Juan Tlacotenco, municipio de Tepoztlán, que repasen en voz alta las expresiones que vieron la clase anterior.

“A ver, ¿cómo se dice ‘te hablan en la escuela’?”, preguntan. Unos más seguros que otros, los niños contestan a coro Mytz notza tiamaxtyl kaly. Y así, van repitiendo en náhuatl otras frases como mamá, ya me voy a la escuela, buenos días, me comprometo a aprender y hasta mañana, además de los meses y palabras sueltas, como lápiz, libro y cuaderno.

Más que tomar una clase, las niñas y niños parecen estar participando en un juego. Se ven curiosos, entusiasmados, lo mismo que sus profesores, y se ve también que muchos de ellos no están aprendiendo algo totalmente nuevo, sino reforzando lo que ya habían escuchado en casa.

“A algunas personas les daba pena hablar en náhuatl porque les decían que no estaban ‘evolucionando’. Por eso me da alegría saber que somos nosotros los que estamos levantando ese vocabulario ya perdido”, dice Cuevas con una sonrisa.

Él aprendió el idioma por haber escuchado a su madre y a su abuela platicar siempre en náhuatl. De ahí abrevó en las palabras que hoy atesora. Y es por eso también que advierte que si este pueblo pierde sus raíces, haz de cuenta que está perdido.

El de Magdalena Palma es un caso similar. Cuando niña, fueron las charlas de su madre y su abuela en náhuatl las que estimularon su interés y le hicieron preguntarles ¿cómo se dice esto, cómo se dice aquello? Gracias a eso –y a que ignoró a quienes le decían que esa lengua no era la correcta– hoy sabe que tlalli es tierra, titlacuazque es comer y xixipa es un año.

“Yo me sentía triste porque decía ‘¿cómo es posible que este idioma se va a perder?’ Ahora me siento muy orgullosa; créame que soy la más feliz porque al fin está floreciendo mi esperanza. Aquí está nuestro futuro, nuestras raíces y vamos a revivirlas como pueblos indígenas con mucha grandeza”, subraya.

Sólo los mayores

Aunque se trata de uno de los estados donde la presencia del náhuatl es más fuerte –de acuerdo con el censo general de 2010 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, en la entidad hay 31 mil 905 hablantes–, en Morelos esta lengua estaba en proceso de extinción.

En tiempos de Emiliano Zapata, tres cuartas partes del estado lo hablaban, pero hoy sólo es en cinco comunidades. La única donde lo hablan todos es Cuentepec, desde los niños hasta los viejos, y las otras cuatro son Xoxocotla, Tetelcingo, Santa Catarina y Hueyapan, pero sólo lo hacen los mayores de 40 años, lamentó Taboada, coordinador para la reforma política de las comunidades indígenas en Morelos.

A través de la educación de corte vasconcelista e integradora se ha ido perdiendo el uso de la lengua, totalmente desplazada por el español. Es importantísimo este proyecto porque recupera el tejido social al hacer que los niños recuperen el idioma y puedan hablar con sus abuelos, a quienes ya no entendían. Era una relación familiar que ya se había perdido, señala Taboada, quien lamenta que no puedan extender el programa por falta de recursos.

Para el cineasta, parte del éxito de dicho esquema se debe a que tras el alzamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, en 1994, muchos jóvenes indígenas han crecido lejos del estigma que tenían las lenguas originarias. Sigue habiendo racismo, pero muchos jóvenes ya no lo ven como algo preocupante.

Alfredo Hernández y Uriel Rodríguez, ambos de 11 años, hijos de artesanos indígenas y alumnos avanzados de náhuatl en la escuela primaria Gregorio Torres Quintero, parecen darle la razón a Taboada, quien propone establecer el náhuatl como segundo idioma obligatorio en todos los niveles educativos.

“Cuando hablamos nuestra lengua, a veces se burlan las personas. Pero yo no siento nada, pues. A lo mejor piensan que está bien rara mi lengua, pero para mí está bonita. Me gusta porque cuando jugamos a los ‘ponchados’, le digo a mi amigo ‘¡xmotlalo, xmotlalo!’ (¡corre!) y así nos entendemos”, cuentan.

Angélica Ayala Montes, una de las maestras bilingües de la primaria, ubicada en el corazón de Cuernavaca, destaca el avance de lograr que los niños y niñas que antes negaban saber náhuatl, ahora admitan que sí lo conocían por sus padres o abuelos y empiecen a hablarlo en los cursos de dos horas semanales.

“Esto lo causa la ignorancia de los adultos, que a veces menosprecian la lengua que hablamos y lo llaman ‘dialecto’. Cuando escuchamos que un niño dice ‘yo no hablo esa lengua de indio’, platicamos con él para que entienda la importancia y el orgullo que se siente. Así elevamos su autoestima y su capacidad de aprendizaje”, recalca la docente.