Opinión
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México SA

Crudo: caída libre

El peso no levanta

Bolsa zarandeada

E

l desplome del precio del petróleo mexicano es incontenible: ayer se vendió a 49.46 dólares el barril, un nivel no registrado desde mayo de 2009. Tan sólo en el transcurso del presente mes –a lo largo del cual se agudizó la caída– la pérdida acumulada ha sido de 26 por ciento. Esta última se incrementa a 46.51 por ciento si el comparativo se hace con el arranque de 2014.

Hasta ahora, y antes de comenzar el año nuevo, tres han sido los recortes aplicados por Ejecutivo y Congreso al precio promedio del barril mexicano para 2015: de 94 a 82 dólares, en la presentación original de los Criterios Generales de Política Económica para el periodo citado; de 82 a 81 dólares a la hora de palomear el dictamen de decreto de la Ley de Ingresos de la Federación; y de 81 a 79 dólares ya en la aprobación definitiva.

De entrada, la diferencia entre el precio promedio de 2014 (94 dólares) y el aprobado para 2015 (79) es de 15 dólares por barril, lo que sin duda alguna pega, y fuerte, a las finanzas nacionales, pues ella se traduce en dejar de captar alrededor de 6 mil millones de billetes verdes a lo largo del próximo año, con o sin coberturas.

Dado por bueno el tercer intento (el de 79 dólares por barril), la caída del precio del crudo nacional apretó el pasó, y al cierre de ayer la distancia entre el promedio consensuado (ministro de Malinalco dixit) por el Ejecutivo y el Legislativo, y la realidad fue cercana a 30 dólares.

En la Secretaría de Hacienda aseguran que con las coberturas contratadas en noviembre pasado, está garantizado el ingreso petrolero para 2015 tal cual lo aprobaron los legisladores, pero a la hora de echar cuentas resulta que tales coberturas sólo consideran 228 millones de barriles en el año, monto equivalente a 26 por ciento de la producción nacional y a 57 por ciento de las exportaciones estimadas.

Lo cierto es que los analistas, desde ahora, advierten sobre la necesidad de reconsiderar los cálculos financieros del sector público y la estimación gubernamental en materia de crecimiento económico para 2015, pues al desplome de los petroprecios se suma el deterioro de una serie de indicadores, internos y externos, que no auguran el advenimiento del sempiternamente prometido futuro venturoso para el país y sus habitantes.

Así, el pensador global marca Higa se verá en la penosa necesidad de sacar el ábaco y recalcular de la A a la Z, porque todo indica que por tercer año consecutivo (de tres posibles) el crecimiento económico del país diferirá, y por mucho, del oficialmente prometido, es decir, 3.7 por ciento para 2015. Desde 2009, cuando menos, el gobierno viene prometiendo que el año próximo, ahora sí, recuperaremos el ritmo de crecimiento sostenido, el cual, dicho sea de paso, no ha traspasado la barrera de 2 por ciento como promedio en la últimas tres décadas.

Y en efecto: aún en el lejanísimo caso de que la economía mexicana creciera 3.7 por ciento en 2015 (y si así fuera habría que hacerle una fiesta al ministro del año, por aquello de los milagros), el promedio de avance anual en la primera mitad del actual gobierno a duras penas llegaría (¡sorpresa!) a 2 por ciento, cuando de todos es sabido que el mínimo necesario es de 6 por ciento.

Al desplome del precio del petróleo se suma la volatilidad temporal del tipo de cambio, es decir, la misma volatilidad a la que México resultaba menos expuesto por estar en condiciones para hacerle frente (adivinen quién lo dijo… tiene casita en Malinalco). Sin embargo, el deterioro del peso mexicano va a paso veloz, y con subasta de dólares y todo lo demás ayer debieron pagarse 15.14 bilimbiques para obtener un dolarito.

Ahora bien, el gobierno peñanietista –acostumbrado a volver la mirada a otra parte para no hablar del tiradero interno– bien podría presumir que el peso se desploma a un ritmo menor que el rublo ruso, al que ayer le fue como en feria. Y esta enorme cuan bella nación registra problemas similares a los mexicanos en cuanto a caída en el precio de su barril petrolero, de cuyo ingreso dependen mayoritariamente sus finanzas públicas, y volatilidad temporal de su tipo de cambio.

Como bien lo narra el corresponsal de La Jornada en Rusia, Pablo Duch, “nadie sabe hasta dónde seguirá cayendo la moneda nacional y a qué se debe que hoy hubo un momento de auténtico pánico en que el tipo de cambio llegó a 80 por dólar y a 100 por euro, estableciéndose la cotización hacia el final del día en 72.4 por dólar y 90.9 por euro, lo que representa una depreciación del rublo de 60 por ciento respecto de comienzos de año.

“Tras el descalabro de ayer –cuando el rublo sufrió la mayor caída en un día desde 1998 al descender hasta 63.4 por dólar y 78.8 por euro– en la madrugada de este martes el Banco Central de Rusia tomó la decisión de subir de 10.5 a 17 por ciento la tasa de referencia anual, en lo que constituye el sexto aumento este año desde el 3 de marzo anterior, cuando estaba en 5.5 por ciento”. Pero el camarada Putin no debe preocuparse, porque el hijo predilecto de Malinalco ya dijo que todo esto es “temporal… Tuvimos que elegir entre algo malo y algo mucho más malo”, intentó justificarse el Banco Central”.

Ya entrados en derroches de volatilidad pasajera, ayer el principal indicador de la Bolsa Mexicana de Valores volvió a perder terreno, aunque en una proporción menor a la reportada la víspera: -0.27 por ciento, suficiente para que los señores de la especulación sudaran copiosamente. Sin embargo, el precio de las acciones de algunos corporativos se fueron mucho más al fondo, como en el caso de Transportación Marítima Mexicana (TMM) que se desplomó cerca de 15 por ciento.

A las empresas de Carlos Slim también les fue mal: los papeles de América Móvil registraron minusvalías (término oficial para evitar decir pérdidas) por alrededor de 7 por ciento; los de Sanborns cayeron 3.64; los de Minera Frisco 3.14 y, para redondear, los de Grupo Carso 2.81 por ciento. En esta ocasión, la empresa que públicamente enorgullece al inquilino de Los Pinos salió bien librada.

En fin, para todos aquellos que no creían en el México en movimiento de Enrique Peña Nieto, pues he allí las muestras.

Las rebanadas del pastel

Todo lo anterior, desde luego, independientemente de la creciente protesta social, de la barbarie de Ayotzinapa y el cabalgar de la violencia (que supera al del calderonato, lo que ya es decir), las cuales, según el ciego titular de Relaciones Exteriores, no afectan la imagen de México.

Twitter: @cafevega