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Puntos sobre las íes

Carlos Arruza XXXV

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Solidaridad. Toreros participan durante una manifestación en solidaridad con un grupo de novilleros que permanecen en huelga para que las corridas de toros regresen a Bogotá, en la Plaza de toros de Santamaría, en la capital de ColombiaFoto Xinhua
¡V

aya situación!

Una severa cornada, un médico etílico, pago por adelantado y un aterrado estudiante para atender a El Ciclón era el panorama en Bogotá, en tanto los dolores en la pierna iban en aumento y, en vista que el aguerrido jovenazo se declaró incompetente, Cerrillo, bañado en sudor, trataba de localizar alguno de los médicos, pero a ninguno pudo encontrar.

Y, de pronto, vestido de luces y tapada la boca como suelen hacerlo los médicos, apareció el doctor Cerrillo para indicarle al muchacho lo que debía hacer: dónde cortar, cómo buscar las trayectorias –todo esto, con Carlos consciente ya que había pedido no lo anestesiaran, sino que le pusieran una inyección en la pierna para calmarle el dolor y, en calidad de paciente y testigo, fue que El Ciclón pudo dar fe que el más asustado de los tres era el muchacho que a punto estuvo de desmayarse al terminar el director médico con sus atinadas instrucciones.

Y desde aquel día, a Cerrillo no se le conoció ya más como El Bachiller, sino que pasó a ser El Doctor Cerrillo.

Por la mañana, un médico del hospital revisó al herido, calificando la operación como todo un éxito.

Ay, con aquel vestido moradito…

+ + +

La fe perdida.

Después del calvario y con la pierna muy dolorida, perdió Carlos la fe en sí mismo y, por lo mismo, consideró que debía alejarse de los trajes de luces y cuando Manolo dos Santos fue a visitarlo, le dijo que lo esperara, que vería la forma de poderle pagar a pesar de que se iba a cortar la coleta.

El portugués se rió, le dijo que se dejara de pensar tonterías y que, además, todavía tenía mucho que andar por los senderos taurinos.

Y volvió la fe.

El viaje de regreso a México fue por demás molesto, los dolores en la pierna no cesaban y tenía dificultad para doblarla. Fue el doctor Javier Ibarra quien lo dejó como nuevo a base de ejercicio y masajes.

Y al éxito de nuevo.

+ + +

Una docena para el pago.

Reapareció en la plaza portuguesa de Santarem, donde alcanzó un triunfo de los grandes (el desiderátum), alternando con Manolo dos Santos y Luis Procuna y de qué calibre sería el éxito que, de inmediato, le llovieron contratos para torear en la Europa taurina. Cuando llevaba una docena de corridas pudo pagarle el total del dinero que le había prestado Manolo dos Santos y todavía algo le quedó.

Entre torear en España, Portugal y Francia, estableció su cuartel general en Sevilla, lo que extrañó a El Doctor Cerrillo y al Chico Pollo Aguilar, así que le preguntaron por esa decisión y, con toda sinceridad, les dijo: es que quiero tratar de ver a mi novia, después de los tres plantones que le di.

Así que se dio a buscarla y un domingo, estando Carlos de espectador, la vio a lo lejos y le hizo señas que le hablaría por teléfono, pero ella –Mari Carmen Vázquez– ni lo peló, así que al terminar la corrida Carlos se fue corriendo al hotel, la llamó y, de buenas a primeras, le preguntó si quería casarse con él y ella ni pío dijo, así que El Ciclón, llevado por uno de esos increíbles prontos, que sacudían multitudes en las plazas, salió de volantín boleto y quién sabe qué tanto le diría a la hermosa sevillana, insistiéndole en que quería hablar con su papá para pedirle su mano.

Ella accedió y acordaron que Carlos le caería de sorpresa a don Lázaro en el café donde acostumbraba ir por las mañanas.

Y así fue.

Carlos se levantó con el alba y les dijo a Aguilar y a Cerrillo que se pusieran de pipa, guante y anteojo, pues los necesitaba para dar un paso trascendental en su vida.

–¿Y cuál es ese paso?

–Voy a pedir a Mari.

Los dos enmudecieron.

Llegaron, pues, al café y Carlos comenzó a hablar y hablar y su futuro suegro le atajó a la vez que le decía: está bien, consiento, pero entiende que no es por ti, sino por ella que tanto ha sufrido por culpa tuya.

Salió El Ciclón hecho un verdadero ciclón y se fue a ver a la novia. Poco después, hablaron los dos con doña Cristina y todo quedó arreglado para el enlace.

Hubo que pedir varios documentos a México y, en tanto llegaban, se fue Carlos a torear a Portugal, obteniendo uno de sus más sonados triunfos por aquellos lares.

(AAB)