Sociedad y Justicia
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Aumentan críticas en España ante fallas y cadena de errores

Acusa consejero de sanidad a enfermera de mentir y provocar su contagio
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El sacrificio de Excalibur, el perro de Javier Limón y Teresa Romero, la auxiliar de enfermería con ébola, provocaron la indignación de vecinos de la localidad madrileña de Alcorcón y miembros del Partido Animalista. La furgoneta de la Universidad Complutense que lo trasladó fue seguida al grito de asesinos. Un joven de 30 años resultó herido al caer y golpearse la cabezaFoto Ap
Corresponsal
Periódico La Jornada
Jueves 9 de octubre de 2014, p. 39

Madrid, 8 de octubre

Ante el aumento de las críticas y las exigencias de dimisión, el gobierno español, presidido por el conservador Mariano Rajoy, cambió de estrategia en torno al contagio de ébola en España y enfocó sus baterías contra la enfermera infectada, a la que acusó de mentir y de ser la responsable de su propio contagio al no cumplir con el protocolo establecido para el dispositivo sanitario.

La versión fue desmentida tanto por la propia Teresa Romero como por los colectivos de médicos y enfermeros de la sanidad madrileña, que acusan a la administración de improvisación y de no dotar de los medios necesarios a los profesionales para afrontar el caso.

Romero integró el equipo sanitario que intentó salvar la vida de Miguel Pajares, un médico-misionero que fue el primer europeo enfermo de ébola en ser repatriado de África. Pajares fue ingresado en el hospital Carlos III y falleció el 12 de agosto pocos días después de haber sido trasladado desde Liberia.

La enfermera está ingresada en el mismo nosocomio, su situación es grave y se encuentra aislada y prácticamente sin comunicación con el exterior, al igual que su marido, Javier L.R.

Hasta el cierre de esta edición, sumaban seis las personas en observación ante un posible contagio de la enfermedad para la que no se conoce cura, y que se caracteriza por diarrea, vómitos, fiebre, y daños renal y hepático. La incubación del virus se demora 21 días.

El gobierno español empezó a responsabilizar a la propia enfermera, primero a través de los directivos del hospital Carlos III, que insinuaron que la enfermera se pudo haber infectado por un fallo de ella misma al quitarse los guantes y tocarse la cara. Estaríamos ante un fallo humano y no del método y el sistema desarrollado por el gobierno para atender al médico-misionero, alegó el gobierno.

El Consejo Español de Enfermería, en un comunicado, replicó: Si Sanidad tiene evidencia científica de que efectivamente se ha producido tal error que lo demuestre y haga públicas las pruebas a la mayor brevedad posible; pero si no es así, que haga un ejercicio de responsabilidad y coherencia y no crucifique a un profesional que en estos momentos lucha por sobrevivir a una letal infección, un riesgo que ha asumido por cumplir con su deber y vocación de atender a un enfermo que necesitaba sus cuidados.

Lo más grave vino por parte del consejero de sanidad de Madrid, Francisco Javier Rodríguez, quien directamente acusó a la enfermera de mentir: Esta paciente nunca superó los 38.6 de fiebre, también es verdad que a raíz de los resultados nos pudo haber estado mintiendo, pero eso lo pongo yo de mi cosecha, no lo podemos demostrar.

Por último, entre gritos de asesinos y dimisión fue sacrificado el perro Excalibur, que según las palabras de la propia enfermera y su marido era su única familia. Después de ser ejecutado con una inyección fue trasladado a una incineradora, en cumplimiento de la orden girada por la consejería de Madrid.