Opinión
Ver día anteriorDomingo 21 de septiembre de 2014Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Ecocidio industrial
El rostro del barón
G

ermán Larrea se vio en la fastidiosa necesidad de descender al mundo terrenal, mostrar la cara y rozarse públicamente con la plebe del poder mortal, porque finalmente su desmedida ambición rebasó todos los límites, si es que algún día se los marcaron, y puso a parir incluso a quienes desde el gobierno todo le permiten y encubren, pues el costo político de mantenerlo impune alcanzó niveles exorbitantes.

Más allá de sus socios, padrinos políticos, abogados de cabecera y amigos en el mundillo de las carreras de caballos (una de sus pasiones y, desde luego, de sus negocios), hasta ahora nadie conocía bien a bien la fisonomía del llamado multimillonario sin rostro, pero el ecocidio provocado por una de sus minas en Sonora terminó por desnudarlo, en todos los sentidos: desde la mismísima Presidencia de la República circularon su fotografía, actual, sin retoques y a todo color. Así, se acabó el anonimato, pero aún no la impunidad.

A lo largo de su historia familiar, cuando menos son cuatro los principales ángeles de la guarda que los Larrea pueden presumir, todos ex presidentes de la República: Miguel Alemán Valdés, Carlos Salinas de Gortari, Vicente Fox y Felipe Calderón. En la primera etapa, con Jorge Larrea Ortega, fundador del clan, los dos primeros fueron decisivos en los negocios y el incremento de los haberes; en la segunda, con el junior Germán al frente de la tribu, el par de panistas se convirtió en pieza clave para la consolidación del imperio y la fortuna, fundamentalmente con los bienes de la nación.

Poco antes de morir, en marzo de 1999, a papá Larrea (fundador del Consejo Mexicano de Hombres de Negocios, la élite de élites) Forbes le atribuyó una fortuna cercana a mil 100 millones de dólares, producto de su participación en los negocios a la mexicana, su cercanía con los ex presidentes y sus amistades en la alta clase política: Tubos de Acero de México (asociado con Bruno Plagiai), Cementos Tolteca, Banca Serfin (rescatada por Fobaproa), TMM, Industrial Minera México, Inverlat (que se quedó con el Banco Comermex, también rescatado por Fobaproa), DESC, Seguros América, Mexicana de Ácido Sulfúrico, La Caridad (quebrada en 1988 por el patriarca, saneada por el gobierno y regresada poco después al mismo patriarca) y la joya Minera de Cananea (entregada a precio matado por Carlos Salinas, luego de asumir pasivos, sanearla financieramente y utilizar al ejército para limpiar la casa y el contrato colectivo), con lo que de la noche a la mañana acaparó 90 por ciento del cobre nacional).

No es casual, que algunos de los socios del clan Larrea hayan sido el citado Pagliai, Carlos Girón Peltier (yerno del ex presidente Alemán) Miguel Alemán Velasco, Claudio X. González Laporte (chile de todos los moles), Antonio Ruiz Galindo, Juan Sánchez Navarro, Prudencio López Martínez, José Mendoza Fernández, Rómulo O’farril Jr., Enrique Rojas Guadarrama, Rafael Moreno Valle (abuelo del actual gober-bala de Puebla) y Rolando Vega Íñiguez, comerciantes, industriales, banqueros y, especialmente, amigos y socios de la clase política. Por cierto, en 1993, con Jorge Larrea Ortega en primera fila, muchos de ellos asistieron a la famosa cena en casa de Antonio Ortiz Mena, durante la cual Carlos Salinas de Gortari pasó la charola (25 millones de dólares por cabeza, y se los dieron) para financiar la campaña presidencial priísta.

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Germán Larrea, al pendiente de su cuadrilla de caballosFoto La Jornada
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A la muerte de su padre tomó posesión de su imperio y multiplicó la herenciaFoto La Jornada
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Sólo el aparato judicial estadunidense ha logrado sentar en el banquillo de los acusadosFoto La Jornada

Poco antes de que Salinas entregara la Compañía Minera de Cananea a Jorge Larrea Ortega, en 1990, los activos totales de Grupo México (entonces denominado Grupo Industrial Minera México) no rebasaban los mil millones de dólares; al morir el patriarca –ya Cananea en su inventario– reportó activos cercanos a 10 mil millones, y al cierre del primer semestre de 2014 sumaban cerca de 22 mil millones.

Murió papá Larrea y Germán tomó plena posesión del imperio. En apenas dos sexenios –los de Fox y Calderón– multiplicó por 15 la fortuna heredada y se fue a las nubes (de las que no acostumbra descender), hasta convertirse en el segundo hombre más rico de México y en el número 64 a nivel mundial, con 15 mil 700 millones de dólares, de acuerdo con el más reciente informe de Forbes, equivalente a 1.3 por ciento del PIB mexicano para él solito. Aunque también fue beneficiado con otras privatizaciones, rescates y extranjerizaciones (por ejemplo, Banamex, Banco del Atlántico, Ferronales), el incremento sustancial y permanente de sus haberes está en el sector minero, donde hace y deshace a capricho, sin que autoridad alguna lo incomode. La nación, pues, a su servicio.

En tiempos panistas, más allá de los propios inquilinos de Los Pinos, Germán fue impúdicamente protegido (especialmente en su ataque al sindicato y en Pasta de Conchos) por los gabinetazos blanquiazules, aunque de forma destacada por los secretarios de Gobernación y del Trabajo: Carlos Abascal (quien ocupó las dos posiciones), Juan Camilo Mouriño, Fernando Gómez Mont (sempiterno abogado del barón de la minería), Francisco Javier Salazar Sáenz (proveedor de productos químicos para Grupo México) y Javier Lozano Alarcón, hoy premiado con un escaño. Y, cuando menos hasta antes del derrame tóxico, por la misma senda caminaba el actual titular de la STPS, Alfonso Navarrete Prida. Lo anterior, desde luego, sin olvidar los muchos favores recibidos –no gratuitos, cierto es– por parte de los gobiernos estatales y de los poderes Legislativo y Judicial.

Hasta ahora sólo el aparato judicial estadunidense ha logrado sentar a Germán Larrea en el banquillo de los acusados. En junio de 2008 un tribunal texano lo culpó por la quiebra fraudulenta de Asarco, que el barón adquirió en 1999 y reventó seis años después, tras canibalizar a la empresa, sacarle lo mejor y trasladarlo a Southern Perú Cooper, de su propiedad, y simplemente quebrar lo demás. Sin embargo, todo se arregló con una multimillonaria multa.

En fin, he allí algunos elementos que pintan de cuerpo entero al ahora multimillonario con rostro, quien con sus cuadrillas de caballos (San Jorge) también hace de las suyas en el Hipódromo de las Américas.

Sólo resta conocer si Los Pinos se limitó a circular la foto o irá mucho más allá, como debe ser.