Opinión
Ver día anteriorSábado 16 de agosto de 2014Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Tres de celuloide, con música
S

uponiendo, claro, que fueron filmados en película química y no en video digital; no me consta ni lo uno ni lo otro. El caso es que en semanas recientes han tenido presencia en la abominable cartelera comercial de esta sufrida ciudad tres filmes de asunto musical, de diverso origen, intención y resultados, que enlisto y gloso brevemente en el orden decreciente de mi personal apreciación (o falta de ella).

1. Jersey Boys (Clint Eastwood, 2014). Para no perder la costumbre, los idiotas distribuidores y exhibidores le endilgaron el inane título de Persiguiendo la música. ¿Cuándo aprenderán? Nunca, por lo visto. Se trata de una clásica biopic grupal que traza el origen, ascenso, culminación y caída del cuarteto vocal The Four Seasons. La historia es atractiva, la música muy buena, los personajes interesantes, los hitos musicales, sociales y culturales están bien perfilados y la película, surgida del musical homónimo, muestra al muy veterano Eastwood en pleno dominio de su oficio, no sólo el de hacer cine sino también el de hablar de música y músicos a través del cine. Además de sus virtudes musicales, Jersey Boys ofrece al espectador numerosos e interesantes apuntes sobre la cultura italo-estadunidense de los años 60, lo que enriquece el aspecto social de la cinta.

2. One chance (David Frankel, 2013). Exhibida aquí como Mi gran oportunidad, es una sencilla y optimista narración de la edificante historia de Paul Potts, un joven inglés de clase obrera cuya voz y perseverancia (claro, en contra de numerosos obstáculos) lo llevan a ganar el famoso reality Britain’s Got Talent y a realizar después una modesta carrera musical que lo sacó de la pobreza y, de rebote, lo condujo a la política. El filme es sencillo, directo, sin pretensiones y a pesar de estar profusamente habitado por clichés y momentos predecibles, no deja de tener sus puntos emotivos. Eso sí, el paquete completo está muy bien armado para suscitar alternativamente nuestra compasión, solidaridad, admiración y envidia por Paul Potts.

3. The devil’s violinist (Bernard Rose, 2013). Este Violinista del diablo es un muy fallido intento de explorar la fascinante figura del demencial violinista y compositor genovés Nicolò Paganini. Los aspectos más interesantes de su vida y su música quedan sepultados bajo una tonta historia de amoríos frustrados durante una gira a Londres y una burda aproximación dramática a los supuestos tratos de Paganini con el Diablo, todo ello con una notable ausencia de enjundia narrativa, un ritmo soporífero y un inexistente atractivo visual. Además de que se presenta a este complejo músico como una especie de padrotillo seductor lleno de tics y manías, lo poco de su música que se escucha en el soundtrack está intolerablemente falseado y alterado. No ayuda para nada el hecho de que el actor protagónico sea David Garrett, un violinista famoso por haber logrado el récord Guinness de la mayor velocidad de dedos y arco en su instrumento. Como si eso fuera un mérito en sí mismo. Lo único medianamente rescatable de este horror perpetrado por Bernard Rose es el apunte social que presenta a Paganini como una especie de rockstar avant la lettre. Sin embargo, esto lo hizo, mucho antes y mucho mejor, Ken Russell en su desaforada cinta Lisztomanía de 1975.

Como encore o bis o pieza de regalo, ofrezco a mis lectores la siguiente advertencia. Ya se anuncia, ya se viene, ya la vi, y ya llega a nuestra cartelera de quinto mundo un bodrio titulado Grand Piano (Eugenio Mira, 2012), otra película musical que, además de un argumento muy tonto y una realización abominable, tiene el plus de contar con uno de los más egregios casos de miscast del cine reciente: en el papel de un famoso pianista de concierto, Elijah Wood, alias Frodo Baggins. Evítela como la peste y me lo agradecerá. Así, además de ahorrarse el tiempo y el dinero que invertiría en verla, se salvará de tener que ponerse en contacto con esa impresentable y nociva empresa exhibidora que es Cinemex y con su muy incompetente personal.