Deportes
Ver día anteriorSábado 26 de julio de 2014Ver día siguienteEdiciones anteriores
Servicio Sindicado RSS
Dixio

Tras cerrar el Sambódromo, hacen pulseras y objetos artesanales para ofrecer en la playa

Pontoni, uno de las decenas de argentinos que aún siguen en Brasil sin planes de volver a casa
 
Periódico La Jornada
Sábado 26 de julio de 2014, p. a14

Río de Janeiro, 25 de julio.

Lucas Bazán Pontoni busca en sus bolsillos los 45 centavos que cuesta un plato en un comedor comunitario del centro de esta ciudad. No le alcanza con lo que tiene y un conocido le presta para esta comida subvencionada por el gobierno.

Pontoni, uno de los 160 mil argentinos que viajaron a Brasil para el Mundial, difícilmente encaja con la imagen de extranjeros adinerados que dejaron unos 3 mil millones de dólares durante el mes que duró el torneo.

El actor de 23 años no tiene dinero ni planes inmediatos de regresar a casa, dos semanas después de que Alemania venció a Argentina en la final del pasado 13 de julio.

Brasil es increíble, quiero quedarme, comentó Pontoni, quien acampó en el Sambódromo de Río hasta que cerró la semana pasada, comiendo en comedores comunitarios y buscando trabajos ocasionales para pagar el boleto de autobús con el que visita el norte de Brasil. Podrían ser semanas, o meses, o más. Voy a ver dónde me llevan la vida y la carretera.

Los medios locales informan que decenas de miles de argentinos que vinieron por el Mundial siguen en el país. Parecen ser en su mayoría jóvenes y varones, sobre todo veinteañeros. Menos de un tercio son mujeres.

La policía federal brasileña no respondió a peticiones telefónicas y correo electrónico buscando una confirmación de cuántos argentinos siguen en el país, pero a las autoridades les preocupa la perspectiva de tener un gran número de extranjeros vendiendo artesanías, haciendo malabares en los cruces para pedir dinero o dependiendo de servicios sociales estatales.

Aunque la otrora pujante economía de Brasil ha perdido fuerza en los años recientes, la situación es mejor que en Argentina, asediada por la crisis, con dificultades para obtener moneda extranjera y una de las tasas de inflación más altas del mundo.

Antonio Pedro Figueira de Mello, responsable de la agencia de promoción de turismo de Río, reconoció que los controles en los mil 260 kilómetros de frontera con su vecino del sur podrían haber sido demasiado laxos durante la Copa del Mundo.

La cantidad de argentinos nos tomó por sorpresa. En cualquier lugar del mundo la gente tiene que decir a dónde va, cuánto tiempo va a quedarse, qué recursos tiene y si cuenta con seguro de salud. Eso no se hizo, señaló.

Según medios de prensa, el consulado argentino ayudó a organizar el transporte para las personas que se habían quedado sin dinero o que perdieron o sufrieron el robo de sus documentos, pero muchos no estaban interesados en esa ayuda.

Pero éstos no son los únicos extranjeros que vinieron por la Copa y permanecieron en Brasil. La semana pasada la policía informó que varios cientos de ghaneses pidieron asilo y el gobierno analiza las solicitudes.

Aunque controlar a los argentinos puede ser más difícil, ya que no necesitan visas.

Luego de ser desalojados del Sambódromo, Pontoni y una decena de compatriotas se mudaron a un parque cercano, donde descansan sobre la hierba con sus grandes mochilas. Allí hacen pulseras con cuerdas y preparan otros objetos artesanales para vender en la playa.

No creo que vaya a volver. Vine para el Mundial, pero ahora creo que estoy aquí para quedarme, comentó Martín Sichero, de 25 años y amigo de Pontoni.