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Ochenta años del Palacio de Bellas Artes

Glosan la historia del entrañable merengue blanco de ribetes dorados
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Jaime Labastida, María Cristina García Cepeda, Margo Glantz, Elena Poniatowska y Bernardo Ruiz en el máximo recinto cultural del paísFoto María Meléndrez Parada
 
Periódico La Jornada
Viernes 18 de julio de 2014, p. 4

Tres escritores en el Palacio de Bellas Artes. La Premio Cervantes Elena Poniatowska, Margo Glantz y Jaime Labastida se reunieron la noche del miércoles para participar en la mesa La vida literaria en el Palacio.

Esta conferencia sobre la influencia literaria del Palacio de Bellas Artes, se inscribe en las actividades por los 80 años del máximo recinto cultural del país, cuya construcción inició Adamo Boari en 1904 y se concluyó en 1934 con Federico Mariscal, cuando abrió sus puertas.

El escritor Bernardo Ruiz, quien fue el moderador, señaló que el Palacio de Bellas Artes es el mayor foco de la cultura, con la presencia de autores de gran nivel y el lugar donde se han mostrado expresiones e inquietudes del arte internacional. Los autores invitados, añadió, son parte de esta memoria y de una larga trayectoria de lo que es conocer el mundo y la vida literarios y la motivación de muchos escritores para poder expresarse, acercarse al público y romper el mito de que la literatura es un placer para solitarios.

El poeta, filósofo y ensayista Jaime Labastida, director de la Academia Mexicana de la Lengua, leyó El espacio de la literatura en los 80 años del Palacio de Bellas Artes, texto en el que partió de la pregunta ¿Qué espacio ocupa, qué espacio ha ocupado la literatura en el Palacio de Bellas Artes, desde que abrió sus puertas.

La pregunta, dijo, podría ser de otra manera: ¿qué importancia ha tenido la literatura en el Palacio y en el propio Instituto Nacional de Bellas Artes?

“El nombre oficial del instituto es Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura. Ya se sabe por consecuencia que la ‘ye’, a la que antes dábamos el nombre de ‘i griega’, es una conjunción copulativa que une pero también separa, corta y divide en dos grandes áreas las actividades del instituto, parecería mostrarnos que en el interior del palacio y del instituto están las llamadas Bellas Artes y la Literatura.

Sin embargo, al examinar estos dos aspectos en que se divide el instituto advertimos que no guardan una proporción simétrica. No hay simetría en el espacio ni en el presupuesto destinados a una u otra actividades: la Sala Principal del palacio está destinado a las artes estéticas, sus grandes salones tienen vocación de museo y en ellos se exponen las artes plásticas, mientras que el espacio que se dedica a la literatura se reduce a éste, a la Sala Manuel M. Ponce, que lleva el nombre de un músico, y no es sólo para conferencias y actos relacionados con la literatura sino también para recitales de música de cámara.

Recordó que el palacio nació como Teatro Nacional, pero se convirtió en Palacio de Bellas Artes porque se consideró que era una bota ostentosa, un insulto a la pobreza, un monstruoso adefesio blanco que no respondía a los anhelos de la Revolución.

El palacio es el más bello del los teatros renacentistas que restan en el planeta y es necesario que todo él esté dedicado al conjunto de las artes y no sólo a la literatura o sólo al teatro como se pensó en su origen, concluyó.

Margo Glantz habló de su paso por la Dirección de Literatura del instituto, en los años 80, y de sus primeros recuerdos en el Palacio de Bellas Artes, que pisó siendo niña y acompañada de sus padres. Está ligado a mi autobiografía y está ligado a historia de la cultura posrevolucionaria de México.

Elena Poniatowska se refirió al palacio, como el entrañable merengue blanco de ribetes dorados (su texto se reproduce en esta página), por donde han pasado los grandes de todas las bellas artes.