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Música y poesía en el homenaje de la UNAM a El Gran Cocodrilo por su centenario

Efraín Huerta es un poeta entre los más grandes: José Narro

Fue un personaje extraordinario, comprometido, de gran congruencia y enorme sensibilidad, define el rector de la máxima casa de estudios

Refrenda la defensa de la institución por la cultura, por el arte y por ese conjunto de actividades sin las cuales una sociedad está perdida

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David, Eugenia y Andrea –hijos de Efraín Huerta– y José Narro Robles, rector de la Universidad Nacional Autónoma de México, ayer, en el Anfiteatro Simón Bolívar del Antiguo Colegio de San Ildefonso durante el acto central en memoria del autor del poema Los hombres del albaFoto Cristina Rodríguez
 
Periódico La Jornada
Jueves 19 de junio de 2014, p. a11

La declaración de amor a la ciudad de México y a los personajes que son sus calles, la loa a la mujer de la ruta Juárez-Loreto, el homenaje a los hombres del alba, la poesía de Efraín Huerta (1914-1982) retumbó este miércoles en el Anfiteatro Simón Bolívar del Antiguo Colegio de San Ildefonso.

Con poesía y música la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) recordó al poeta en su centenario, cuya fecha exacta se cumple el 18 de junio.

El rector José Narro consideró al poeta guanajuatense no sólo como un insigne universitario, sino también como uno de nuestros más grandes poetas, un personaje extraordinario, comprometido, un hombre inteligente, de gran congruencia y enorme sensibilidad, un poeta entre los grandes.

Un poeta comprometido, solidario con causas populares, un hombre que sumaba a la inteligencia, a su sabiduría, el sentido del humor, una persona extraordinaria, entonces.

En el homenaje, el rector José Narro Robles reivindicó la defensa de esta institución de enseñanza superior por la cultura, por el arte y por ese conjunto de actividades humanas sin las cuales una sociedad está perdida y esto lo hará de manera permanente.

Por fortuna, en el caso de nuestra sociedad, el país cuenta con la universidad y con extraordinarios humanistas, aseguró el funcionario universitario, para luego enfatizar que mientras la poesía y los poetas le canten a las cosas, mientras los poetas nos compartan los sentimientos más profundos, mientras hagan valer su voz por los que menos tienen, habrá salida para nuestros asuntos y problemas.

Guía de destino de una colectividad

En su turno, David Huerta, hijo de El Gran Cocodrilo, definió a éste como un autor que fue sensible a la utopía encerrada como un diamante en la ciudad moderna y, también, al infierno que formamos estando juntos.

Tal es la razón, agregó, por la que le declaró simultáneamente su odio y su amor a la ciudad de México y por eso mismo lo recordamos como un poeta que nos muestra caminos para salir del infierno.

Rememoró la faceta universitaria de su padre, de cómo éste al lado de sus compañeros y camaradas sintieron el aliento de la energía utópica entre los muros de la preparatoria de San Ildefonso.

“San Ildefonso es el lugar donde ese puñado de brillantes jóvenes mexicanos encontraron hace 80 años los objetos de su deseo: la amistad, el amor, la poesía, la solidaridad. Este edificio está lleno de presencias y de voces, de imágenes envidiables y de ecos y resonancias de un pasado al que los mexicanos, los universitarios y los habitantes de esta ciudad no podemos renunciar a riesgo de poner en peligro el sentido fecundo de nuestra convivencia.

En San Ildefonso dieron sus primeros pasos los protagonistas culturales más notables del siglo XX en nuestro país, entre ellos el poeta Efraín Huerta, sostuvo.

Y remató: Nos da motivo en su poesía para encontrar los valores que debieran guiar el destino de una colectividad.

Asimismo, los locutores Margarita Castillo y Emiliano Martínez Escoto fueron los encargados de declamar algunos de las más célebres textos de Efraín Huerta, como Declaración de amor, Esta región en ruinas y Los hombres del alba.

La parte musical del homenaje al poeta, en el histórico edificio de Justo Sierra 16, Centro Histórico, correspondió a la pianista Gabriela Pérez Acosta y la mezzosoprano Rebeca Samaniego, con arreglos del compositor Mario Ruiz Armengol.