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Fueron retirados de su espacio original en una iglesia de Oaxaca, informa el INAH

Recuperan tres retablos del siglo XVII; fue un proceso de ocho años

Habitantes de Santa María Zoochixtepec querían cambiar el de mayor dimensión por uno nuevo, dice investigadora

Algunos fragmentos restaurados sufrieron graves daños, señala el instituto

 
Periódico La Jornada
Martes 29 de abril de 2014, p. 4

Especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) concluyeron la restauración de tres retablos que fueron retirados de su espacio original en la iglesia de Santa María Zoochixtepec, en Villa Alta, Oaxaca.

Las tres piezas, realizadas en el siglo XVII, se encuentran ahora en el Centro Académico y Cultural San Pablo y en el Museo de las Culturas, en la ciudad de Oaxaca.

Los trabajos de restauración comenzaron en 2006, a cargo de Fernanda Martínez Camacho, de acuerdo con un comunicado dado a conocer por el INAH.

La historia comenzó cuando después de los sismos de 1999 se realizaron trabajos para estabilizar el retablo mayor, pero los habitantes de la comunidad querían cambiarlo por uno nuevo.

Algunos expertos fueron al lugar para hablar con ellos, refiere Martínez Camacho, y explicarles que se trataba de una obra de alto valor histórico, estético y social, y que no podían deshacerse de ella, pues también es un elemento de identidad colectiva, pero no hubo eco en la población, porque tiempo después se presentó la denuncia de que el retablo había sido removido y estaba fuera del templo.

Humedad y ataque de mosquitos

El retablo mayor, una obra barroca del siglo XVIII dedicado a la Virgen del Rosario, mide seis metros de alto por 5.5 metros de ancho; los otros dos son de menores dimensiones y se encontraban en la nave del templo”.

En 2006 se iniciaron los trabajos de recuperación y restauración, primero con el registro de los fragmentos de los retablos que sufrieron graves daños al ser separados del templo. Había más de mil 500 piezas, entre molduras, tallas y otros elementos que se fotografiaron y dibujaron. La humedad, el ataque de insectos y la falta de mantenimiento afectaron su conservación, además de que los daños se acrecentaron cuando los sacaron y estuvieron expuestos al sol y la lluvia. Primero se trabajó con recursos del INAH y después con el apoyo financiero de la Fundación Harp Helú, indica el comunicado.

Tras separar los fragmentos, se inició el armado y restauración que tomó mucho tiempo debido al grado de deterioro causado por las goteras (cuando estaban dentro del edificio) y después por los insectos que se comieron la madera y provocaron que las capas de policromía y el dorado se desprendieran.

Foto
Aspecto del retablo mayor, obra de alto valor histórico, estético y social, así como elemento de identidad colectiva, argumento que fue insuficiente para evitar que la comunidad lo moviera y pusiera fuera del templo, La pieza se puede admirar en el Centro Académico y Cultural San Pablo, en la capital de OaxacaFoto cortesía del INAH

Una vez que se acondicionó el espacio y se tuvo conocimiento de la técnica de manufactura de la talla, los expertos la rearmaron y consolidaron. Fue una ardua labor diseñar las estructuras que ayudaron a que la pieza se colocara de nuevo en pie y se apreciara en el museo ya sin su función religiosa.

Los habitantes de Santa María Zoochixtepec se quedaron con las pinturas y esculturas del retablo barroco para decorar el nuevo, por lo que los restauradores optaron por hacer una revaloración de la imagen recuperando su factura y sus acabados, mediante la reposición de sus volumetrías, relieves, dorados y policromía, independientemente de la iconografía y del sentido litúrgico que tuvo, se lee en el documento del INAH. Añade que en la parte posterior de la obra se encontró un texto del siglo XVIII con los nombres de los santos que se encontraban en los nichos, y también tiene en el frente los nombres del dorador, la fecha en la que se mandó hacer y los nombres de los imtegrantes del cabildo, el cura, y los que participaron en su elaboración.

Fernanda Martínez Camacho, del Centro INAH Oaxaca, dijo que el retablo “realmente guarda toda una historia, incluso hallé en otras iglesias de la Sierra Norte oaxaqueña retablos con la firma del mismo dorador. Con ello se recupera la labor de un gremio de artesanos que hicieron retablos en la región a mediados del siglo XVIII.

Actualmente la imagen se encuentra en el Centro Académico y Cultural San Pablo, con acceso gratuito, y el INAH firmó un convenio de comodato con la Fundación Harp Helú para que la pieza quedara bajo su resguardo con la posibilidad de que muchas personas puedan admirarla.

Las otras dos pinturas se integraron al Museo de las Culturas de Oaxaca, en un espacio que antiguamente era capilla, donde los frailes realizaban sus oficios religiosos. Después de que el edificio se transformó en museo, el área quedó como vestíbulo, en el que dichas obras evocan el uso original del inmueble.

El proyecto obtuvo mención honorífica como mejor trabajo de bienes muebles del premio Paul Coremans que entregó el INAH a finales de 2013.