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Adiós, papá grande

Era un hombre entrañable, era una delicia platicar con él: Elena Poniatowska

Conmociona a creadores nacionales la muerte del inventor de mundos

Fue fiel a sus ideas: Hugo Gutiérrez Vega; José Agustín lamenta la muerte de su compadre

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En una de las ocasiones que García Márquez acudió a La Jornada, solicitó visitar la mesa de redacción y compartió unos minutos con reporteros y editoresFoto Fabrizio León Díez
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Ruben Montedónico, Andrés Ruiz, José María Pérez Gay; Carmen Lira Saade, directora general de La Jornada; Gabriel García Márquez, Lilia Rosbach, Josetxo Zaldúa y Luis Hernández, durante la visita del premio Nobel de Literatura a esta casa editorial, el 12 de febrero de 2010Foto Fabrizio León Díez
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Xochimilco, 1993. La periodista Silvia Lemus, Manuel Camacho Solís (de espaldas, entonces regente capitalino), el escritor Carlos Fuentes, el director fundador de La Jornada, Carlos Payán Velver, y el autor de La hojarascaFoto Fabrizio León
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Con su hijo Rodrigo García Barcha. En el muro, la familia completa: Mercedes Barcha, el autor colombiano y sus hijos Gonzalo y RodrigoFoto Rogelio Cuéllar
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Con Elena Poniatowska en 1986Foto Pedro Valtierra / Cuartoscuro
 
Periódico La Jornada
Viernes 18 de abril de 2014, p. 4

Una profunda tristeza cubrió ayer las letras hispanoamericanas al conocerse la noticia del fallecimiento de Gabriel García Marquez, a quien sus colegas reconocen como un grande entre los grandes, pero, sobre todo, alguien que supo cultivar la amistad en el gremio.

Estos son los comentarios que expresaron algunos escritores a La Jornada, en recuerdo del gran Gabo:

Elena Poniatowska, escritora: Antes de abordar el avión que ayer la llevó a Madrid, donde el miércoles 23 recibirá el Premio Cervantes 2013, recordó la manera en que el autor de La hojarasca festejó su galardón.

“Cuando supo que me había sacado el premio, vino a la casa con un ramo de muchas pequeñas rosas amarillas. Vino con su camioneta, fue muy bonito. Casi llenó toda la plaza de mariposas amarillas. Venía a comer a la casa de vez en cuando, porque su hijo Rodrigo, casado con Pía Elizondo, vivía a dos casas de la mía antes de irse a vivir a París.

“Es una pérdida enorme para todos los que lo conocimos. Somos los amigos de antes del Nobel y así lo consideraba él, un hombre entrañable. Incluso, ya teniendo el Nobel era de lo más cariñoso y accesible. Era una delicia verlo y platicar. Decía cosas como, ‘¿Te gusta mi pantalón?’ Y yo le contestaba: “Pues sí, está padre’. Entonces, él respondía: ‘Bueno, quizá me pueda comprar dos o tres, porque si esos me quedan bien, mejor tener tres o cuatro”, cosa que ningún premio Nobel te consultaría. También preguntaba: ‘¿Crees que este gris combina con esto café?’ Tenía una vulnerabilidad que no he visto en ninguna otra persona; a él se le quedó a pesar del triunfo y el reconocimiento.”

–¿Con qué libro de García Márquez se queda usted?

–Los de antes leímos El coronel no tiene quien le escriba y los libros que le publicó Ficción Veracruzana. Pero también, obviamente, además de Cien años de soledad, El amor en los tiempos de cólera, Crónica de una muerte anunciada y muchas cosas de periodismo.

Fernando del Paso, escritor: “La noticia de la muerte de Gabo me ha afectado muchísimo, como individuo y como escritor. Me hice amigo de Gabo y mi esposa, Socorro de Mercedes, en los años sesenta, cuando Gabo escribía Cien años de soledad. Se nos ha ido un verdadero mago de la literatura, nada menos que el inventor, no tanto del realismo mágico como de la magia realista. Socorro y yo acompañamos a Mercedes, Rodrigo y Gonzalo en estos dolorosos momentos.”

José Agustín, escritor: “Es una pérdida desoladora, porque era uno de los mejores escritores que había en lengua española desde hace muchos años. Alguien comparaba Cien años de soledad con El Quijote y nunca pensé que fuera tan exagerado. Lo comencé a leer desde hace mucho tiempo, trabajamos en el cine. Paul Leduc logró contactarlo para hacer el guión de Bajo el volcán, de Malcom Lowry. Se escribió en Barcelona, adonde me llevaron. Estuve trabajando meses en ese proyecto. Gabo y yo nos hicimos muy amigos, al grado de que cuando regresábamos de España a México mi esposa esperaba a nuestro hijo más pequeño, José Agustín, y él quería ser el padrino, como finalmente ocurrió. Fue una relación muy bonita la nuestra. Lamento mucho la muerte de mi compadre.”

Hugo Gutiérrez Vega, poeta: “Sobre Gabriel García Márquez diría sólo tres cosas: muere uno de los grandes escritores del mundo, no sólo de la lengua española sino del mundo. Muere un creador de mundos, basados en la realidad y embellecidos o ensombrecidos por la magia. En segundo lugar, muere un hombre íntegro, coherente, fiel a sus ideas, ejemplo de periodismo honesto y libre. Y tercero, muere un hombre bueno, un maestro de varias generaciones, un iniciador en la lectura de muchas personas alrededor del mundo que gracias a sus Cien años de soledad entraron al mundo de la literatura. Es una gran pérdida. Es una muerte anunciada, pero de todas maneras duele y nos hace reconocer sus méritos y alabar su creación literaria.”

Bárbara Jacobs, escritora: “Prefiero repetir los fragmentos que siguen, que escribí para un homenaje en vida a Gabriel García Márquez (‘La condición de aprendiz’, en Un escritor sí tiene quien le escriba, Colección Editorial El Zócalo, Décima Segunda Feria Internacional del Libro en el Zócalo, México, octubre de 2012), que entretejer ningún comentario sobre él ahora que acaba de morir.

“Leí a Gabriel García Márquez antes de conocerlo en persona, y ninguno de los dos acontecimientos fue destrabado, ni leerlo por primera vez, ni mi primer encuentro personal con él, pero ambos son memorables.

(…) Me hice clienta asidua, entre otras que también me quedaban cerca, y que entonces estaban igualmente más o menos recién inauguradas, como la Gandhi original, de dos librerías en particular que estaban en la avenida de la Paz en San Ángel. Por una parte, se trataba de la sucursal del sur de la Librería Británica, y por otra, de la librería La Gacela, y aunque en todas, estas que menciono y otras, pronto llegué a desenvolverme con tanta familiaridad que no necesitaba, y hasta lo habría tomado como afrenta, que los libreros me recomendaran libros, en La Gacela mi desenvoltura y mi orgullo, no sé cuál de las dos actitudes más pueril, se toparon con la insistencia y las habilidades persuasivas de la dueña, más que del librero, un joven delgado y grácil y, salvo por los anteojos, adecuadamente parecido a una gacela, de que comprara Cien años de soledad, novela que acababa de ser publicada en Buenos Aires y de llegar a México. Resistí una o dos visitas antes de docilisarme y aceptar la invitación, no sólo a comprar este libro de un autor al que desconocía, sino a leerlo. Sin embargo, apenas obedecí, de inmediato se dio el encanto y, al igual que mi gratitud hacia La Gacela, la fascinación por el autor y la obra ha sido permanente, pues, a partir de esa cuasi forzada lectura del libro de García Márquez, más de cuatro décadas después puedo afirmar que no he vuelto a necesitar que nadie me insista en leerlo para leerlo, ya que a partir de aquella experiencia inicial, él se convirtió en uno de mis autores personales, es decir, en uno de mis maestros.”

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El autor de La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada asistió en marzo de 2009 al Festival Internacional de Cine de GuadalajaraFoto Arturo Campos Cedillo

Margo Glantz, escritora: “Desde hace tiempo sabíamos que Gabriel García Márquez, desde el punto de vista de la escritura, ya no iba a escribir nada más. Lo que produjo fue muy importante, forma parte de la literatura latinoamericana y universal. Aunque me interesan mucho varias de sus obras, desde El coronel no tiene quien le escriba, que fue un libro muy importante, ya se notaba la importancia de García Márquez, pero en ese momento no se dieron cuenta, hasta que salió Cien años de soledad, publicada en Argentina.

“La gente se deslumbró ante un tipo de escritura que narraba una serie de mundos totalmente fuera de lo normal y al mismo tiempo muy cotidianos, que cambiaron el sentido de las letras y el modo de ver el mundo.

“El realismo mágico fue una etiqueta que se puso en ese momento y que ya se le había puesto a un movimiento pictórico en Europa. Era un término que luego se aplicó en América Latina, que de alguna forma ya estaba presente en México en otros autores, como Juan Rulfo o Elena Garro. Aunque son diferentes los textos, hubo predecesores de García Márquez, pero, como decía Borges, un gran escritor crea sus predecesores, sin que eso me haga decir que tanto Rulfo como Garro no sean grandísimos escritores. Pero la gente se dio cuenta de eso que se llamó realismo mágico a partir de Cien años de soledad. Leí la novela con asombro y gusto enormes. Me interesó mucho, me pareció muy importante. Me parece una figura fundamental. Pero así es: la gente se acaba, los libros se acaban, se muere uno.”

Eduardo Matos Moctezuma, arqueólogo: Gabo ofreció el pensamiento latinoamericano a través de sus libros. Es una enorme pérdida para las letras y la cultura; todos sus libros tienen contenidos maravillosos. Me quedo con Cien años de soledad. Gabo fue al templo Mayor, pues tenía interés por nuestro pasado y tuve la fortuna de guiarlo en su recorrido. Gabo es un hombre universal, un gran ejemplo de quien sabe traducir el sentir del pueblo.”

Sergio Olhovich, director de cine: “Conocí a García Márquez en el primer Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, en 1979. Tuve la dicha de compartir con él como presidente del jurado en la categoría de ficción, y nos hicimos muy amigos. Vimos muchas películas, discutimos y platicamos mucho, y después, aunque no nos veíamos mucho, nos teníamos cariño y respeto. Siento mucho su muerte. Mi más sentido pésame a Mercedes y a sus hijos.

“Gabo era un apasionado del cine. Era tan apasionado de la literatura como del cine. Recuerdo que en ese primer festival discutimos sobre a quién le íbamos a dar el primer premio; él tenía una posición y yo otra; discutimos mucho, pero finalmente me dijo: ‘Sergio, tengo que admitirlo, tienes razón, apoyaré lo que tú dices’. Me sentí muy halagado que García Márquez hubiera optado por darme la razón, no era fácil que hiciera eso.

Fue un hombre apasionado del cine y su obra, aunque muchos dicen que es muy literaria, yo la siento muy cinematográfica. En fin, estoy conmovido por su fallecimiento. Él participó en muchos guiones de varias películas; por desgracia no tuve oportunidad de filmar algo de su obra, pero, no sé como decirlo, creo que nunca se ha filmado una buena película de la obra de Gabriel García Márquez; todavía no se ha grabado una excelente película.