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Cuando viajamos, se dedica hasta el 70 por ciento de tiempo y dinero a la gastronomía: Jacqueline María Benítez

Comer en familia o con amigos, el verdadero lujo

El turismo culinario es uno de los que más divisas genera; hay un hervidero de talentos

 
Periódico La Jornada
Martes 15 de abril de 2014, p. a20

Jacqueline María Benítez es directora general de la empresa Sello M, estudio de consejería dedicado a áreas de mercado, comunicación, imagen y servicios estratégicos con enfoque en hoteles, restaurantes, personas y marcas de lujo.

Ha sido gestora en la creación de una red importante de chefs, restauranteros y hoteleros en el país.

Pero sabe más que nadie que el lujo es relativo. Para mí es comer, pasar una tarde espectacular con mi familia o mis amigos. O tomar un buen vino con una compañía honesta, disfrutar el momento. El lujo viene de la mano con lo que uno quiere sentir y vivir, afirma en entrevista con La Jornada.

La creadora y desarrolladora de conceptos de alta gama afirma que hay cosas que van de la mano con el lujo. Hay hoteles a los que sólo unos pocos tienen acceso. Pero en la estrategia de clubes privados, lo que se ofrecen es exclusividad del momento de convivir con personas que comparten los mismo valores.

Revela que ella viaja para comer; es un placer. Ahora la cocina se ha convertido en un eje central y cada vez más deviene tema de interés, no sólo por lo que entra en nuestra boca, sino por el conocimiento de los alimentos. Es algo casi antropológico en el que deseas saber de dónde viene lo que comes; descubres orígenes.

–¿Qué porcentaje de tiempo y dinero se dedica en un viaje a la experiencia de comer?

–Es paralelo. Es la necesidad de llegar a dormir a un lugar hermoso, como los que yo manejo, de lujo pues. Ahí comer y tomar algo es parte importante de la travesía. Se dedica hasta 70 por ciento en dónde comemos o cómo lo hacemos. Hay experiencias de navieras, de cruceros que están enfocadas al tema de la gastronomía, con cocineros de alta gama. Hay hoteles en el Caribe francés que enfocados en la experiencia de comer todo el día. En México, el turismo alto va a Oaxaca a comer al igual que a Yucatán, Baja California e incluso Nuevo León. El turismo gastronómico es sin duda uno de los que más divisas genera.

–¿Puede darnos un diagnóstico de la situación de la gastronomía en México?

–No siendo mexicana, pero admirando profundamente al país, creo que está pasando un momento de autodescubrimiento, porque es un territorio que tiene todas las bondades para ofrecer una excelente propuesta de turismo, y no sólo en gastronomía, pero en este tema hay todo para ofrecer a la gente de todas partes.

El tema culinario en México pisa cada vez más fuerte y se convierte en algo para hablar, sobre todo porque ofrece un México amable. Es un momento bonito de desarrollo de comunidades, de darle valor a cosas que se veían antes sólo como tradicionales.

Foto
Foto Paul Brauns

María Benítez destaca que hoy día “la palabra gastronomía tiene más fuerza y valor. Es un momento idóneo, puesto que hay un hervidero de talentos. Están los líderes de la tribu y los alumnos que muchas veces superarán al maestro.

–¿La gastronomía en México se ha hecho elitista?

–La cocina es generosa y democrática, queda en cada quien el asumir el significado que le darás a cada adjetivo. El elitismo no tiene nada que ver con el cocinero, sino con la interpretación del comensal. Puedes probar una fruta exótica y eso lo puedes ver como algo pretencioso. Se convierte en elitista a los ojos de gente de afuera o que no está en esas cocinas y claro, un costo más elevado.

–¿Cuál es su criterio, por así decirlo, para maridar las propuestas de restauranteros, chefs y hoteleros?

–El criterio, así como muchas cosas en mi vida, tiene que ver con la oportunidad de rescatar. Todo lo atribuyo a mi intuición: me dejo llevar por el impulso de cuando algo vibra correctamente; luego lo busco y hago identificación de las cosas y las pongo en práctica. Claro que me esmero en busca de información, pero todo tiene que ver con la intuición de crear una experiencia única.

La consultora afirma que hoy día existe en México una gran gama de tendencias que benefician, porque permiten abrir los ojos, horizontes y, claro, empleos.

Considera que ahora el comensal o el turista tiene el componente de la educación, mucho más que hace 30 años. El de ahora busca porque tiene más información, ya sea la que amigos le comparten. El que se sienta en la mesa tiene otras expectativas de servicio y eso eleva la experiencia.

Sin contar que ha tenido grandes maestros en el tema (como Guillermo González Beristáin, Ricardo Muñoz Zurita y Enrique Olvera), cree que su sello ha tenido éxito, porque trabaja con calidad humana. Me he querido regir por el ideal de saber que el lujo es un algo subjetivo y no olvidar nunca, lo que me gusta. No puedo decir a un cliente como poner una mesa si yo no sé ponerla.

Para esta mujer puertorriqueña con alma mexicana, cuando buscas el lujo hay que mirar la intimidad de ese lugar, si ahí te sientes bien. La gastronomía y el turismo tienen la obligación de cubrir necesidades del ser humano. Por eso, cuando reconoces a un comensal, lo haces como individuo.

Su empresa, Sello M, es una incubadora de experiencias. Nos dedicamos a desarrollar y posicionar proyectos y marcas, así como crear conceptos y llevarlos a su punto más alto.