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El bosque de las metáforas
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Periódico La Jornada
Sábado 21 de diciembre de 2013, p. a16

En los estantes de novedades discográficas esplende un bosque encantado.

De manera semejante a como la mezzosoprano italiana Cecilia Bartoli realiza trabajos de investigación musicológica que resultan en discos espléndidos, la soprano alemana-austriaca-irlandesa-inglesa Anna Prohaska indagó entre archivos antiguos y conformó un proyecto esplendoroso que tituló Bosque encantado (Enchanted Forest) que publica la disquera alemana Deutsche Grammophon en su exquisita serie Archiv Produktion.

Hadas, duendes, elfos (¡elfos!), hechiceros, seres sobrenaturales, espíritus, dioses, animales que se convirtieron en tales mediante hechizo porque antes fueron humanos, deseos sexuales reprimidos, anhelos y flotantes los suspiros entre la espesura del bosque pueblan este hermoso disco.

Durante la era del barroco sucedieron prodigios tales como la creación de universos paralelos, la apertura de portales dimensionales, la puesta en vida de sucesos oníricos, la imaginación como una de las bellas artes.

Todo eso suena en este disco, animado por la voz bellísima de Anna Prohaska con música de Vivaldi, Handel, Purcell, Cavalli y un madrigal (bocado de cardenales) de Monteverdi.

Vámonos directo al track 11, el más bello de los 15 que animan el álbum de la Prohaska: The Plaint: O let me weep: Titania, la mismísima Reina de las Hadas, encarnada por Anna Prohaska, entona sus lamentos; de hecho, los tracks 10, 11 y 12 los extrajo la soprano de The Fairy Queen, esa obra maestra de Purcell que escribió en 1692 como una serie de máscaras o divertimentos musicales entrelazadas en una representación escénica de Sueño de una noche de verano, de William Shakespeare.

En esa música de ensueño, Purcell vuelca toda la magia de esa tierra poblada de madera viviente que circunda a Titania, en su profundamente conmovedor canto: O let me weep.

Y dos tracks más adelante, en el 13, Anna Prohaska entona el lamento de Calisto, personaje que da título a una bella ópera que escribió en 1651 el compositor italiano Francesco Cavalli. Calisto es una ninfa de Diana que es castigada por enamorarse y es convertida en oso. En esta secuencia, la soprano da voz a Calisto y también a otra ninfa de la mitología griega: Eco, en un efecto musical alucinante.

El mito de Apolo y Dafne es la inspiración central de este disco: Dafne, una ninfa jurada en castidad, solamente evade la persecución amorosa de Apolo cuando los dioses la transforman en un árbol de laurel.

También del finísimo compositor Cavalli es el track 14: O piu d’ogni ricceheza, de su ópera Gli amori d’Apollo e di Dafne, escrita años después de la ópera Calisto y estrenada, de manera paradójica, irónica, en el ¡carnaval! De Venecia de 1640. En esta aria llena de gracia, Dafne canta su imperturbable deleite ante los dones que le brindan la naturaleza y, otra vez el alto contraste, la libertad.

Los prodigios del barroco, la magia del pensamiento metafórico que condujo a los habitantes de esa era a inventar un mundo bello pues el real les era adverso, están en plenitud en este hermoso disco, preñado de gracia y belleza, de sorpresas, humor y encanto.

Encanto, hace notar Anna Prohaska en las notas al programa de este disco, redactadas por la crítica de música del periódico británico The Independent, tiene vínculos estrechos con otros términos: incantare en italiano, enchater en francés, quiere decir encantar, lanzar un hechizo y son muy próximas a las palabras, italiana y francesa también respectivamente, cantare y chanter: cantar.

Cantar es encantar. Cantar es un encanto, lanzar un hechizo benigno desde el corazón del bosque de las metáforas. En medio del bosque de los encantamientos.

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