Opinión
Ver día anteriorLunes 25 de noviembre de 2013Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Culpables
L

os acusamos con rigor de sus crímenes, los juzgamos y los encontramos culpables. Estamos exigiendo que cuando se restablezca el estado de derecho sean llevados a juicio ante los tribunales para que se pronuncie contra ellos la sentencia que ya han dictado el juicio popular y la historia.

El Tribunal Permanente de los Pueblos es el más prestigiado tribunal de opinión del mundo. Sus sentencias no tienen efectos legales, pero su impacto nacional e internacional es enorme. Hace aproximadamente dos años aceptó la bien fundamentada acusación contra el Estado mexicano y estableció su capítulo México. A partir de entonces se desató un proceso fascinante. Comunidades y pueblos dieron contenido y sentido al trabajo de intelectuales, científicos y especialistas ocupados de las tareas técnicas para llevar adelante el juicio.

Del 19 al 21 de noviembre tuvo lugar en la ciudad de México la audiencia temática Violencia contra el maíz, la soberanía alimentaria y la soberanía de los pueblos. Por muchas horas se presentaron testimonios altamente ilustrativos de los 145 casos que se entregaron, debidamente documentados, ante un jurado internacional formado por personalidades destacadas de Argentina, Canadá, Chile, Ecuador, España, Francia y México. (Tuve el privilegio de formar parte de él.)

Lo que se realizó esta semana es sólo la punta del iceberg. Miles de personas de cientos de organizaciones, comunidades y pueblos de los más distintos puntos del país se dedicaron pacientemente a identificar con claridad y precisión los crímenes cometidos, a documentarlos con rigor jurídico y a preparar la presentación formal de los casos. Uno de los aspectos más interesantes fue apreciar la transformación de los protagonistas de los casos. De la expresión vaga pero muy sentida de un malestar indefinible que manifestaron hace dos años se llegó ahora a presentaciones contundentes, rigurosas y eficaces de crímenes bien identificados, de sus consecuencias y de las acciones a seguir. El control de sus casos es también control de sus propias vidas.

Enfrío las palabras. No quiero exagerar. Pero es posible que no haya en México crimen más grave que éste. No sólo pone en peligro la existencia misma de la nación, hasta convertirla en colonia pobre de Estados Unidos por la peor de las dependencias, la del estómago. Afecta también el presente y el porvenir de los pueblos y en realidad los del mundo entero. Desmantelar el sustento de un pueblo, el fundamento de su cultura, la condición principal de su subsistencia autónoma, es condenarlo al exterminio.

El dictamen del jurado ratificó ampliamente las tesis que se habían ido configurando en el proceso de documentación de las acusatorias y de la acumulación de pruebas, particularmente por los trabajos de la Red en Defensa del Maíz.

• El grave desmantelamiento de todo el sistema jurídico y administrativo de protección y apoyo del campo y de los campesinos.

• La función del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) como mecanismo supranacional para el despojo de la gente del campo y de los pueblos y para la ocupación de buena parte del territorio mexicano, en beneficio de unas cuantas corporaciones trasnacionales y de sus socios internos. Las leyes promulgadas en años recientes ilustran bien ese sentido de lo que se está haciendo.

• La invasión transgénica del centro mundial de origen del maíz, que traiciona el pasado, daña severamente el presente y pone en peligro el porvenir de México y del mundo.

• La medida en que el sistema agroalimentario mundial, dominado por esas corporaciones, es responsable de buena parte del cambio climático y de la grave situación alimentaria del mundo: casi mil millones de personas con hambre, la mitad de la población mundial con dietas inadecuadas.

El jurado exigió la prohibición total de los transgénicos en territorio mexicano y el abandono del TLCAN. Reconoció el coraje moral de las comunidades y pueblos que defienden el maíz en todo el territorio mexicano y afirman su autonomía, la importancia de su resistencia al gobierno y a las corporaciones y la trascendencia mundial de su lucha. Defender el maíz mexicano, señaló tajantemente, es defender el futuro del mundo.

Ha concluido sólo una fase de los trabajos del tribunal. Se realizarán todavía muchas otras actividades hasta llegar a la audiencia final del tribunal en aproximadamente un año.

Lo ocurrido esta semana es sin duda una contribución valiosa que enriquece la lucha de nuestros pueblos por resistir a quienes han estado cometiendo uno de los peores crímenes que se han prepetrando jamás contra México y contra sus pueblos, por exigir el castigo de los responsables y por realizar la larga tarea de reparación y regeneración de los daños que han causado.

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