Opinión
Ver día anteriorMartes 12 de noviembre de 2013Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Proyectos masivos de difusión científica
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a Plaza de la Constitución de la ciudad de México ha sido en las semanas recientes motivo de una disputa. Los maestros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación la ocuparon durante varias semanas, y fueron desalojados por la fuerza pública en los días previos a la ceremonia oficial de El Grito de la Independencia. En esos días también coincidieron en las costas mexicanas, la tormenta tropical Manuel y el huracán Ingrid que dejaron a su paso miles de damnificados. La plaza se convirtió así en gigantesco centro de acopio. Ahora, desde el pasado viernes, el Zócalo, con todo su simbolismo está ocupado… por la ciencia.

Quienes visiten por estos días el centro de la ciudad de México podrán ver en la histórica plaza una enorme construcción efímera que alberga las diferentes actividades de la Semana Nacional de la Ciencia y la Tecnología (SNCyT), actividad de difusión científica organizada por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) que se realiza desde hace 20 años. No es la primera vez que tiene como sede el Zócalo, y desde hace pocos años se va haciendo costumbre que en estas fechas se realice en ese lugar emblemático, lo que le da, en mi opinión, mayor relevancia a escala nacional. Cabe decir que simultáneamente se realiza en la mayor parte de las entidades federativas del país.

Aunque de naturaleza distinta (entre otras cosas por tratarse de una sola disciplina científica) la Noche de las Estrellas es también ejemplo de un proyecto masivo de difusión científica. Se trata de una reunión convocada por diferentes instituciones en la que miles de personas se reúnen con el propósito de observar el cielo, a través de telescopios instalados por los convocantes y principalmente por astrónomos aficionados. En este caso el acto dura solamente un día (se realizó el pasado sábado 9 de noviembre), coincidiendo este año con la Semana de la Ciencia del Conacyt, lo que permite verlos en conjunto.

La Noche de las Estrellas es un proyecto muy joven, pues apenas celebró su quinta edición, pero año con año va ganando un genuino interés de la sociedad al grado de que en esta ocasión se realizó simultáneamente en 50 sedes distintas a lo largo y ancho del territorio nacional. También va ganando otros espacios, pues desde 2012 ha sido parte de las actividades del Festival Internacional de la Cultura Maya, que se realiza en Mérida, Yucatán.

Las dos actividades citadas tienen varias cosas en común. En primer lugar su carácter masivo. Cada una de ellas congrega a decenas de miles de personas. De acuerdo con algunas estimaciones (en el Conacyt), la Semana Nacional de la Ciencia y la Tecnología congrega a escala nacional a cerca de 500 mil personas cada año, y la Noche de las Estrellas, en mi opinión, debe andar cerca de las 100 mil (pues en una sola de sus sedes en Las Islas de Ciudad Universitaria se estima que este sábado acudieron más de 25 mil personas). Como sea, se trata de cifras aproximadas y muy inciertas, pero nos permiten afirmar su carácter masivo.

Si bien existen otras modalidades de difusión científica que también pueden ser multitudinarias, como los museos, por ejemplo, a las que me refiero ahora como la SNCyT y la Noche de las Estrellas son distintas, pues no tienen instalaciones fijas, lo que les da también un carácter itinerante, y aunque tienen una periodicidad, ésta es muy diferente a la de otras modalidades, como las publicaciones de divulgación científica, pues ocurren solamente una vez cada año, aunque la organización y sus preparativos pueden durar varios meses.

En los dos casos se trata de esfuerzos de concertación muy importantes, pues en su organización y realización participan un número amplio de instituciones de educación superior, organizaciones públicas, privadas y sociales. Esto indica que existe en diversos grupos el interés y la vocación por difundir el conocimiento, lo que da uno de los componentes de la ecuación.

La otra parte, la cual es quizá la más importante, es que el público acude a estas actividades por miles, lo que revela que en la población mexicana existe un interés genuino por el conocimiento científico.

Veinte años de la SNCyT y cinco de la Noche de las Estrellas también muestran que no se trata de esfuerzos pasajeros, y revelan que –cada una con sus propias particularidades– se encuentran inmersas y son parte de un fenómeno real, lo que las convierte en modalidades de la difusión científica que requieren de atención, apoyo y un análisis más detallado, pues en ellas se pueden encontrar quizá algunas de las claves para avanzar genuinamente hacia una sociedad del conocimiento.