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El público aplaudió y bailó al son de la música del bosnio

La fiesta balcánica de Bregovic en la Alhóndiga no cedió ante la lluvia
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Goran Bregovic tocó y cantó junto con su banda para el públicoFoto Christa Cowrie/cortesía FIC
Enviada
Periódico La Jornada
Domingo 13 de octubre de 2013, p. 4

Guanajuato, Gto., 12 de octubre.

Éxtasis musical bajo la tormenta. Sólo hasta que concluyó el concierto de Goran Bregovic y su banda de metales, en la Alhóndiga de Granaditas, el público –que resistió el aguacero y granizada– abandonó la histórica explanada.

Durante el concierto Champán para gitanos, uno de los platos fuertes de la versión 41 del Festival Internacional Cervantino (FIC), Bregovic mantuvo a los espectadores bajo el influjo hipnótico de la alegría, la fuerza, la festividad y las ganas de vivir con música de los Balcanes.

El ímpetu y vitalidad de las canciones del músico bosnio obligaron a los asistentes a cubrirse con lo que tuvieran a la mano para permanecer bajo el aguacero. De repente aparecieron plásticos, paraguas, algunos impermeables; incluso, las sillas sirvieron para cubrirse; otros optaron por resistir estoicos el impacto del agua.

Aunque algunos abandonaron el concierto al inicio de lo que se creía era una lluvia pasajera, Goran Bregovic tocó y cantó junto con su banda para las tres cuartas partes del total de asistentes que permanecieron bailando, saltando y aplaudiendo las sensuales y rítmicas canciones de principio a fin, durante las casi dos horas que duró el espectáculo.

Además de la lluvia que no dio tregua, la Alhóndiga se quedó sin luz, se apagaron las pantallas colocadas en cada extremo del escenario y el lugar donde estuvo sentado Goran Bregovic con su guitarra y sus ocho acompañantes también tuvo que ser secado por personal del festival.

La noche anterior, el concierto pareció un tributo a Tláloc con música de los Balcanes, y el público como un pueblo ancestral en mística celebración.

Al comenzar el espectáculo, salieron de ambos costados del escenario dos músicos con sus instrumentos de aliento para dar paso a dos mujeres búlgaras –herederas de la tradición polifónica–, que cantaron con voces llenas de fuerza y alegría. Después apareció un músico, que con un instrumento de percusión dio segunda voz a Bregovic. Finalmente, se unieron tres instrumentos de aliento para juntar a la Banda de Bodas y Funerales, que llegó de los Balcanes.

Al final del concierto y tras rendir interminables aplausos al compositor, se observaron en el piso prendas que salieron volando al ritmo de los bailes, así como sandalias perdidas.

El olor a mariguana se percibió antes de que empezara a llover y después sólo se observó el humo del cigarro a contraluz.

En tanto, Goran Bregovic, vestido con traje blanco platinado, mantuvo la elegancia natural y el ritmo gozoso con el que encabezó todo el concierto Champán para gitanos.

A lo largo del programa, el músico invitó al público a entonar palabras en algunas de las canciones y corear en otras A la carga.

Una hora antes del concierto Bregovic habló con La Jornada; explicó que luego de la gira por México y, entre algunos espacios de su abultada agenda, prepara una ópera y aspectos relacionados con la fundación que tiene dedicada a la enseñanza musical en niños gitanos.

“Estoy trabajando ahora en L’Orfeo, la historia de este personaje que iba a morir y a quien los dioses le dieron una última oportunidad, que no aprovechó, pero en esta obra el final será feliz.”

También, Goran Bregovic explicó que la música gitana está por morir. Lo que no ha muerto y queda muy fuerte es la música de los alientos, porque con éstos hay que escupir, aunque no es bienvenida en restaurantes.

Además, se definió como debutante viejo en su trayectoria profesional: Por ser de Sarajevo la guerra irrumpió en mi vida y me exilié en Francia; tuve la oportunidad, para los artistas en esta situación, de renacer artísticamente.

Si no fuera por el exilio, prosiguió, yo sería un roquero viejo y jubilado, porque el exilio es algo terrible, humanamente hablando; cuando estás fuera de tu país se tiene la oportunidad de ver la propia cultura.