Opinión
Ver día anteriorJueves 12 de septiembre de 2013Ver día siguienteEdiciones anteriores
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México SA

Desarrollo, prófugo

Mayor presupuesto

Menor crecimiento

C

omo cada año, a la hora de publicitar el monto del presupuesto de egresos de la Federación (PEF) del gobierno en turno, se presume que este es el más elevado de la historia económica del país, con tantos más cuantos billones de pesos, con los que México, ahora sí, alcanzará el paraíso y los nativos sabrán de qué se trata el desarrollo. Este es el cacareo cada 8 de septiembre, día en el que a más tardar debe presentarse al Congreso tal proyecto.

Pero algo falla. Para no ir más lejos, en números cerrados de 2000 a 2013 el citado presupuesto se multiplicó nominalmente por dos, pero el crecimiento económico real se dividió por la misma cantidad. En el primero de los años citados su monto giró en torno a los 2 billones de pesos, mientras en el segundo se acercó a los 4 billones. En cuanto al crecimiento, la tasa anual promedio pasó de 3.5 por ciento anual (con Zedillo) a 1.8 por ciento (con Calderón).

Pero nadie en el gobierno dejó de presumir aquello del monto más elevado de la historia (dicho sea de paso, el paraíso y el desarrollo se mantienen en lista de espera). En el último año del zedillato, la tasa de crecimiento económico fue de 6.7 por ciento (un garbanzo de a kilo, sin duda); en el primero del peñanietato (valga el término), sólo 1.8 por ciento.

Lo mismo sucede cuando se comparan otros indicadores. Se gasta más, pero cada vez se obtienen menos resultados. Por ejemplo, desde el sexenio de la solidaridad (adivinen de quién se trata) no ha dejado de crecer, oficialmente, el presupuesto para combatir la pobreza, y el número de pobres y de vulnerables no ha dejado de crecer. El informe más reciente del Coneval advierte que 80 por ciento de los mexicanos se encuentra en tal circunstancia. En el combate, pues, derrota garantizada, como Calderón comprenderá.

Pues bien, llegó la hora de hacer público el proyecto de presupuesto de egresos de la Federación para 2014 y, en efecto, apantalla la kilométrica cifra propuesta: 4 billones 479 mil 954 millones 200 mil pesos, con un crecimiento real de 9.1 por ciento con relación con el monto aprobado por la Cámara de Diputados en 2013. Con ese titipuchal de dinero, promete el gobierno, la economía crecería 3.9 por ciento a lo largo del año venidero, proporción que de cualquier suerte no alcanza para que México comience a salir del hoyo, aunque sin duda resulta mejor que el raquítico 1.8 por ciento que, con casi 4 billones de pesos, se alcanzaría en el presente ejercicio (aunque originalmente la dupla Peña Nieto-Videgaray ofreció 3.8 por ciento).

Esa es la carretada de dinero y la proporción de crecimiento económico que promete la citada dupla. Perooooo… la letra chiquita del PEF 2014 advierte que sin la aprobación de la reforma hacendaria los recursos presupuestarios asignados al gasto programable se reducirían 354 mil 43.7 millones de pesos, para cifrarse en el proyecto en 3 billones 486 mil 884 millones 700 mil pesos, esto es, una contracción de 10.2 por ciento que afectaría principalmente las funciones de asuntos de orden público y de seguridad interior, con una caída de 16.1 por ciento de sus recursos; seguridad nacional, -9.2; protección ambiental, -28; vivienda y servicios a la comunidad, -13.6; recreación, cultura y otras manifestaciones sociales, -19; protección social,-13.5; transporte, -42.3 y ciencia, tecnología e innovación, -13.6 por ciento.

¿Sutil chantaje para justificar la aprobación del reformón peñanietista o realidad?, porque a cambio de las reformas prometen un crecimiento económico de 3.9 por ciento, es decir, una proporción prácticamente idéntica a la que, sin reformas, aseguraron concretarían en 2013, pero que –hasta ahora y en el mejor de los casos– apenas sería de 1.8 por ciento, menos de la mitad de lo ofrecido.

De cualquier forma, con reforma o sin ella, de entrada al aparentemente voluminoso presupuesto de egresos 2014 (como sucedió con los anteriores) debe descontarse lo siguiente: más un billón de pesos por nómina burocrática (especialmente la destinada a la elite gubernamental); alrededor de 400 mil millones de pesos por servicio de la deuda pública (mayoritariamente compuesto por el pago de intereses) y 529 mil millones por el pago de pensiones y jubilaciones. Estos tres renglones de gasto se comen el 43 por ciento del PEF 2014, de tal suerte que el histórico presupuesto comienza a encogerse.

Sólo para dar una idea de cómo se reparte el pastel presupuestal, vale mencionar que por cada peso que el gobierno federal destina a inversión física directa (que genera empleo y agrega valor y potencial a la economía), gasta un peso con 43 centavos para el pago de la burocracia, especialmente la de primer nivel, es decir, aquella que exige a los mexicanos jalar parejo, porque la patria es primero.

Si se agrega otro tipo de gasto corriente (de operación, 628 mil 186 millones, y subsidios, 494 mil 162.2 millones), entonces dicha proporción crece a 68 por ciento del PEF 2014 (con reformas). Y el histórico presupuesto se hace cada vez más pequeño (La Piel de Zapa, diría Balzac), tanto que los propios diputados estiman que, si bien va, de cada peso presupuestal sólo 10 centavos quedan libres de reasignación, porque los otros 90 centavos ya están comprometidos en algo que, a lo largo de los años, no se ha materializado en crecimiento y mucho menos en desarrollo. Entonces, histórico lo que se llama histórico es que con esa catarata de recursos públicos el bienestar de los mexicanos se mantenga prófugo de la justicia social.

En fin, 30 años de reformas y privatizaciones (desapareció la infraestructura productiva del Estado), para que al final de cuentas el crecimiento y el desarrollo prometido (que “justificaron las primeras y las segundas) se mantengan ostentosamente ausentes, con todo y que año tras años se aprueba el más elevado monto presupuestal de la historia económica del país.

Las rebanadas del pastel

Asegura el secretario de Hacienda, Luis Videgaray, estar dispuesto a encontrar alternativas para eventualmente evitar el IVA en colegiaturas. Ello, porque el gobierno es sensible y escucha los planteamientos de todos los grupos parlamentarios (los de la sociedad no alteran su tímpano). Qué bueno, pero ¿no se supone que antes de pasar a cuchillo a los padres de familia este personaje debió buscar alternativas para evitar llegar a lo que formalmente ya es una iniciativa presidencial? ¿Lo hacen al revés, o cuál es el procedimiento? ¿Leen de derecha a izquierda o en sentido contrario? Digo, para irlos entendiendo.

Twitter: @cafevega