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Océlotl: el último sacerdote de Anáhuac parte de la pregunta ¿qué pasó después de la Conquista?

En nueva novela, Jaime Montell teje la historia del fin del mundo náhuatl

Para el autor es hora de revisar nuestra historia, mitos y figuras controvertidas

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El historiador Jaime Montell, durante la entrevistaFoto María Meléndrez
 
Periódico La Jornada
Domingo 11 de agosto de 2013, p. 4

La forma en que cayó la noche sobre los conocimientos, religión y sociedad indígenas de la zona que ahora es México, cuando lo que amaban y les daba sentido fue destruido por la Conquista española, además de la resistencia nativa para conservar su identidad, son temas de la novela histórica recién publicada Océlotl: el último sacerdote de Anáhuac (Grijalbo), del historiador Jaime Montell.

El libro nació, dice el autor en entrevista con La Jornada, por las interrogantes: ¿qué pasó después de la Conquista?, ¿cómo empezó la evangelización?, ¿cómo es que un puñado de frailes, no más de 100 los primeros 20 años, convierten a miles, tal vez a millones de indígenas al catolicismo?, ¿qué mecanismos usaron?, ¿cómo se destruye la religión nativa? Así, alrededor del sacerdote indígena texcocano Océlotl se teje la historia del fin del mundo náhuatl.

Montell señala que hubo muchos intentos de conservar la cultura original,pero tenían que ocultarla, porque había los castigos. En muros o suelos de conventos e iglesias los indígenas escondían sus ídolos, debajo de las cruces en las intersecciones: cuando aparentaban adorar a Dios, era a sus dioses. Se da un sincretismo entre la religión náhuatl y católica que sobrevive todavía.

Durante toda la Colonia hubo rebeliones indígenas de las que poco se sabe. No lograron generalizarse, eran muy regionales y acabaron con ellas. Los mayas, la guerra de castas con Porfirio Díaz y el exterminio de los mayas. Siempre hubo esa resistencia. La lenta conquista del norte y los ataques chichimecas a los enclaves mineros españoles.

Con el zapatismo, en los años 90, afirma: finalmente se oyó de nuevo la voz indígena. Eso fue muy importante. Básico. Porque se nos había olvidado y de pronto surge esa voz. Además es nuestra raíz y es nuestro presente también.

Un hilo conductor de la novela es la conversación ficticia entre Océlotl, basado en un personaje real consignado en un proceso de la Inquisición, con el arzobispo e inquisidor fray Juan de Zumárraga (1468-1548), para contrastar las dos religiones, porque eran parecidas en muchas cosas. Aquí teníamos el bautismo, la confesión, la comunión, una ceremonia donde hacían una figura de Huitzilopochtli de amaranto y después la cortaban en pedacitos y la daban a todo el pueblo, y la virgen, que es parecido al mito de Coatlicue.

Entre los medios que usaron los españoles para cambiar la religión, refiere el autor, están el ofrecimiento de la vida eterna y la educación de los jóvenes en los conventos. “Después de tres o cuatro años regresan a sus pueblos y van como fanáticos católicos a tratar de convertir a sus pueblos y además como delatores de cualquier ceremonia ‘pagana’ que veían, incluso de sus propios padres...”

Copiaron modelos

Otra de las formas fue la impulsada por fray Pedro de Gante, quien vio que los sacerdotes indígenas eran un modelo a seguir y empezó a copiar sus ceremonias, en las que cantaban... comenzó a hacer procesiones, pero con santos católicos, o sea, usaba toda la parafernalia indígena.

Para el autor es tiempo de revisar nuestra historia, los mitos, las figuras tan controvertidas. Empezamos desde Moctezuma, que si fue un cobarde o un traidor, que si la Malinche, que si Cortés fue bueno o malo, y de ahí para el real. Maximiliano, Juárez, Zapata, Villa, Carranza. Hay un montón de figuras que son tabúes nacionales y que están empezando ahora a revisarse por muchos historiadores. Nada es blanco ni negro, todo es claroscuro, y estamos viendo qué que pasó sin fanatismos.