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Cada vez vienen más novatos; no saben reaccionar, se quejan

Miles de mozos vivieron cuatro minutos de pura adrenalina en el primer sanfermín
 
Periódico La Jornada
Lunes 8 de julio de 2013, p. a12

Pamplona, 7 de julio.

En cuatro minutos de pura adrenalina, miles de mozos de todo el mundo participaron este domingo en el primer encierro de las fiestas de San Fermín, que abrió un ritual que se repetirá todas las mañanas en esta ciudad norteña de España hasta el próximo día 14.

A primera hora de la mañana, los últimos juerguistas de la noche abandonaron las calles del centro histórico de Pamplona, dando paso a otro público que toma posiciones a lo largo de las vallas de protección que delimitan el recorrido de 848.6 metros por el que correrán toros y mozos.

Las estrechas callejuelas, que forman parte del recorrido, se llenan poco a poco con los miles de mozos vestidos de blanco con su pañuelo rojo al cuello que calientan antes de la carrera con los astados. A las ocho de la mañana en punto se abren las puertas del corral, liberando a los seis mastodontes de más de media tonelada, que esperaban ahí desde la tarde del día anterior.

En este primer encierro han resultado heridos y hospitalizados un australiano, un estadunidense, un británico y un español, todos por diversos traumatismos, aunque ninguno por las tan temidas cornadas de los animales, uno de los cuales, lejos de embestir, asimiló que estaba rodeado y prefirió esperar a que se abriera una salida.

Resbalones y amontonamientos

En 4 minutos y 6 segundos, los toros recorren el camino hasta el coso de la ciudad, superando sin problemas las curvas más peligrosas del recorrido, como la de Mercaderes, que forma un ángulo de 90 grados en la que suelen resbalar y amontonarse hombres y bestias.

Es adrenalina pura, dice tras la carrera Ben Bannister, un londinense de 28 años que acaba de vivir su bautismo de fuego.

Al igual que ese mozo, pero a sus 61 años, ha venido Rex Parris, alcalde de la ciudad californiana de Lancaster, que corrió por primera vez ante los toros.

Este estadunidense de barba blanca acaba de vivir una experiencia maravillosa, aunque reconoce haber tenido miedo ante uno de los astados.

He tenido miedo, claro. Pero, para esto he venido, afirma, prometiendo volver, porque es uno de los actos más maravillosos del mundo.

Algunos mozos corrieron junto a los toros, guardando un ojo sobre la res y con un periódico en la mano, con el que algunos azuzaban al animal. Otros muchos se conformaron con acompañar la carrera.

Tras los 20 mil 700 corredores que participaron en 2012 en los ocho encierros de las fiestas, algunos de los mozos más experimentados ven con preocupación la llegada de muchos novatos.

La carrera ha sido muy, muy peligrosa. Hay demasiada gente, mucha sin experiencia, que no sabe valorar donde está el peligro, dice Marcos Sales, un corredor español de 35 años, que vino de Castellón, en el este del país y que ya ha participado seis veces en estas fiestas de San Fermín, pero no ha vuelto a correr desde hace tres años.

Para él, el peligro viene por el excesivo número de corredores y la inexperiencia de algunos. Este año al final no pasó nada, pero hubo un momento muy peligroso al llegar a la plaza de toros; hay animales que se quedan rezagados, solos, y la gente no sabe como reaccionar, se aglomera. Cae.