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Junto con Mauricio López comienza este jueves una expedición

No fracasamos, seguimos vivos y la aventura continúa: Bonilla

Ante situaciones de alto riesgo más vale no retar a la naturaleza, dice

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Mauricio López y Badia Bonilla buscan escalar su octava montaña de más de 8 mil metrosFoto cortesía de los alpinistas
 
Periódico La Jornada
Martes 4 de junio de 2013, p. a15

Fracasar sería pasar la vida sentada frente al televisor. Volver todos los días a una rutina aburrida y asfixiante. No sentir pasión por nada. No emocionarse de mirar cada tarde a la pareja con la que se comparte la vida. No sentir la emoción de la aventura al menos una vez en toda una existencia. Eso, dice la alpinista Badia Bonilla, sería como estar muerto.

Ella y su esposo, Mauricio López, integran una pareja que considera que la vida debe recorrer los altibajos de un electrocardiograma. Es la ruta del corazón, así debe ser la vida, dice Badia.

Este jueves este matrimonio empieza una nueva expedición para conquistar la octava montaña con más de ocho mil metros y seguir con el proyecto de escalar 14 cimas con esas características. Hace un año el intento fracasó en el Annapura, en Nepal, pues fueron devorados por un par de avalanchas. La decisión de ambos fue no arriesgarse innecesariamente, pues esa cima es una las más peligrosas en el montañismo. La cifra fatal indica que de cada 100 personas que buscan conquistar su cima, 38 mueren en el intento.

Volvieron desilusionados. Frustrados, acepta Badia. Pero de ahí su insistencia en matizar la idea del fracaso, porque cuenta que a pesar de no conseguirlo, de haber gastado una suma sensacional de dólares –una expedición cuesta alrededor de 40 mil dólares–, lo que no perdieron fue la vida. Entonces la aventura sigue su curso.

No se trata de actos heroicos o de retar a la naturaleza, aclara Badia. En esos casos es como si dijéramos: más vale decir aquí corrieron que aquí murieron; al final nos queda el aprendizaje y la posibilidad de volver a intentarlo, como ahora.

El alpinismo no es un asunto de marcadores, ni de récords, ni de victorias con aplausos y flashes cuando se consigue una meta, precisa Badia para poder entender un deporte extremo y de solitarios. Nadie compite contra nadie. Pero lo que está en juego es la vida.

El peligro muy cerca

Han abortado misiones increíbles, pero con la cordura de alpinistas profesionales y de un matrimonio que se protege en cada zancada. Una noche de mayo en 2004 se despidieron en la montaña Makalu, en el Himalaya, a 31 grados, agotados y sin oxígeno esperaron la muerte mientras caía la nieve. El año pasado, ambos fueron devorados por dos avalanchas, a las que sobrevivieron de forma inexplicable, pero en la que ambos vieron cómo el río de hielo, piedras y toneladas de nieve los cubría de una oscuridad espeluznante.

Ahora están listos para emprender una nueva aventura. El jueves a las siete de la mañana emprenderán el viaje de agotadoras horas de vuelo para llegar a Paquistán, donde intentarán conquistar el Gasherbrum, de ocho mil 35 metros de altura. Todo un año en el que la pareja trabajó duro para conseguir patrocinios, en los que Mauricio atendió su lavandería y Badia dio consultas de nutrición para lograr su propósito. La misión incluye un programa en el que por cada 30 centímetros alcanzados, se donará una cantidad para apoyar a la Asociación Mexicana de Ayuda a Niños con Cáncer.

Estamos muy estresados a una horas de partir, pero somos muy afortunados, admite Badia. Hemos tenido nuestras discusiones fuertes y nuestras terapias de gritos como cualquier pareja, pero sabemos que juntos encontramos sentido a la vida, agrega. Parten con la certeza que van en busca de una aventura donde pueden perder la vida, pero cuando recuerdan que el otro lado de la moneda puede ser una vida gris y sin emociones, entonces, el peligro ya no luce tan amenazador.