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El pianista rumano ofrecerá un concierto el domingo en la Sala Nezahualcóyotl

La música clásica me da felicidad, pero el jazz es mi vida: Petrescu

La sesión consistirá en un homenaje a Oscar Peterson, el más complejo, un genio, mi preferido, anuncia

Completará un cuarteto con su hermano Mihai, un mexicano y un chileno

 
Periódico La Jornada
Miércoles 8 de mayo de 2013, p. 3

La música es una medicina para la humanidad, dice, mediante un enlace telefónico, el pianista rumano Marian Petrescu. Añade que interpretar el repertorio de la música de concierto, la así llamada música clásica, le procura felicidad. Pero que lo suyo es el jazz, porque, afirma, me hace sentir el balance de la vida.

Marian Petrescu (Bucarest, Rumania, 1970) regresa a México para rendir un Tributo a Oscar Peterson, este domingo 12 de mayo, a las 18 horas, en la Sala Nezahualcóyotl del Centro Cultural Universitario.

Con un programa compuesto por obras del fallecido pianista canadiense, así como de Gershwin, Grieg, Bizet, Brahms, Rogers & Hart, Henderson, Petiford y Quirino Mendoza, entre otros, Petrescu se hará acompañar por su hermano Mihai, en el bajo, el mexicano Cris Lobo en la guitarra y Gabriel Puentes, chileno radicado en México desde 1999, en la batería. Las piezas se tocarán a dúo, así como también entrío, cuarteto y en piano solo.

Improvisar es sonreír

De formación clásica, pero quien se refiere al jazz como mi vida, para Petrescu interpretar a Bach me da un buen estado mental, me hace feliz, pero tocar jazz me hace sentir el balance de la vida porque es una música más alegre, más rítmica.

Acota que lo clásico es más bello, pero no es tan alegre, aunque asegura que la combinación de jazz y música clásica es muy buena.

Cuando toco clásico siento la sombra del compositor que escribió la música, porque hay que conocer con precisión la sombra. Pero cuando toco jazz soy libre. Improvisar es sonreír. Me gusta interpretar a Peterson, no para mostrar a las personas quién es, sino para hacerme feliz y tal vez hacer feliz a buen porcentaje del público también, afirma desde Finlandia, donde radica.

La música representa el color para Petrescu, quien recuerda los colores poderosos, como el rojo, de Picasso. Emplea la armonía como si fuera un color. Peterson también fue inspirado por Picasso, pero sin ser tan abstracto, ni tan antiguo, justo en medio. Así pasa en la música. Uno tiene que tocar, no tan moderno, pero tampoco tan antiguo, sino en medio, entonces, uno se hace entender.

El entrevistado, quien está familiarizado con la música de Peterson desde que era un niño de siete u ocho años, se refiere a éste como el pianista más complejo en música de jazz en el mundo, realmente, un genio. Considera un honor rendirle un tributo: Así lo decidí, es mi pianista favorito.

Foto
Marian Petrescu (Bucarest, 1970)Foto Dirección General de Música/ UNAM

Tras la muerte de Peterson, ocurrida el 23 de diciembre de 2007, Petrescu le grabó un disco en homenaje: “Mi actual representante, así lo conocí, me llamó a los cinco días del fallecimiento. Me pidió ir a Estados Unidos para grabar un homenaje. Le contesté, si en Estados Unidos hay tantos grandes pianistas, ¿por qué seleccionarme? Dijo que yo era el único que ellos habían elegido. Grabé en Los Ángeles el disco Resonance Big Band Plays Tribute to Oscar Peterson, solista Marian Petrescu. El año siguiente supimos que habíamos ganado un Grammy. Fue un éxito”.

Calidez del público mexicano

Respecto de su formación clásica, Petrescu apunta que fue su padre, un gran violinista, quien insistió en que estudiara la música clásica desde niño.

Aunque todavía la toca, en casa y en todos lados, el jazz es mi vida. Reconoce que haber estudiado la música clásica permite ejecutar mucho mejor tu instrumento.

En cuanto a sus orígenes, asegura que no es importante de dónde proviene uno, sino lo que hace. Lo único que nos hace diferentes es el idioma, pero el ser humano es el mismo.

Tampoco reconoce la influencia de la música folclórica de Rumania en lo suyo, aunque sí la energía que le pone: Rumania es un país latino al igual que México. Bueno, no tanto, pero es de lo más latino en Europa. Poseemos una energía que, cuando hacemos algo, lo hacemos de verdad.

Petrescu fue apodado el Horowitz del jazz por Martial Solai, presidente del jurado del concurso jazzístico de piano que, en 1989, le otorgó su segundo premio. Sin embargo, el entrevistado afirma que no es posible ser el segundo Vladimir Horowitz, pero le dejo eso al público.

En sus visitas anteriores a México, Petrescu ha tocado con jazzistas de aquí, para quienes tiene gran respeto porque son muy profesionales, como Popo Sánchez, Roberto Aymes, Agustín Bernal y Gabriel Puente. Destaca en especial a Cris Lobo, tal vez el más grande guitarrista que haya dado el país. También le gusta el público mexicano por su calidez y disposición a mostrar lo que es de su agrado.

Su regreso a tierras mexicanas, en pocas palabras, le tiene muy emocionado