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El fotógrafo Raúl Ramírez Kigra presentó Y donde quiera, la luz, en Bellas Artes

Las mujeres en Chihuahua no piden reconocimiento, sino respeto

El libro nació de mi búsqueda por entender más a este género, dice el artista visual

Todas se van a identificar con las imágenes de enfermeras, rarámuris, teiboleras y otras

 
Periódico La Jornada
Martes 7 de mayo de 2013, p. 9

“Mi libro Y donde quiera, la luz, que es el primero de mi vida, es de fotografía documental y se complementa con textos de una autora chihuahuense llamada Ayelén Rogelio, así como del fotógrafo estadunidense Rogelio D. Lauer, quien además hizo la curaduría conmigo.

Fueron dos años y medio de trabajo, y todo nació de mi búsqueda por entender más a la mujer, lo cual es complicado..., expresó en entrevista el autor de la obra, Raúl Ramírez Kigra.

El volumen se presentó en el Palacio de Bellas, con la participación de la escritora y periodista Elena Poniatowska, quien escribió el prólogo.

Kigra escribe: Ser mujer es orgullo y anhelo, misterio y sufrimiento, coraje y belleza, en lo que a primera vista se percibe frágil y a veces con miedo: miedo al matizado deseo del macho mexicano oculto que llevamos dentro. Conocí de burlas, vejaciones, violaciones e insultos en el día a día. Asimismo, de sueños de crecer, amar, bailar, curar, ser mujer, compartir, ser esposa, caminar, hacer reír, vivir... y donde quiera, la luz. Comprendí que no piden reconocimiento; lo único que esperan y merecen es respeto.

Barbies, bailarinas...

La obra está editada por el Instituto Chihuahense de la Cultura y el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. Las imágenes sugieren, provocan, con historias como la de una muñeca Barbie despeinada, con los brazos rotos, sucia; la prostituta que muestra sus grandes y redondas nalgas; una bailarina regordeta que es la mejor de la clase; Lupita y su sonrisa grande; una enfermera de ojeras marcadas por la rutina extenuante, pero que da vida y carga a recién nacidos que lloran una vez que salen al mundo...

Ellas no buscan reconocimiento, sino respeto. Con esta aventura que me aventé creció mucho mi respeto hacia ellas, en todos los sentidos. Las fotografías muestran la fortaleza de cada una de esas mujeres, que son muy diferentes, pero que tienen una gran entrega a la vida. Busco que las imágenes sean poéticas y que los textos no sean empalagozos. Ni muy poético, ni muy frío; más bien, que sean profundas.

Agregó que fue difícil lograr las imágenes de Lupita, la niña rarámuri. Le tomé la foto, se fue y nunca más la volví a ver. Confirmé que la fotografía es mi vida y que seguiré con ella, porque me apasiona y me ha abierto muchas puertas. Con este libro comprendí que la fotografía es lo más importante, lo más valioso, en esta Tierra. Sin ellas no existiríamos y son el balance. Son las que nos ponen de buenas o de malas. ¿Entenderlas? Yo creo que eso es cosa de cada quien, pero a veces ni ellas mismas... Sí, espero que con este libro se logre un poco de sensibilidad hacia las mujeres, en una sociedad todavía tan hipócrita. Todas ellas se van a identificar con este libro o con parte de él. Hay niñas, viejitas, mamás, despreciadas por la sociedad, exitosas y lo contrario. Hay de todo. Sería un buen regalo del Día de la Madre.

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Paulina pensaba casarse después de los 30, después de cumplir su sueño de viajar y ser arquitecta. Cuando conoció a Melchor, sus anhelos fueron cambiando y aprendió que la vida resulta diferente a como se planea
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“Fernanda tiene año y medio sin hacer la onda. ‘Se me atravesó una piedrotota’, dice refiriéndose a su novio. Y está mejor (...) porque tienes que hacerle creer al cliente que es muy bueno teniendo sexo”

En tanto, Elena Poniatowska habló de lo que a ella le hacían pensar las fotografías, como la de la mujer de grandes asentaderas, quien muy contenta muestra sus nalgas.

La teibolera despierta el deseo y hace pensar en la mano masculina que coloca unos billetes a la altura del vientre o la Barbie con su supuesta belleza gringa.

En el prólogo, Poniatowska escribió: “A lo largo de los años, la vida de la mujer es la de su función sexual. De novias vestidas de blanco pasamos a ser madres y luego abuelas. ¿Qué otra cosa nos queda? Kigra, Raúl Ramírez, nos forja otro destino.

“Durante más de un año, Kigra siguió a mujeres fuertes y frágiles a la vez, y ninguna ha sido observada con un ojo tan solidario y tan cómplice como el de este gran fotógrafo.

“Además de nuestras manías, nuestras derrotas, el gran corazón y la paciencia de las enfermeras como María Elena, quien dice que todos somos chiquitos y existe algo más allá arriba y allá abajo. Kigra escuchó que en esta vida todos nos enfermamos al menos una vez (...)

“El amor es una iluminación y las fotografías de Kigra en su ‘y donde quiera la luz’ nos iluminará porque enseñan que no podemos ser sin los demás y que la emoción que su vista provoca nos ayuda a ser mejores”.

Tomó la palabra el fotógrafo Fernando Moguel: “Conocí a Kigra en una de las muestras nacionales de teatro más importantes de mi vida, y en poco tiempo pude constatar sus muchas cualidades: un gran amigo, un incansable guerrero y un solidario compañero de equipo, pero el valor que más le admiro es su capacidad de convertir el momento más dramático y desgarrador en una hermosa obra de arte y este libro es un buen ejemplo.

“Siempre la luz. Como premisa, como necesidad. La idea es que la luz y el ojo jueguen. Bailen. A veces vals, a veces rock… ¿o quebradita? Según sea la realidad, será la luz, porque Raúl Ramírez Kigra se introduce en todos los horrores, las cotidianeidades, las tragedias, los sinsabores”.

El libro cuesta 400 pesos.