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La banda inglesa regresa a los escenario luego de casi dos décadas de haberse separado

The Stone Roses recurrió a la melancolía para agasajar a sus fans

La antes dulce voz de Ian Brown dejó mucho que desear en el concierto que la agrupación ofreció en el Pepsi Center, un bodegón con muy mala acústica

Interpretó 15 canciones

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Público que festejó todas las rolas de la banda The Stone RosesFoto Salvador Bonilla
 
Periódico La Jornada
Jueves 11 de abril de 2013, p. 8

A la banda The Stone Roses le fue suficiente editar dos discos: uno a finales de los años 80 y otro a principios de los 90, para estar en el nirvana de los grupos de rock.

Este hecho se demostró con el concierto que ofreció la noche del martes, parte de la gira que la banda inglesa realiza con motivo de su regreso a los escenarios, luego de casi dos décadas de separación.

El llamado Pepsi Center –un bodegón inmenso en el que la acústica fue muy mala– se vistió con la bandera de Inglaterra con la presencia de esta agrupación que, con poco, convenció al respetable, no obstante la ahora precaria voz de Ian Brown.

The Stone Roses, que pudo ser una efigie en la historia del rock por ser la que rescató en la década de 1980 ese sonido británico perdido en los anales de la música comercial sin fondo, regresa de una separación, detonada por los egos, la falta de pericia en la relación con su disquera, entre otros aberrantes detalles. En esa ausencia, sin embargo, desató una influencia hacia otras agrupaciones del llamado britpop, como Oasis y Blur.

A las rosas de piedra lee bastaron 15 rolas, en su mayoría de su primer álbum (de nombre homónimo), para satisfacer a miles de capitalinos, que aplaudieron al por mayor todas esas nostálgicas piezas, algunas tal como lo hicieron en aquellos años cuando tocaban en almacenes y patios traseros de las casas en los alrededores de la ciudad industrial de Manchester. Es decir, con sólo su batería, bajo, guitarra y la voz de su cantante, crearon las delicias de la añoranza.

Puntal de un sonido muy británico

La agrupación apeló a la melancolía de esas buenas rolas, así como a la nobleza del público y a su poca exigencia. Creó un perfomance planteado bajo el rubro de la sencillez de la presentación de un grupo de rock, que fue puntal de un raro movimiento de la década de 1980 en Inglaterra llamado Corriente de Manchester, al que pertenecieron bandas como Happy Mondays y The Charlatans, entre otras, cuya sonoridad divagaba entre la sicodelia guitarrera de los años 70 y el movimiento rave del acid house. Una locura.

The Stone Roses, que surgió de los restos de la banda English Rose formada por el guitarrista John Squire y su compañero de clase Ian Brown (cantante y compositor), es el ejemplo de la creación de un nuevo sonido: el de un rock pop aderezado con riffs de guitarra interminables, líneas de bajo pronunciadas, así como de letras sencillas, pero profundas.

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Ian Brown voz de la banda The Stone RosesFoto Salvador Bonilla

Todos estos aspectos hicieron destacar a esa agrupación en aquellos años, luego de la incorporación del baterista Reni (Alan John Wren) y del bajista Pete Garner, quien en 1987 fue sustituido por Mani (Gary Mounfield). Fue la formación que hasta mediados de los años 90 subsistió.

Sin embargo, la ganas de tocar, el placer de estar frente al público y ganar un dinero más, destruyeron todo ego personal y casi dos décadas después los hizo volver para girar por varias partes del mundo, incluida la parada de México, donde crearon un set sencillo, muy roquero, pero con poca proposición. La batería de Reni se escuchó potente, el bajo de Reni lo suficientemente intenso, la guitarra de Squire (lo mejor del concierto), ácida y rasgadora, pero la otrora dulce voz del buen Brown dejó mucho qué desear. No fue suficiente con mover sus sonajas, que luego arrojó al público, ni tampoco por vitorear al futbolista mexicano Javier Chicharito Hernández, quien juega en el Manchester United.

Sin embargo, anoche, desde que se escucharon las primeras piezas: I Wanna Be Adored, Mersey Paradise, Sugar Spun Sister, Sally Cinnamon (segundo sencillo de la banda, editado en 1987) y Ten Storey Love Song, la gente se conmovió tras ver a los músicos en el escenario, viejos pero entregados, como sucedía en esos híbridos raves de rock y música electrónica.

No dieron tregua; lanzaron una ráfaga de temas

The Stone Roses no dio tregua. Fue una ráfaga de canciones yuxtapuestas que involucró al respetable en su mundo suave y melódico. Sonaron Where Angeles Play (otro EP), Shoot You Down y le emblemática Fools Gold, éxito de las listas de Top Ten de Inglaterra de los años 80, que en esta ocasión careció del sonido sicodélico de las percusiones. Ofreció un versión extendida de esta pieza, con algunos acordes de Eleanor Rigby, de los Beatles, pero sin sabor.

Sin embargo, vino la refrescante Waterfall, con ese sonidito tan británico como los autobuses de dos pisos, que a la gente encantó y preparó para el racimo final con Don’t Stop, Made of Stone, T.I.T.O (otro sencillo), Love Spread, She Bangs the Drums y I Am the Resurrection.

The Stone Roses, banda mítica, movediza y con sombrío y traslúcido historial, regresó a las tablas para reiterar su lugar en la beatitud de la historia del rock.