Opinión
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Isocronías

Fr’ Asinello

U

n solo poema, el siguiente soneto, le bastaría a Benjamín Sánchez Espinoza, mejor conocido como Fr’ Asinello, para no ser olvidado:

Al enjambre magnífico del idioma sonoro/ cuya música grata da deleite al sentido,/ yo prefiero el idioma del silencio dormido/ que circunda las almas en su clima de oro.// El silencio es la puerta del país del decoro:/ allí no nace el llanto ni crece el alarido/ y en la verde penumbra de un jardín escondido,/ la verdad nos ofrece su divino tesoro.// La plenitud se vive sólo cuando callamos:/ tácitamente cuajan las vides sus racimos;/ en silencio, la tierra, sus polícromos ramos.// Y al final de la vida nosotros descubrimos/ que la canción más bella fue la que no cantamos,/ y el poema más puro el que nunca dijimos.

Sánchez Espinoza nació en Guadalajara en 1923 y murió en la misma ciudad en 2011. El nombre que eligió para sí mismo, Fray Burrito, es indicativo de su carácter.

Veamos, y no lo traduciremos, no es necesario, en un italiano diccionario de sueños (dicho de otra manera, de símbolos) lo que su nombre significaría: “L’asino è un protettore che mette in mostra le virtù dell’umiltà e della devozione”.

Maestro del verso y de las estructuras poéticas lo llama Raúl Bañuelos, su antologador, en el prólogo a El humilde catador de todas las bellezas, libro publicado en diciembre pasado por la Secretaría de Cultura de Jalisco.

La vocación de cantar y alabar de por vida la Vida, le vino, al decir del propio Sánchez Espinoza, de lo alto: Yo bebí la dulzura del mandato divino.

El también profesor normalista y bibliotecario recibió hace medio siglo el Premio Jalisco por su Romancero de la vía dolorosa, que a un primer vistazo sonará lorquiano, pero que guarda conocimientos líricos de la tradición literaria castellana mucho más amplios.

Despidamos esta mínima nota con otro soneto, el primero de El poema del amor invencible:

“No sé por qué tu amor huracanado/ que se inició como furtiva brisa/ hoy, en mi soledad, me martiriza/ con ardores de incendio desatado.// ¡Nunca le satisface lo entregado!// Con cada donanción crece la prisa/ por convertir en fuego y en ceniza/ lo que de mí me queda reservado.// ¡Unión es el amor….! ¡y me divide!/ Introduce en mi ser el desacuerdo:/ Queriendo no querer, lucho y porfío;// resisto siempre a dar lo que me pide,/ y, en la estéril fatiga en que me pierdo,/ ni acabo de ser tuyo, ni soy mío.”