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Se han detectado 14 grabados de rostros, afirma el epigrafista Claudio Obregón Clairin

La cueva de Xibalbá resguardaría las raíces de los pueblos maya y teotihuacano

Está ubicada en plena selva, dentro de un terreno privado en Kantunilkín, Quintana Roo

Exploradores particulares dejan basura y destruyen petroglifos, denuncia

Foto
Vista parcial de uno de los petroglifos de la gruta de XibalbáFoto cortesía de Claudio Obregón Clairin
 
Periódico La Jornada
Sábado 30 de marzo de 2013, p. 4

Personajes, rostros y máscaras con rasgos que podrían ser olmeca-zoques y teotihuacanos, con evidencias de un rico colorido de pigmentos rojos, amarillos y verdes, se pueden apreciar en los petroglifos de la gruta nombrada Xibalbá, que se ubica en las inmediaciones del poblado maya Kantunilkín, al norte del estado de Quintana Roo.

Aunque la cueva fue descubierta hace 20 años por Carlos Poot (investigador independiente, indígena maya, residente en la localidad), desde hace unos meses el lugar es motivo de curiosidad por parte de la prensa local y especialistas, entre ellos el escritor y epigrafista Claudio Obregón Clairin, quien comparte con La Jornada sus impresiones.

“Podrían tratarse de vestigios que datan de hace 2 mil 500 años, antes del desarrollo de la escritura de glifos y antes del auge de la civilización maya. En un principio se han detectado 14 grabados de rostros, pero pudiera haber más.

La gran aportación de esta iconografía nos dice que hubo en la zona individuos con rasgos claramente teotihuacanos en un periodo en el que la ciudad de Teotihuacán no estaba fundada ni los mayas se habían establecidos en la península de Yucatán, es decir, estaríamos ante las raíces de esos dos pueblos, afirma Obregón.

El investigador mayista muestra fotografías del ojo de agua ubicado al fondo de la gruta; en una pared superior aparece en la piedra el grabado de un personaje acostado, el cual identifica como un cachorro de jaguar, que pudiera ser una referencia al culto que observamos también en la lapidaria olmeca en el Preclásico o en pinturas realizadas por los mayas en vasos ceremoniales del Petén, durante el periodo Clásico.

En la gruta también hay una franja horizontal, con algunas grafías rudimentarias; de manera aislada aparecen algunos esbozos de símbolos mayas, como el de la palabra y ciertas grecas que simbolizarían la unión de las fuerzas complementarias de la naturaleza.

Dos personajes

En el lado derecho de los relieves de la gruta Xibalbá se localizan dos personajes: uno sostiene en la cabeza lo que pudiera ser un enorme tocado de una serpiente. El otro, mitad humano, mitad animal, porta un tocado con orejas picudas que recuerdan las de los murciélagos y, de entre ellas, surge una probóscide que concuerda con la característica trompa del dios Chaac. La boca de éste segundo personaje tiene la lengua bífida, añade el especialista.

En la parte inferior del segundo personaje con rasgos olmecas, orejas de murciélago y lengua de serpiente, se encuentran dos máscaras con rostros teotihuacanos, es decir, ojos alargados con forma oval, el rostro triangular y la frente con ángulos rectos. Una de ellas parece ser que lleva otro personaje a manera de tocado sobre su cabeza. El descubrimiento de esas dos máscaras teotihuacanas me dejó pasmado y puede desencadenar diferentes interpretaciones de los orígenes mayas, reitera con entusiasmo.

La gruta se encuentra en un terreno de propiedad privada, en medio de la selva quintanarroense. En la medida de lo posible, Carlos Poot ha tratado de mantener reservada su ubicación para evitar, sobre todo, el vandalismo, por ello se decidió renombrar la oquedad como Xibalbá (en la mitología maya: el mundo subterráneo).

Especialistas adscritos al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) tienen conocimiento de esa cueva, de la que dicen forma parte de una gran cantidad de grutas con similares características que existen en la región.

Al estar en un terreno que pertenece a un particular, para llegar a la cueva Xibalbá se requiere la autorización de los dueños del rancho, pero en los años recientes han llegado personas por su cuenta a explorar la caverna, los que dejan basura y destruyen los petroglifos; incluso hicieron unos grafitis. Lo grave del asunto es que realizaron excavaciones en busca de supuestos tesoros, cuando la riqueza la tenían enfrente, en los grabados, continúa Obregón.

El epigrafista explica que “Poot decidió ahora dar a conocer a la prensa estos petroglifos para invitar a investigadores serios y así intentar un rescate de los vestigios, sin el riesgo de que la zona se convierta en un atractivo de turismo masivo.

La idea que tiene es que se estudien a fondo los grabados y luego proponer a las autoridades que se haga una réplica de la cueva en un lugar donde sí puedan acudir muchos visitantes. Pero se necesita un financiamiento considerable para dicha investigación y el estudio iconográfico.

Integrante de la European Association of Mayanists, Claudio Obregón Clairin resalta que si bien la gruta se encuentra en territorio del mundo maya, en su opinión, “no hay imágenes de esa cultura en las paredes de la gruta Xibalbá, son olmecas-zoques, preteotihuacanas, las cuales presentan un relato mitológico. La iconografía habla de entidades divinas que interac-túan con los seres humanos. Son representaciones chamánicas, totémicas, que tienen un doble lenguaje: la evocación y la acción.

“Evocan a los ancestros y al mismo tiempo las imágenes acompañaban las ceremonias rituales. Las cuevas eran sus vasos comunicantes con las entidades divinas.

“No son imágenes hechas al azar. Forman parte de un todo, se trata de un relato.

Hay que recordar que los mayas heredaron de los olmecas la tradición del jaguar, emparentado con la otredad, la noche, las cuevas. Era el vínculo que tenían los chamanes para llegar a otro plano existencial.

Recalca que sus observaciones son sólo apuntes iniciales de una labor de investigación en la que espera participen otros investigadores con el entusiasmo que en él despertó la visita a la cueva.

Narra que en la gruta el ambiente de trabajo es poco generoso, “se debe sortear la intensa humedad. Ahí habitan infinidad de murciélagos que, además de sus residuos tóxicos, tiran al suelo semillas redondas que provocan traspiés.

La zona está infestada de garrapatas que al ver llegar sangre nueva se lanzaron contra mi persona de manera violenta, y el declive de la gruta, en un ángulo de 45 grados, plantea una enorme dificultad para acomodarse entre los muros colapsados.

En próximos días invitarán al arqueólogo subacuático Guillermo de Anda, investigador de la Universidad Autónoma de Yucatán y colaborador de National Geographic, a visitar la cueva para seguir con el estudio de los petroglifos.

Lugares sagrados y refugios

Por su parte, el arqueólogo Luis Leira, investigador del INAH en Quintana Roo, considera que son muchas las cuevas que existen en la península de Yucatán con petroglifos similares a los de la gruta Xibalbá en cuanto a la iconografía que presenta, pero que en ningún caso retratan a algún grupo étnico.

“Son caras, espirales, puntos, rayas relacionadas con el agua y la madre Tierra, representaciones que se plasmaron en la cueva como parte de procesos rituales.

“Las cuevas eran para los habitantes de la zona en esas épocas remotas depósitos de agua virgen, lugares sagrados, pero también refugios contra eventos como huracanes.

Ellos plasmaban elementos figurativos en torno a personajes guardianes para atraer ese mismo beneficio sobre los humanos, por eso, en muchas cuevas encontramos hoy ofrendas e incensarios.

El especialista recalca que hasta el momento ningún estudioso nacional o extranjero tiene la certeza de que las representaciones iconográficas halladas en las cuevas de la región sean representaciones de teotihuacanos, zoques, mixes o alguna otra cultura.

En las cuevas de Quintana Roo lo más que se ha encontrado son imágenes de vulvas femeninas y penes, esos trazos están presentes no sólo en la gruta de Kantunilkín, sino en cuevas cercanas a la costa, donde también hay rostros e insinuaciones de jaguares.

El arqueólogo lamentó que algunas de esas cuevas sagradas para los antiguos mayas estén afectadas por el crecimiento urbano y la infraestructura hotelera, lo que ha ocasionado que estén inundadas con aguas negras.

Indicó que tan sólo en el área central de Quintana Roo, a finales de los años 90 del siglo pasado, se detectó una región con un sistema de unas 50 cuevas, donde se recuperaron ofrendas, puntas de flecha y restos de pesas de red de pescar. Asimismo, en Yucatán existe un vasto catálogo de cuevas y cenotes.

Las cuevas jugaron un papel muy importante en el periodo Preclásico, pero también desde el Pleistoceno fueron utilizadas; ahí tenemos a la llamada Mujer de las Palmas, que se halló en un cenote cercano a Tulum. Estamos muy pendientes de estas cuestiones, concluyó el arqueólogo del INAH.