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La Kremerata Baltica
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La Kremerata Baltica
 
Periódico La Jornada
Sábado 16 de marzo de 2013, p. a16

¿Una grabación que los ponga a levitar? ¿Una música que les recupere el paraíso perdido? ¿Un disco que ponga en materia lo inefable?

Helo aquí. Se llama Bach: The Art of Instrumentacion. Homage to Glenn Gould y es el nuevo proyecto del maestro lituano Gidon Kremer, creador de una institución autónoma que ha cambiado en poco tiempo el paisaje sonoro.

Precisamente para celebrar los 15 años de la Kremerata Baltica, esa orquesta transformadora del entorno, Gidon Kremer grabó este su nuevo disco, celebrando al mismo tiempo el aniversario décimo del festival Kronberg’s Chamber Music Connects the World, para lo cual encargó a 10 compositores partituras con una idea vertebradora: honrar la música de Bach.

Este proyecto empezó a caminar solo y, como suele suceder cuando el camino está ya abierto, los acontecimientos se suceden de manera casi mágica, entretejiendo el juego de las causalidades (que no casualidades):

La madeja, entonces, se desenredó desde antaño, cuando Robert Hurwitz, amigo de Kremer, le contó de sus encuentros entrañables con uno de los más grandes músicos de la historia: Glenn Gould.

El compositor Stevan Kovacs Tickmayer puso su granito de arena: en honor del título El arte de la fuga, que puso Bach a una de sus obras maestras, el nombre del disco quedó así: El arte de la instrumentación: homenaje a Glenn Gould.

El resultado es fascinante: inicia el disco con la única partitura no escrita para este cidí pero como si lo hubiera pensado su autor, el ucraniano Valentin Silvestrov (1937), pues su obra Dedication to J.S.B., pone en órbita al escucha y lo transporta a un estado de gracia por su atmósfera de ensueño, magia y paraíso recobrado.

El trance lo completa el letón Georgs Pelecis (1947) con su Aria, from Goldberg Variations, que es el emblema de Glenn Gould, o al menos quienes lo consideramos el mejor pianista de la historia lo identificamos de inmediato por su fraseo tan estremecedor, tan lleno de paz y armonía. El uso de un vibráfono en estos dos primeros cortes del disco nos aproximan al universo tintinnabuli, ese repiqueteo subliminal de campanas que resuenan en las obras del actual periodo compositivo de Arvo Pärt,

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Glenn Gould

Por cierto, Pärt forma parte del equipo creativo en torno a la Kremerata Baltica, pues sus obras forman parte de su repertorio, en especial en uno de los discos anteriores, que ha reseñado el Disquero: http://alturl.com/sudz3.

Y ya que dije Arvo Pärt, me salto hasta el track 9, donde la ucraniana Victoria Vita Poleva nos transporta a lo sublime desde el Preludio y Fuga en Fa menor de El Clave Bien Temperado de Bach. Esta compositora, conocida más por su apellido, Poleva, es uno de los recientes descubrimientos del Disquero: su composición Metta (término sánscrito que en budismo significa Amor Incondicional) es una clara secuencia/aprendizaje/seguimiento de la música de Arvo Pärt, por su capacidad de transportar el alma a territorios de armonía.

La hermosa lituana Raminta Serksnyte (1975) forma parte también de la nueva generación de compositoras que continúan el enaltecimiento de la música que ha procurado su antecesora, la autora tártara Sofia Gubaidulina (1931) y en general todos los autores que proveyeron partituras para este disco, forman parte de las generaciones garantes del avance y permanencia del arte musical, todos ellos integrantes de la disidencia rusa, por cierto.

Así que tenemos en este disco una fuente nutricia, una oportunidad de conocer nuevas músicas, nuevos autores, pero sobre todo de disfrutar de composiciones exquisitas, plenas de humildad por hacer reverencia a Bach, plagadas de grandes ideas, llenas de gratitud hacia otra persona que sigue siendo motor del avance de la música, pues aunque ya murió, su presencia es perenne, pues un buen día tomó la decisión de dejar de tocar en público para tocar para la posteridad, es decir: se encerró en los estudios de grabación para dejarnos una herencia monumental: el maestro Glenn Gould, quien gloriosamente cierra el disco porque en la obra final el autor, Viktor Kissine, incluye en su partitura unos crótalos y un fragmento grabado, una audiocinta donde Glenn Gould eleva el alma colectiva con el aria final de las Variaciones Goldberg.

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