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Artur Domoslawski, biógrafo del reportero del siglo XX, en entrevista con La Jornada

Legado de Kapuscinski: visibilizar a los excluidos frente a los poderosos

Las nuevas generaciones de periodistas deben abrevar en él, indica

Escribí el libro con espíritu crítico, pero no demoledor, para mostrar al maestro de carne y hueso, aclara el historiador

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Periódico La Jornada
Jueves 14 de marzo de 2013, p. 4

Monterrey, NL, 13 de marzo.

El principal legado del gran reportero polaco Ryszard Kapuscinski (1932-2007), del cual deben abrevar las nuevas generaciones de periodistas, se resume en una idea que cultivó: no escriban para dar voz a los poderosos.

Así lo explica el historiador Artur Domoslawski, autor de la biografía Kapuscinski Non-Fiction (editada en español por Galaxia Gutemberg), que causó polémica cuando se publicó en 2010, pues en ella señala, entre otros puntos, que su compañero de profesión en el diario Gazeta Wyborcza hacía más literatura que periodismo.

El libro provocó que la viuda de quien es considerado el reportero del siglo XX tratara, sin éxito, de impedir por la vía judicial su aparición, al considerar que dañaba la memoria y reputación de su esposo.

El volumen estuvo en el centro de un acalorado debate público durante meses, no sólo en Polonia, sino en los lugares donde se cuentan por miles los admiradores de la obra de Kapuscinski.

Revuelo sorprendente

En entrevista con La Jornada, Domoslawski explica que en su país a las personas les gusta tener santos. En Polonia Kapuscinski era un mito y un acercamiento a él, con el esfuerzo de mostrarlo de carne y hueso, es decir, humano y no como un monumento, me hicieron esperar algunas polémicas, pero el tamaño del revuelo me sorprendió, fue muy irracional, pues el libro está escrito con empatía y simpatía por el maestro, con espíritu crítico, eso sí, pero no demoledor.

El también periodista, quien participa en las jornadas académicas y profesionales de la tercera Feria del Libro de la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANLeer), convivió los últimos nueve años de vida de Kapu, como lo llama con afecto: durante ese tiempo, nunca se me ocurrió que haría su biografía. Después me arrepentí por no haberle hecho más preguntas, no sólo las que uno formula a un amigo durante el trabajo cotidiano. Luego de que murió, en 2007, la investigación me llevó tres años. Tuve acceso privilegiado a sus papeles privados, a su buhardilla de la calle Prokuratorska, en el barrio varsoviano de Ochota.

Domoslawski añade que la polémica en torno a su trabajo vino de personas fuera de Polonia “que ni siquiera habían leído el libro en polaco. Lo único que hice fue practicar la paciencia, esperar a que las traducciones llegaran a los países de quienes me criticaban.

“Hubo influencias externas tratando de impedir que escribiera el libro, pero me empeñé en hacer un trabajo serio. Lo importante es que aquí esté la biografía de un hombre que vivió una época extraordinaria, la de construir una utopía en su país por medio del comunismo, que fue testigo de la caída de los poderes coloniales en África, de movimientos revolucionarios y varios golpes de Estado en América Latina, testigo de la revolución pacífica en Polonia de los años 80, de la caída de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

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El historiador Artur Domoslawski, en Monterrey, durante la entrevista con La Jornada Foto Alondra Flores

“Si uno trabaja acerca de la vida y la época de una persona, hay que contextualizarla; tratar de explicar qué significa que Kapu era comunista: decir que fue un hombre de cierta generación, en cierto lugar del mundo, que vivió una tremenda y enorme guerra en la que murieron 6 millones de polacos, en una Europa que después de esa guerra era un basurero de ideas. Las democracias liberales fueron incapaces de parar el fascismo y el nazismo; la idea atractiva en ese momento era el socialismo, algo que hoy es fácil criticar.

Para Kapuscinski el comunismo fue una decisión muy legítima y hasta natural, para tratar de cambiar este mundo y hacerlo mejor. Él estuvo mucho tiempo con el Partido Comunista de nuestro país, porque el mundo capitalista que conoció como reportero no era el de Alemania, que tenía magníficas políticas sociales, era el de África colonial y poscolonial, y el de América Latina de los años 60 y 70, con un capitalismo brutal y salvaje en muchos países.

Domoslawski escribe en su libro que cuando hurgó en los archivos de su amigo, “siguiendo sus huellas, descubrí a un Kapuscinski que conocía poco y, a menudo, nada. Alguien que en algún momento lo hubiese visto y oído, ¿daría crédito a que aquel hombre apacible y siempre sonriente hubiera sido capaz de agarrar por las solapas a un funcionario, arrinconarlo contra la pared y gritarle mientras lo zarandeaba: ‘¡¿cómo te atreves hijo de puta!?’”

Estar en el lugar de los hechos

Varias son las lecciones del maestro polaco, reitera Domoslawski: “primero: para reportear hay que estar en el lugar de los hechos. Eso parece elemental, pero hay que hacerlo si queremos realmente entender y analizar lo que reporteamos.

“Kapu nunca creyó en un periodismo imparcial y objetivo. Siempre escribió por una causa. Si estuviera con nosotros hoy nos diría que no escribiéramos ni diéramos noticias en nombre de los poderosos. Su idea siempre fue que los periodistas deben ser la voz de quienes no la tienen, de los excluidos. Claro, otros segmentos de la población también necesitan de los periodistas, pero se trata de voces que están demasiado presentes. Una guía para las nuevas generaciones de periodistas podría ser esta idea del maestro: tratar de hacer visibles a los que no lo son.”

–¿Ya lo perdonaron los adoradores de Kapuscinski por haber escrito este libro?

–Fuera de Polonia, sí. He conversado con colegas de México y me han dicho que cuando por fin leyeron el libro en español éste era otra cosa, diferente a los rumores que llegaron primero. Fue un alivio y es que las críticas no fueron lo peor. En la prensa anglosajona, antes de haberlo leído, se publicaron elogios, pero de parte de las personas que odiaban a Kapu. Ese tipo de comentarios fueron para mí peores que los críticos.