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Por señal abierta la población pudo seguir la ceremonia de juramento del presidente Obama

Restructuración en la tv cubana; hay más contenidos extranjeros

Una barra deportiva y 14 horas continuas del canal Telesur, entre las novedades en la isla

Corresponsal
Periódico La Jornada
Martes 22 de enero de 2013, p. 24

La Habana, 21 de enero. En un giro sin precedente, los cubanos pudieron seguir hoy en vivo en la televisión abierta la juramentación del presidente Barack Obama, uno de los resultados de la nueva programación que ese medio estrenó el domingo.

Bajo una crítica creciente en los últimos años, la televisión cubana realizó una nueva restructuración, esta vez con más contenidos extranjeros, entre ellos una barra deportiva y 14 horas continuas al día del canal Telesur, que emite desde Venezuela.

El domingo el público pudo seguir un maratón de cine y una transmisión diferida de un partido del beisbol venezolano, dos novedades en la parrilla. Un canal estuvo reservado sólo para música, en su mayor parte de factura nacional, en una estructura que había sido esporádica y ahora será fija.

La presencia permanente de Telesur implica que los espacios informativos cubanos tienen competencia, lo que ayudará a mejorar las propuestas, dijo a La Jornada la crítica de medios audivosuales Paquita Armas Fonseca, que sigue el asunto de cerca.

Después de varias restructuraciones en la televisión cubana, esta vez es notable el mayor peso que tiene el entretenimiento y la emisión continua, por primera vez, de un canal extranjero.

En Cuba hay cinco canales nacionales, igual que los locales controlados por el Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT), que a la vez se subordina al Departamento Ideológico del Partido Comunista de Cuba.

Aunque Telesur refleja las posiciones del gobierno venezolano y mantiene afinidades con la política cubana, sus emisiones se originan en Caracas, por lo que es una señal externa de libre circulación aquí.

El gobierno de Venezuela tiene 70 por ciento de acciones en la emisora y el resto se reparte entre los de Argentina, Bolivia, Cuba, Ecuador y Nicaragua.

En el plano formal, la producción, el lenguaje visual y el ritmo de Telesur están muy por delante de la grisura de la televisión cubana. La crítica a las emisiones locales se ha multiplicado en los últimos años y se hizo más visible durante el congreso de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba en 2008.

El juramento de Obama apareció en uno de los espacios habituales de Telesur. En otro, el domingo, la emisora reportó las muertes coincidentes de dos glorias de las Grandes Ligas, el jardinero y primera base de los Cardenales de San Luis, Stan Musial y el segunda base y manager de los Orioles de Baltimore, Earl Weaver.

La noticia pudo ser rutinaria en cualquier parte del mundo, pero aquí rompió un precedente, pues el beisbol profesional en Estados Unidos es innombrable en los medios informativos cubanos, a contrapelo de la afición local.

La inclusión de Telesur o del beisbol profesional son reclamos de una buena parte del público, recordó Paquita Armas, pero al mismo tiempo cuestionó: ¿Se debe hacer una televisión por satisfacer los intereses del público, o para a partir de ellos proporcionar más cultura y buenos hábitos en los televidentes?

Creo que la televisión cubana como ninguna otra, puede entretener y educar al mismo tiempo a una población que cada vez más por DVD, computadoras, antenas y hasta teléfonos tienen acceso a lo que se está produciendo ahora en cualquier lugar del mundo, señaló la analista, que publica en las revistas La Jiribilla y El caimán barbudo.

Esa es una competencia permanente para directivos y creadores de la televisión, agregó. Hacen falta cambios, todo el mundo está de acuerdo con ello, pero yo agrego que sean competitivos.

Durante décadas los cubanos han intentado acceder a una oferta diferente, a través de antenas parabólicas piratas, suscripciones ilegales a servicios satelitales del exterior y hasta tomas clandestinas de señales por cable, todo lo cual renace sin cesar, a pesar de la persecución policiaca.

La serie televisiva más popular en los últimos meses en Cuba es El patrón del mal, producida por Caracol de Colombia, basada en la vida del narcotraficante Pablo Escobar Gaviria y que circula en discos.

De su lado, el gobierno de Estados Unidos nunca pudo penetrar en los hogares cubanos por medio de TV Martí, financiada desde su origen en 1985 por la Casa Blanca y festejada por el más recalcitrante exilio cubano radicado, principalmente, en Miami. Los expertos cubanos siempre encontraron el modo de bloquear una señal de televisión cuyo objetivo era desestabilizar al sistema cubano.

En un intento por mejorar su audiencia, la televisión cubana ha incrementado su oferta externa. En primer lugar, con las muy populares telenovelas brasileñas de O’Globo, el gasto en contenidos más importante del ICRT, según fuentes enteradas.

Luego, con producciones obtenidas por convenios en Europa y América Latina, y finalmente con la captura pirata de películas y series estadunidenses, que no se pueden comprar por el bloqueo comercial. En esa forma los cubanos están al tanto de Doctor House, Anatomías de Grey, CSI, El escudo o Esposas desesperadas y de los estrenos de cine más recientes.

Pero Armas Fonseca subrayó que falta un impulso a los creadores: Aún quedan artistas de talento pero muchos de ellos están desalentados porque la incertidumbre rodea sus programas; otros han decidido decirle adiós a la pequeña pantalla, ahora cuando el audiovisual rompe casi todas las fronteras. Creo que con las nuevas formas de producción independiente en Cuba, se impone que la televisión pueda comprar un buen programa a un realizador o a un grupo de ellos o contratarlo en condiciones distintas a las actuales.