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Toros

Extensa corrida 13 con toros de regalo ante modestos resultados en lidia ordinaria

Oreja a Joselito Adame por templada faena a su segundo, el de más transmisión

Decidida actitud de Leonardo Hernández y Arturo Macías

Reaparecen las banderillas negras

 
Periódico La Jornada
Lunes 14 de enero de 2013, p. a43

No falla. Cuando el Cecetla o Centro de Capacitación para Empresarios Taurinos de Lento Aprendizaje, con sede permanente en la monumental Plaza México, anuncia carteles cuadrados, es decir, con alternantes desconocidos o del mismo nivel y toros de dudosa procedencia, las cosas apenas salen como se esperaba y la gente, que intuye los menguados niveles de servicio que se carga la empresa, mal se aparece por el coso, estrecho como centro de diversión y bastante reducido como escenario de espectacular emoción a partir de la bravura de las reses.

En la decimotercera corrida de la temporada como grande en el coso de Insurgentes se presentó el rejoneador extremeño Leonardo Hernández (25 años de edad, seis de alternativa y 25 corridas el año anterior), que enfrentó dos muy buenos astados de Fernando de la Mora, y a pie los aguascalentenses Arturo Macías (30, siete y medio de matador y 40 festejos en 2012) y Joselito Adame (23 años, cinco y sólo 16 tardes en México, no obstante haber triunfado en Sevilla), que se las vieron con cuatro reses disparejas de presentación del hierro queretano de Lebrija.

Ante los modestos resultados artísticos en la lidia ordinaria, tanto Hernández como Macías emplearon el recurso del torito de regalo, el primero con buen ejemplar de Marrón por cuya lidia recibió dos orejas, y el segundo con un manso de Jorge María –el triunfalista hierro de los promotores Alemán y Herrerías, del que en la décima corrida indultaron un torito de regalo– que ayer sufrió la afrenta de banderillas negras –arponcillos más largos– al negarse a acudir al caballo del picador, y del que su matador obtuvo una oreja.

Pero en su lote Arturo Macías no logró remontar la sosería de su primero, débil, pasador y claro, y su segundo, un bello ejemplar sardo o con los tres pelos, lo prendió sin herirlo en dos ocasiones al quitar por gaoneras y llegó gazapón y deslucido a la muleta, con la que El Cejas consiguió algunos derechazos. Por cierto, en el tercio de banderillas hubo un momento de gran torería cuando Sergio González, para evitar capotazos, dejó un meritorio par al sesgo.

Joselito Adame, otro de los jóvenes diestros mexicanos a los que la empresa de la Plaza México se niega a poner en carteles redondos, es decir, al lado de los importados que figuran y con toros de la ilusión, logró con su segundo, el menos malo del encierro, una templada y cerebral faena derechista, cuidando que el toro no se cayera, no obstante que en ocasiones perdió la distancia y cayó en el encimismo. Al segundo viaje dejó un estoconazo en los medios y recibió merecida oreja.

Leonardo Hernández es un magnífico torero a caballo, sobrio, elegante, certero y con gran dominio sobre su extraordinaria cuadra. Como le quedó a deber al público el triunfo con los dos bravos y alegres ejemplares de Fernando de la Mora, recurrió al de regalo. Por cierto, en sus comienzos el hombre perdió la visión de un ojo, pero en España a los toreros tuertos incluso los hacen figuras; acá, listos que somos, mejor los mandamos a su casa.