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Miguel Sabah anotó en su regreso con el Guadalajara, pero también fue expulsado

Chivas y Toluca guardaron las emociones para el final de un partido somnífero

Marco Fabián dio algunos destellos de su talento en un frío y desolado estadio Omnilife

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Reconocimiento del Rebaño a Chava Reyes, máximo goleador rojiblancoFoto Notimex
 
Periódico La Jornada
Lunes 7 de enero de 2013, p. 5

Guadalajara, 6 de enero. Un partido casi insoportable por la ausencia de sentido, por las jugadas sin filo y sin contundencia, tuvo un momento rescatable, cinco minutos en los que los hombres en contienda recordaron de qué se trata el juego. En esa fracción agónica, el Toluca consiguió ponerse arriba en el marcador y apenas minuto y medio más tarde Chivas respondió como en un fogonazo para empatar el encuentro. El resto es digno del olvido.

El frío de una tarde de domingo se hacía más intenso en un estadio casi vacío. Los protagonistas en la cancha estaban a media revolución, distraídos y sin mucho empuje. Con todo, Chivas mantuvo el dominio del balón durante gran parte del encuentro. El Toluca estaba en una posición de apatía, sólo concentrado en no cometer errores, pero sin la malicia necesaria para el contragolpe. Parecían contagiados de una tranquilidad postnavideña, sin emoción competitiva.

Chivas hacía esfuerzos sin contundencia. Miguel Sabah presionaba, pero no era fácil someter a la marca choricera. Marco Fabián daba destellos de su talento, pero sin mucha coordinación con el resto del plantel. La imprecisión empezó a repetirse en las piernas de los rojiblancos, tanto en los jóvenes como en los más experimentados.

Fabián de pronto empezó a pisar con frecuencia el área de los Diablos, lo hizo apenas pasada la primera media hora, con un disparo destructor que no dio en el blanco y minutos después bombeó el balón demasiado alejado de la portería. En su tercera incursión puso, ahora sí, en verdaderos aprietos al arquero Alfredo Talavera, quien sudó para atrapar el tiro.

En el primer tiempo Chivas tuvo un avance continuo, pero no rendía frutos por falta de idea o bien por la poca puntería con la que mandaban los disparos.

Al volver del descanso, el Toluca recompuso su actitud y el Pájaro Benítez hizo una incursión ofensiva de peligro real. El tiro estuvo a punto de fulminar al portero Luis Michel, quien con trabajos pudo salvar su meta.

Mientras el duelo seguía en un vaivén sin gran peligro, el tiempo empezó a agotarse. Rebasaron los 80 minutos y el voltaje subió paulatinamente, hasta que al 83 se hizo emocionante, como si de pronto hubieran ocupado la cancha dos equipos distintos.

Cayó por fin un gol de los Diablos Rojos, el cuadro que menos gasto había hecho. El autor fue Lucas Silva, en un disparo impecable, pero gran parte del acierto se debió al genio de Benítez, quien entró al área y con maestría recortó al defensa que lo perseguía, lo amagó, se acomodó y envió un centro bombeado que su compañero aguardaba sin ningún guardián que lo estorbara.

Eso sirvió como una descarga en el conjunto rojiblanco, que 90 segundos después se fue encima; aunque Sabah fue el que conectó con habilidad el tiro a gol, la jugada también tuvo gran porcentaje de fortuna gracias a una jugada colectiva: Cherokee Pérez tocó el balón al Cubo Torres, quien con inteligencia jaló la marca y lo retrasó hacia donde Sabah con olfato depredador lo prendió para encajar el empate.

Luego la tensión hizo que el hijo pródigo del Rebaño perdiera los estribos. Se trabó en un intercambio de pataditas rutinarias con Édgar Dueñas y terminó asestando un taconazo a su rival, por lo que fue expulsado del encuentro.

El partido tuvo un cierre luminoso, emocionante y hasta rijoso... el resto puede olvidarse por completo.