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El MUAC exhibe la primera gran retrospectiva itinerante del artista venezolano

La preocupación esencial de Cruz-Diez no es el movimiento, sino el color

La muestra El color en el espacio reúne 120 obras, indica la curadora Mari Carmen Ramírez

 
Periódico La Jornada
Martes 20 de noviembre de 2012, p. 6

Liberar el color en el espacio y el tiempo, es el punto de partida de la obra plástica de Carlos Cruz-Diez (Caracas, 1923), concepto que nadie había planteado antes ni hecho después, prácticamente, expresa Mari Carmen Ramírez, curadora de la primera gran retrospectiva del artista franco-venezolano, resultado de un proyecto de investigación de casi un lustro.

La exposición Cruz-Diez: el color en el espacio y el tiempo reúne 120 obras, entre pinturas, dibujos, serigrafías, estructuras, ambientes cromáticos, maquetas y un video documental, realizadas desde 1940 hasta el presente, ya que el artista sigue produciendo e innovando, se presenta en el Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC), del Centro Cultural Universitario.

La muestra itinerante organizada por el Museo de Bellas Artes, en Houston, y la Fundación Cruz-Diez, la cual fue creada en esa ciudad en 2005, antes de venir a México, se montó en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires y la Pinacoteca del Estado de Sao Paulo.

La exposición se enfoca al tema del color en la obra de Cruz-Diez, porque desde sus inicios siempre se le encajonó en la categoría de los cinéticos. En realidad no hubo ningún movimiento cinético venezolano ni latinoamericano. Su trayectoria sufrió durante muchos años, porque siempre se le ha visto como asociado con Jesús Soto (amigo y paisano), uno de los grandes innovadores dentro del movimiento cinético en París, adonde Cruz-Diez se mudó en 1960.

En contraste con el arte cinético, la preocupación esencial del artista no es el movimiento como tal, sino el color, sostiene la curadora.

Color virtual, aditivo

En entrevista, Mari Carmen Ramírez explica que el color en la segunda mitad del siglo XX se convirtió en un problema para muchos artistas, en la medida en que después de la Segunda Guerra Mundial empiezan a buscar nuevas formas de expresión y consideran que la pintura es un medio agotado, exhausto. Temas como el color se convierten en elementos bastantes anacrónicos. Son pocos los artistas, como Cruz-Diez, que persisten en esta búsqueda y llegan a revelarnos aspectos inéditos del tema.

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Albañiles, obra de Carlos Cruz-Diez, incluida en la exposición del Museo Universitario Arte ContemporáneoFoto cortesía del MUAC

Graduado de la Escuela de Artes Plásticas y Aplicadas de Caracas, el expositor pasó por un proceso en que el color se hizo cargo de la composición y se organizó de manera mucho más abstracta. Su experimentación lo llevó a crear, a finales de los años 50, la estructura de la fisicromía, una de sus grandes contribuciones, con la que liberó el color en el espacio y el tiempo. La fisicromía surge de dos planteamientos básicos: el color aditivo y el desplazamiento del color.

El principio del color aditivo está basado en las teorías de Edwin Land, inventor del polaroid, quien en sus experimentos descubrió que cuando uno cruza un color como el verde con su complemento como el rojo, se produce esta área intermedia, un amarillo que no está en el soporte, sino es el resultado de la luz y cómo el ojo lo procesa. Es un color virtual, por eso se llama aditivo.

Ramírez continúa: “Cruz-Diez toma el plano bidimensional y lo rompe. Estos son cartones pintados por los dos lados y por encima, luego, comprimidos, con lo que la base de la pintura se convierte en un plano en relieve. El artista rompe esta superficie y la modula mediante una serie de líneas de colores complementarios que producirán el efecto de color aditivo. Las intercala con estas aletas o filtros, que servirán para que el color rebote, que es el principio del desplazamiento del color.

Es la suma de estos procesos lo que produce la obra, por lo cual llega a la conclusión que el color no es como siempre estamos acostumbrados a pensar: un pigmento sobre una superficie, sino es un acontecimiento que depende de la luz, del desplazamiento del espectador enfrente de la obra. Estos condicionantes van a producir una multiplicidad de situaciones para el color y la función del artista es proveer las condiciones para que estas situaciones se den. De allí que el color es algo para ser experimentado, no contemplado.