Directora General: Carmen Lira Saade
Director Fundador: Carlos Payán Velver
Domingo 4 de noviembre de 2012 Num: 922

Portada

Presentación

Bazar de asombros
Hugo Gutiérrez Vega

Música, maestra
Alessandra Galimberti

Matemáticas y poesía
Fabrizio Lorusso

Rosario para letraheridos
Ricardo Bada

La poesía nayarita después de Nervo
Ricardo Yáñez entrevista
con Miguel González Lomelí

Blas Pascal, el
pensador sensible

María Bárcena

Retrato de
Enrique Fierro

José María Espinasa

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Columnas:
Jornada de Poesía
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La poesía nayarita
después de Nervo

entrevista con Miguel González Lomelí


Foto: www.ondacultural.org

Miguel González Lomelí nació en Jala, Nayarit, en 1939. Egresado de la Escuela Normal Superior de México, ha publicado tres libros de poemas, Otra vez la luz, Tema y variación y Pleamar, y uno de cuentos, Manual de insomnes. Ha colaborado en volúmenes sobre historia, arquitectura y antropología relativos a su tierra natal y ha escrito ensayos sobre Amado Nervo.

Ricardo Yáñez

En la infancia y primeros años adolescentes no tuve ninguna influencia que propiciara un encuentro con la poesía, de no ser por lo que se ofrecía en la primaria: versos patrióticos y a la madre. Fue hasta tercero de secundaria que viví el primer sacudimiento poético a través de un viejo maestro, el Venadito, quien me dio las Rimas y leyendas, de Bécquer. El contacto con “Yo sé de un himno gigante y extraño”, “Volverán las oscuras golondrinas”, “Porque son, niña, tus ojos/ verdes como el mar te quejas”, fue un deslumbrante arribo a otra dimensión de la existencia.

Los jóvenes actuales tienen múltiples posibilidades de tropezar con la poesía y engancharse a ella. La existencia de talleres, publicaciones, instancias oficiales dedicadas a la promoción cultural, ofrecen posibilidades. La facilidad de acceso a libros en general ‒en mi tiempo era prácticamente nula‒, constituye una oportunidad importante. Otra cosa es si este ambiente llega a interesar a los jóvenes. La paradoja es que la saturación de estímulos de los medios de comunicación, internet, las formas de emplear el tiempo libre, etcétera, no favorece el encuentro con la experiencia poética. La gran cantidad de distractores ambientales es poco favorable al desarrollo del gusto por la lectura, la sensibilidad estética y los talentos artísticos (en Nayarit prensa, radio y televisión son por completo ajenas a intereses culturales: ningún medio impreso o electrónico ofrece espacios para que los jóvenes expongan sus propuestas).

Por muchos años fui sólo lector de poesía y, pese a sentir fuertemente el llamado de las letras y que vivía en Ciudad de México (en los años setenta y ochenta), nunca se me ocurrió inscribirme en algún taller. Fue hasta la experiencia del terremoto ‒soy sobreviviente del edificio Nuevo León‒ que se me reveló la necesidad de buscar la forma de expresar aquel caudal de sentimientos. Por esa circunstancia personal, creo que un joven se descubrirá poeta en la medida que algo lo sacuda con urgencia emocional y lo haga sentir que necesita la expresión poética para reordenar su mundo y emprender la búsqueda de lo que quizá no se pueda encontrar.

Los jóvenes en Tepic tienen pocos espacios públicos para el encuentro con la literatura. La universidad local carece de una escuela de letras. Para trescientos mil habitantes sólo hay tres bibliotecas de regular importancia, e igual número de librerías, éstas sí muy lejos de ofrecer libros de calidad. Encontrar un libro de poesía constituye un hallazgo de grandes proporciones. Quienes abrazan la poesía llegan a publicar entre los veintidós y los veinticinco años de edad. Lo que escriben es poesía intimista, no precisamente sentimental, sino indagadora de estados de conciencia, emociones, relación con el mundo, vivencias amorosas... Buscan formar grupos: actualmente se distinguen dos, que al parecer interactúan sin problema. Por lo demás, todo indica que las dificultades para hacerse poeta son idénticas para hombres y mujeres. Lo que sí es notable es que sean equivalentes en número.


Foto: Ricardo Yáñez

La poesía de los jóvenes nayaritas no tiene que ver con lo rural, y somos una entidad predominantemente rural (lo urbano es sólo porque el total de jóvenes dedicados a la poesía viven en la capital). Otro gran ausente es el mar, siendo Nayarit un estado costero, con casi trescientos kilómetros de litoral. De igual manera está ausente el universo de las etnias que conviven en nuestro espacio geográfico: coras y huicholes. Tal vez el rechazo a cierto tipo de literatura folklorista y el temor a ser tachados de localistas y aun costumbristas haya impedido que se busquen nuevas formas de acercarse a esas expresiones, que ofrecen retos de una gran riqueza. 

Amado Nervo es sólo una referencia al festival que lleva su nombre. En general los jóvenes menosprecian su poesía; no se da una lectura crítica, no hay acercamiento ni apropiación de su obra. Se ignora que fue un gran prosista. Alí Chumacero, conocido y leído en círculos más enterados, sobre todo por los diversos homenajes que se le rindieron, tampoco tiene mayor incidencia en la poesía de los jóvenes. Su poética, trabajada como al buril, está muy lejos del facilismo, por un lado y, por otro, del rebuscamiento sin mayor sentido con que se expresan los poetas de hoy.

Probablemente tengan más presencia corrientes provenientes de Guadalajara, expresiones muy urbanas que se proponen una ruptura con las formas de abordar la poesía del siglo xx. Mas el intercambio de influencias entre esa ciudad y Tepic es mínimo. La realización de talleres en el pasado reciente, uno de ellos con Carmen Villoro, descubrió una serie de individualidades que hasta hoy permanecen en el campo de las posibilidades, lo que pudiera obedecer a que no se siente un verdadero compromiso con la literatura, el buscar la profesionalización del escritor; pareciera que se da cierto conformismo con el primer librito que se logra publicar. En ese sentido no creo que mi trabajo poético, con cierta presencia a través de talleres y publicaciones, haya tenido alguna repercusión. En cambio, el de algunos de ellos, si no ha influido en mí, sí me ha sorprendido por sus recursos y novedad temática.

¿Enseñar poesía? Definitivamente no es posible. Se puede desarrollar la sensibilidad, el disfrute del poema, la hechura de buenos versos, el manejo de los recursos escriturales de la redacción, la composición, el conocimiento de las innumerables figuras del lenguaje, pero la expresión poética brota del interior del sujeto como un borbotón impetuoso y toma forma al encontrar el cauce que le da el poeta, y eso no se puede enseñar: puede propiciarse. Tal vez el enseñante pueda ser el brujo que desata la corriente interna para que el poeta se revele.