Política
Ver día anteriorLunes 29 de octubre de 2012Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Nosotros ya no somos los mismos

De ex gobernadores y gobernadores, similitudes y diferencias

I

nicio esta columneta con verdadera inseguridad y temor. Reacciones explicables cuando se realizan tareas no acostumbradas: pero resulta que tengo motivos más que suficientes para hablar bien y muy bien de diversas personas. Lo voy a intentar reconociendo, de antemano, que no es lo mío.

Quiero referirme, hasta donde me alcance, a cuatro gobernadores –dos de ellos ya fallecidos y dos, apenas entrantes–; a un ex candidato presidencial; a un pionero de la televisión comerciaI y a un obispo, demasiado activo para dolencia de muchos, pero también indispensable, para consuelo de muchos dolientes.

Pedro Vázquez Colmenares nació político y en Oaxaca, es decir, orador inevitable. Moreno, bajito, suavecito el tono del habla y lengua come finales. Un sentido del humor ladino, en su mejor acepción, ingenioso, agudo, cáustico y, hasta donde lo traté de cerca, honorable y ufano siempre de su ascendencia, características que, como gobernante, trató de plasmar en acciones de beneficio para su gente. Universitario de aquellos, fue presidente de la sociedad de alumnos de la Prepa 1, en San Ildefonso, y formó parte, junto con el enorme enano Bonfil, Raymundo Ramos, Ángel Bonifaz y Sergio Veraza no sólo de los Jóvenes Esperanza de la Fraternidad, sino del ala liberal, juarista, izquierdosa del PRI de aquella época.

Al final de los años 50, las celebraciones de los grandes hitos de la patria surgían del alma colectiva de los mexicanos y no eran motivo de revanchas ideológicas de la derecha empoderada. Ésta, la que está finando con verdadera pena y sin ninguna gloria, la que con desvergüenza histórica aprovechó nuestras entrañables efemérides y, provocadoramente, transformó en héroe a un canalla, y edificó una ofensiva estela de luz para ensombrecer turbios negocios. En esas épocas (tristemente más lejanas en la conciencia histórica que en el tiempo), los jóvenes universitarios celebraron, no recuerdo bien si el centenario de la Constitución de 1857, o la restauración (en 1867) de la República, con un acto que causó escozor y acrimonia a los miembros del PPE (Partido de Pedro el Ermitaño): uncieron a sus hombros los arneses, los arreos de la emblemática carroza en la que el señor Juárez y los Varones de la Reforma cruzaron el territorio perseguidos por los invasores extranjeros y los traidores autóctonos, y regresaron con la solidaridad absoluta de un pueblo empeñado en conservar intacta la soberanía de la nación y asegurado el futuro de la República. Pedro Vázquez Colmenares, oaxaqueño, ya sabemos, reclamó y obtuvo un sitio en ese emocionante recorrido por las calles de la ciudad. El que esto con trabajos recuerda no tenía los méritos suficientes y sólo consiguió una suplencia, por si alguien no aguantaba el tranco. Desgraciadamente, nadie desfalleció. No puedo desaprovechar la mención que hice de los Varones de la República, para comentar algo que acabo de leer: varón nos llega del latín vir, viga. Para los romanos, la viga es lo que sostiene la casa. ¿No piensan que fue un gran acierto el llamar así a los mexicanos de excepción, que en los momentos más aciagos fueron el sostén de la casa común de los mexicanos?

Genaro V. Vázquez, oaxaqueño nacido en 1892, se graduó de maestro normalista y luego de abogado. Fue dos veces diputado y una senador. Ministro de la Corte, procurador general, jefe del Departamento (hoy secretaría) del Trabajo y, necesariamente, gobernador de su estado. Escribió libros sobre Madero y Juárez y, sin embargo, en la historia política, su referente más conocido es una frase que irritó sobremanera a los leguleyos puntillosos del preciso cumplimiento de las leyes que les convienen y laxos, muy laxos, en los principios éticos que deberían ser la sustancia legitimadora de toda norma jurídica. ¿Cómo puede ser que un jurista prominente y funcionario de tan alto nivel pueda afirmar: Al indio hay que darle la razón, aunque no la tenga? Esta es una blasfemia, es una convocatoria a la disgregación social, al rompimiento del estado de derecho, gritaron por todos los medios (desde entonces en sus manos). Su vocinglería, como siempre sucede, acalló las razones: don Genaro nos quiso decir que los enunciados de los códigos, que siempre se elaboran desde el poder, no siempre reflejan las razones de la equidad, la justicia, la honorabilidad, la solidaridad o la justicia. A los pobladores originarios de estas tierras no tenemos que darles la razón. Es la Historia la que permanentemente les ha validado su vigencia. Somos nosotros, los señores de las malas razones quienes siempre se las escamoteamos.

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Pedro Vázquez Colmenares, oaxaqueño, honorable y ufano de su ascendencia, características que como gobernante trató de plasmar en acciones de beneficio para su genteFoto Archivo de La Jornada

Pedro honró a su padre, don Genaro. Ojalá Pedro, Ana, Bernardo y Rodrigo hagan de su comportamiento tradición familiar.

La izquierda, cualquier cosa que esto signifique, tengo entendido que gobierna en cinco entidades. Yo conozco a dos de esos gobernadores: Graco Ramírez, de Morelos, y Arturo Núñez Jiménez, de Tabasco. Entre ellos existen algunas similitudes y un mundo de diferencias.

La principal de las primeras es, evidentemente, su común origen priísta. Recuerdo a Graco a la vera de Chucho Salazar Toledano, sin duda el líder juvenil más dinámico y eficaz del PRI en el DF. Graco fue siempre, antes que otra cosa, un activista, un agitador, y de los buenos. Casi diría que se le daba el rol de provocador, si no fuera porque precisamente su fama es de lo contrario: de componedor accesible que jamás se salta las trancas. Es un orador fogoso, aguerrido, pero silvestre. No es uno de los tradicionales oradores de concurso. La estructura, el estilo, la metáfora, la cita culterana, la frase pulida y el cierre apoteósico ni se le ocurren, ni le importan (y eso que fue secretario particular de un derrochador de la palabra hablada, escrita o con dengues y mohínes: Juan Saldaña). A cambio es efectista y profundamente sagaz para manejar sus auditorios. De hecho hay dos Gracos (bueno, en realidad hay muchos): el de la tribuna, que podía aspirar a la magna estrella roja de los bolcheviques, y el de la conversa pluriclasista en corto, que es capaz de bajarle el inexplicable reconocimiento a la Unión Europea.

¿Qué quiere Graco? ¿Ser al término de seis años un potentado al que los grandes millonetas de residencias fabulosas en Cuernavaca, Tepoztlán, Cuautla, los desarrolladores inmobiliarios, los fracciodepredadores, los industriales nacionales y extranjeros a quienes nada importa la gente y el ecosistema (que son el patrimonio vital del estado), pero sí el terreno campesino convertido, con su jugosa plusvalía, en parque industrial, lo reconozcan benefactor, aunque jamás lo vuelvan a tratar (ni a él ni a su familia), como su igual?, porque el trato de seis años no era a Graco, sino al gobernador, que ahora ya será otro, y si Graco no se aplica, ese gobernador volverá a ser, ese sí, otro de los suyos.

Pero la moneda no está en el aire sujeta al azar, sino a la voluntad y decisión de Graco, de gobernar conforme a los principios que postula el partido que avaló su candidatura. A las convicciones de que se ha ufanado en sus flamígeras peroratas, a los compromisos contraídos con quienes le creyeron y reflejaron su confianza en la boletita que, en el transcurso de unas horas, lo hicieron gobernador. Si lo hiciera, Garrido Abreu podría, al cabo de seis años, convertirse en una rara especie, la del ex gobernante respetado y querido por su gente, pero además, en un líder de proyección nacional. ¿Por cuál de estas opciones –totalmente incompatibles– definirá Graco su futuro? La primera prueba la tiene enfrente: en el conflicto de la comunidad de Huexca, se privilegiará el diálogo y la concertación, o se recurrirá al recurso de la fuerza pública o privada encubierta? ¿Se respetará la opinión libremente expresada de la mayoría de la población, o se recurrirá al chantaje, al soborno y al fomento de la división entre los opositores? ¿Prevalecerán las razones (a las que nos referimos al principio), de los lugareños, o los intereses y las pingües ganancias (ligeramente compartidas), de las trasnacionales españolas Elecnor y Abengoa?

Por tercera vez debo mencionarlo: como retoños cuyos aliños/ un viento helado marchita en flor/ siguen cayendo los héroes niños/ ante el embate de los Mouriños/ el nuevo nombre del invasor. La última palabra puede alternarse con: inversor.

¡Ah qué Felipe de Jesús! ya con un pie afuera, pero no suelta el rollo de los cariños personales: Hace apenas unos días, en Campeche, volvió a equivocar los términos. No se vale confundir la gestoría con el tráfico de influencias.

Dejo para la otra, breve referencia a un affaire en el que nos vimos envueltos un Presidente de la República, su secretario de Gobernación, el gobernador Ramírez Garrido y quien esto, con sobradas dificultades, recuerda.