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El ensamble Liminar ofreció un concierto-homenaje por el centenario del compositor

John Cage, autor por descubrir en México, según Alexander Bruck

La cerrazón y los prejuicios imperan respecto de su música experimental, dice el violinista

De su producción, poco se conoce y programa en el país

Seven, partitura del estadunidense, tuvo su estreno nacional en el CNA

Se conmemoran también 20 años de su fallecimiento

 
Periódico La Jornada
Sábado 22 de septiembre de 2012, p. 2

Aunque es una de las principales figuras de la música experimental en el mundo, a la fecha poco se conoce y programa en México de la obra del estadunidense John Cage (1912-1992), cuyo centenario se conmemora este año, así como dos décadas de su muerte.

De acuerdo con el violinista Alexander Bruck, fundador de Liminar, ensamble de música contemporánea, tal carencia se debe a la cerrazón y los prejuicios imperantes en el país respecto de la música contemporánea y, en particular, la denominada experimental.

Pero también, agrega, a que la estética musical en México ha estado muy orientada hacia Europa y toda la tradición de la música experimental en Estados Unidos, sobre todo a partir de Cage y las generaciones posteriores, prácticamente era desconocida aquí hasta tiempos muy recientes, al llegar por el lado del arte sonoro e inclusive las artes plásticas.

En entrevista con motivo del concierto que Liminar ofreció anoche en el Auditorio Blas Galindo del Centro Nacional de las Artes (CNA), en el cual se realizó el estreno nacional de una obra del músico estadunidense, Alexander Bruck mantiene la convicción de que Cage es un autor aún por ser descubierto en el país.

“Se conoce su pieza 4’33” –señala–, aunque más como una provocación que como una propuesta, también ha sido programada su música para percusiones, pero nada más, cuando Cage tiene un enorme catálogo por ser descubierto y trabajado”.

Referente en el arte sonoro

Según el ejecutante, John Cage es el fundador de la nueva música, a partir de la escritura de la ya mencionada 4’33”, y hasta la fecha se mantiene como referente fundamental para todo una gama de músicas muchas veces no académicas, que a falta de un mejor término seguimos llamando música experimental.

Fundado hace un año, el ensamble Luminar aprovechó la coyuntura de las mencionadas efemérides para integrar un ciclo de siete conciertos en homenaje a John Cage y, con ello, mostrar que en la producción de este compositor hay obras muy buenas.

Foto
John Cage (1912-1992)Foto Archivo

Al respecto, Alexander Bruck destaca que el concierto de anoche, el quinto de la serie, fue concebido a manera de contraste entre la producción inicial del creador y su última etapa, con tres obras de su autoría.

Una de ellas, Seven, fue tocada por vez primera en el país, aunque el violinista precisa que, en realidad, cada vez que se interpreta una de sus piezas es una ocasión única, como si fuera el estreno de la misma, debido a los parámetros tan amplios que el autor dejó en cada partitura.

La citada obra, agrega, forma parte de un periodo no tan conocido en la producción de Cage: su última etapa, en la que tituló todas sus piezas con el nombre de números, los cuales eran asignados de acuerdo con la cantidad de intérpretes que requería su ejecución.

Las otras dos obras del programa, Atlas eclipticalis, en su versión para ensamble de cámara, y Winter music, se tocaron de forma combinada, lo cual es una de las peculiaridades del quehacer del músico, destaca Bruck.

En el concierto se efectuó el estreno nacional de sendas obras de Earle Brown y Morton Feldman, quienes formaron parte de la Escuela Americana o de Nueva York al lado de Christian Wolff y John Cage.

En este concierto mostramos sobre todo esa última etapa de Cage, porque él mismo decía que a esa edad podía permitirse escribir música bella. En realidad son obras muy agradables, no es lo que uno esperaría tal vez cuando escucha hablar de música contemporánea, aunque no por eso es algo complaciente, concluye Bruck.

Es música que tiene una exigencia hacia el público, aunque no se requiere de algún bagaje especial. Lo que John Cage siempre exige es escuchar: oír los sonidos como lo que son y no como lo que representan ni lo que esperamos de ellos, ni lo que intérpretes quieren expresar. Es música que carece de expresión en el sentido romántico y lo que hace es dejar que los sonidos mismos se expresen.