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Comparo la vida de un investigador con la de un campesino, afirmaba

Rinden homenaje al historiador Jan de Vos a un año de su fallecimiento

Participaron Juan Pedro Viqueira, del Colmex, y Pedro Pitarch, de la Universidad Complutense

Corresponsal
Periódico La Jornada
Domingo 26 de agosto de 2012, p. 5

San Cristóbal de Las Casas, Chis., 23 de agosto. Amigos, familiares, colegas, alumnos y lectores recordaron al historiador Jan de Vos en el homenaje que organizó el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (Ciesas-Sureste), con motivo del primer aniversario de su fallecimiento. Comparo la vida de un investigador con la de un campesino, afirma el autor de La paz de Dios y la del rey en una entrevista videograbada. Tenemos la posibilidad, la obligación, de producir conocimientos. Lo tenemos que hacer imitando al agricultor: un trabajo sostenido, paciente y amoroso, porque tenemos que amar lo que estamos haciendo.

La habilidad narrativa es el encanto de las obras de Jan de Vos, es lo que garantiza que va a perdurar durante siglos, sostuvo el también historiador Juan Pedro Viqueira, de El Colegio de México (Colmex). Subrayó que reflexionaba mucho sobre los documentos que utilizaba. Se preguntaba por qué se habían escrito, qué intención tenían y qué tan confiables eran; al mismo tiempo tenía un tono un poco didáctico, muy ameno para contar los sucesos: su gran habilidad era combinar las dos cosas, y hacerlo en la narración. Ese es el sello de Jan de Vos.

En el acto también se presentó el libro La guerra de las dos vírgenes, publicado en 2011, el cual aborda el tema de la rebelión de Cancuc de 1712 (este año se conmemora su tercer centenario), la rebelión más importante contra el imperio español, con excepción de la de Túpac Amaru, en Perú, al decir de Juan Pedro Viqueira.

Aparentemente es una antología, pero sobre todo un libro muy personal de Jan de Vos, afirmó el investigador Pedro Pitarch, de la Universidad Complutense de Madrid, porque aunque es una selección de textos, ésta y cómo los pone a dialogar unos con otros, es muy personal, que delata un poco el estilo dialogante también del historiador, que le gustaba contraponer, contrastar los textos y la gente. Entonces no es sólo una antología, sino también un ensayo de juego de textos, en el cual uno descubre que en realidad no hay una verdad canónica de nada, sino simplente hay versiones: los españoles tienen un entendimiento de la rebelión, los indios tienen otro, e incluso entre los propios indígenas y, desde luego, entre los españoles también hay distintos entendimientos. Eso lo muestra muy bien el libro de Jan.

Foto
Jan de Vos en una imagen de 2002Foto Luis Humberto González

El título tiene su propia interpretación. “Utiliza la guerra de las dos vírgenes como una métafora –observa Pitarch–, la virgen de la Caridad, que es de los españoles, la virgen capitana, militar, de aplastamiento. Y la otra que es la virgen del Rosario, que aunque es dominica, se la apropian los indígenas. Y esta es la metáfora que emplea: una virgen cristiana, la de los dominadores, y una virgen indígena, la de los dominados, la del pueblo, la de lo que él llama el evangelio autóctono.

“Es una interpretación discutible, pero muy potente –puntualiza el investigador, quien ha trabajado en la población de Cancuc–; utiliza muy bien la metáfora. En realidad no es tanto que los indios empleen una virgen cristiana, lo que ven en ella es más bien una deidad un tanto prehispánica, que a la vez es una virgen, un jaguar, distintos ídolos: ven en ese personaje, de manera simultánea, a todos esos seres; por eso los españoles no pueden entender a qué rendían culto los rebeldes. Hay varias versiones, y ninguna coincide; probablemente sean todas”.

En su turno, el doctor Jesús Morales Bermúdez, del Centro de Estudios Superiores sobre México y Centroamérica de la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas, sostuvo que Jan de Vos, “sin ser militante ni hombre de acción, tampoco ideólogo, pensaba que el estudio de la historia podría alumbar los caminos emprendidos por los luchadores sociales. ‘La historia como magistra vitae’, decía. Y en aquel mundo de discusión del qué hacer, Jan pensó lo relevante que podría ser el estudio de las rebeliones indígenas, como espejo de muestra para la actualidad”.