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Batallas II y rivalidades
M

iguel Ángel no siguió pintando en la Sala del Consiglio del Palazzo Vecchio porque prefirió viajar a Roma, convocado por Julio II, el Papa Della Rovere, obsesionado con el proyecto de su sepulcro, que ocuparía el crucero de San Pedro. En ese tiempo (1508-12) pintó la bóveda de la Capilla Sixtina.

Leonardo, por las razones antedichas, tampoco prosiguió: la mezcla al óleo empezó a chorrear. Pero el encono entre ambos existía de tiempo atrás, tanto que según el Anonimo Gaddiano (también llamado Anónimo Magliabecchiano), durante un breve encuentro casual entre ambos en Florencia, Miguel Ángel le espetó a Leonardo: los idiotas de los milaneses creyeron en ti. La frase hace referencia a que Leonardo no llegó a fundir el famoso Caballo de Milán para Ludovico Sforza.

Son conocidas las alocuciones de Leonardo recogidas en su Tratado de la pintura (que no es exactamente tal, sino producto de anotaciones y dibujos suyos legados por testamento a su discípulo Francesco Melzi) acerca de la superioridad de la pintura sobre la escultura. Miguel Ángel ya tenía amplio prestigio como escultor, pero al igual que Leonardo, era solicitado en Palazzo Vecchio como pintor. Piero Soderini, buen político cultural, quiso confrontarlos. Sobrevivieron por un tiempo los cartones de uno y otro. Tuvo mejor suerte Leonardo, pues quien lo retomó fue Rubens, como ya se vio. El cartón de Miguel Ángel sobre Cascine con los soldados desnudos sorprendidos por el enemigo en el Arno, fue cortado en varias partes por Bartolomeo (Baccio) Bandinelli (1493-1560). Lo cortó según se cuenta: 1. Para impedir que la pléyade de artistas que acudían a Palazzo Vecchio, donde se encontraba todavía en 1512, lo copiaran. O bien, 2. Porque detestaba a Miguel Ángel a través de los celos que le instigó Benvenuto Cellini. Su menosprecio por éste corría parejo con su afecto por Leonardo, según relata Vasari, para quien Miguel Ángel era casi Dios.

¿Quién perdió de momento? La ciudad de Florencia en esa etapa. En el futuro quien perdió fue el patrimonio artístico, gracias a todas estas intrigas, discusiones y rivalidades.

Una opinión equivocada, expresa a propósito de la Batalla de Anghiari que debido a la mala experiencia de Leonardo con el fresco en el Cenáculo en Santa Maria delle Grazie, de Milán, fue que intentó la mezcla con óleo en el Palazzo Vecchio. Eso es falso: la experiencia del Cenáculo, salvo prisa, no fue con el fresco, sino igualmente con mezcla de varias técnicas propiciadoras de su deterioro paulatino. Ya entre 1505 y 1512 el deterioro era notable, a lo largo de siglos ocurrieron más de 25 restauros, hasta la intervención reciente, que como ya anoté, tomó ocho años. Eso es lo que puede verse hoy día allí. Los espectadores tendemos a complementarlo con la imaginación a través de la multirreproductibilidad de grabados y estampas que conocemos.

Entre 1555 y 1572 la sala del Cinquecento fue ampliada y restrucurada por Vasari. Durante el curso de esos trabajos, los remanentes previos a la decoración se perdieron, incluyendo lo que también pudo haber dejado Miguel Ángel.

El 12 de marzo de este año (2012) el equipo de Maurizio Seracini practicó perforaciones en el muro de Vasari con el objeto de obtener muestras de los restos en la pared interior. De allí partió el proyecto ahora en discusión.

Entre otras razones que pueden ser muy válidas, puede pensarse que la reciente recuperación de la pintura Salvador Mundi, exhibida en la muestra de la National Gallery de Londres, Leonardo da Vinci: pintor de la corte de Milán pudo haber generado o incrementando la moción de otra recuperación, por implausible que pueda ser la presencia de algo legible como composición.

Se supone que Salvador Mundi fue pintada entre 1506 y 1513 y llegó a pertenecer al rey Carlos I de Inglaterra (ejecutado por Cromwell), ya que estuvo así catalogada en 1649. Reapareció en 1900 muy maltratada debido a restauros y en 1958 fue vendida por 45 libras esterlinas, por supuesto, sin atribución a Leonardo.

No pertenece a las colecciones londinenses, sino a un consorcio de vendedores, según datos proporcionados por Milton Esterow en ARTnews.

Las fotos que existen anteriores a su restauro y posteriores al mismo difieren mucho, el restauro la benefició sin duda alguna, incluso en cuanto a expresión facial.

Ese Pantocrator renacentista, ¿es de Leonardo?, ¿tiene mano de Boltrafio o de Luiini? No son cosas que pueden saberse a ciencia cierta. Lo que sí sucede es que por un tiempo, al menos, la pieza a partir de su exhibición en Londres es atribuida a Leonardo. Hay historiadores como Martin Kemp, emérito de Oxford, que la avalan, y otros que la cuestionan. Así son las cosas en este medio y en otros.